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Al galope

La reina Isabel II: la monarca que ‘no le mira el diente a caballo regalado’

Por Marysabel E. Huston-Crespo

(CNN) – ¿Qué le regalas a una mujer cuyo valor es aproximadamente de 500 millones de dólares y quien, según se dice, es propietaria de un sexto de la superficie terrestre del planeta?

Consejo: dale algo que esté relacionado con el deporte ecuestre.

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Dado a su conocido amor por los caballos, quizás es apropiado –algunos podrían decir que sin creatividad alguna– que la mayoría de los regalos que los líderes mundiales le dieron a la reina Isabel II el año pasado, giraran en torno a sus animales de cuatro patas favoritos.

Amantes de los perros, no lean esto… los icónicos perros de raza corgi que Su Majestad tiene como mascotas ni siquiera llamaron la atención.

Entre la lista de regalos de 2014 podemos mencionar los siguientes: una escultura de un caballo blanco montado de parte del presidente de Francia, Francois Hollande; una escultura de bronce de la cabeza de un caballo de parte del emir de Qatar; otra estatuilla de bronce de la famosa pura sangre irlandesa, Arkle, de parte del presidente de Irlanda, Michael Higgins, junto con un libro del mismo nombre.

Un fuete de doma del gobernador general de Canadá, David Johnston, y un raspador de Felsted School, en el este de Inglaterra, también pueden ser de utilidad en la granja de cría de caballos de Su Majestad, ubicada en la propiedad real de Sandringham.

Regalos peculiares

Entre los regalos más peculiares que le dieron a la reina figura un trono miniatura, de 7 pulgadas, de la serie de televisión ‘Game of Thrones‘, durante una visita que hizo a Irlanda del Norte en junio.

Sin embargo, este para nada es el regalo más extravagante otorgado a la monarca.

Durante sus 62 años de reinado, la reina ha recibido un jaguar de Brasil, dos tortugas gigantes de las islas Seychelles, un elefante de Camerún y varios caballos… en particular su querida yegua negra llamada ‘Burmese’ de parte de la Real Policía Montada de Canadá.

De hecho, la reina montó a ‘Burmese, durante 18 años consecutivos, en el desfile tradicional ‘Trooping the Color‘ y, en 2005, develó una estatua de bronce de sí misma sobre la yegua afuera del edificio legislativo de Saskatchewan en Canadá.

Pero, ¿qué pasa con todos los regalos que Su Majestad recibe durante todo el año y que no son de su gusto?

Los animales vivos se donan al zoológico de Londres, los artículos perecederos, como alimentos y flores se dan a los hospicios locales, y todos los otros regalos que no quedan en exhibición en las residencias reales se guardan en el Archivo Real en el Castillo de Windsor, le dijo un portavoz de Clarence House a CNN.

Algunos artículos incluso se dan en préstamo a las galerías, como una canoa maorí que le regaló el gobierno de Nueva Zelanda, la cual ahora está en exhibición en el Museo Británico.

‘Baby shower’

Cuando se trata de regalos reales, el bisnieto de la reina, el príncipe Jorge, rompió el récord en 2014.

Durante una gira por Australia y Nueva Zelanda con sus padres, el duque y la duquesa de Cambridge, el niño recibió una tabla de surf, una patineta, una capa de piel de zarigüeya y más juguetes que lo que otros niños podrían recibir en toda una vida de Navidades.

Oportunamente, el año anterior el príncipe Jorge también recibió un oso de peluche que lleva la misma chaqueta de seda del grupo promocional Great British Racing que usan los jockeys de la reina.

¿Acaso el joven príncipe también heredará el amor por las carreras de caballos que se ha transmitido por generaciones a través de los siglos? De hecho, según dice la leyenda, en una ocasión, la reina Victoria se entusiasmó tanto mientras veía una carrera en Ascot, que rompió la ventana del ‘Palco Real’ por ansias de ver el final.

¿El máximo regalo?

Entonces, ¿qué le podría uno regalar a la monarca que está loca por las carreras de caballos y que no se haya comprado antes?

“El máximo regalo sería una ‘propuesta’ para Galileo o para Frankel, los dos sementales más caros del mundo”, dijo Nick Attenborough de Great British Racing, acerca de la oportunidad de aparear a una yegua con algunos de los sementales más preciados del planeta.

“Una yegua que se aparee con Frankel, incluyendo una garantía de un potro vivo, tendría un costo de 125.000 libras esterlinas (187.000 dólares)”.

A ese precio, ese es un regalo apropiado para una reina.