CNNEarrow-downclosecomment-02commentglobeplaylistsearchsocial-facebooksocial-googleplussocial-instagramsocial-linkedinsocial-mailsocial-moresocial-twittersocial-whatsapp-01social-whatsapptimestamptype-audiotype-gallery
Europa

Testigos en Dinamarca: “Nos escondimos esperando a que todo pasara”

Por CNN en Español

(CNN) — Unas 30 personas se reunían para debatir sobre la blasfemia en un teatro de Copenhague. Entre los asistentes, el dibujante sueco Lars Vilks, perseguido por islamistas radicales por dibujar a Mahoma, y el Embajador francés en Dinamarca Francois Zimeray.

El público tuvo que someterse a unas medidas de seguridad similares a las que hay en un aeropuerto para acceder al acto que apenas duró unos minutos. Ya que enseguida empezaron los disparos.

Dennis Meyhoff Brink, un profesor danés explicó que escuchó unos 30 disparos alrededor de las 3:30 pm (9:30 pm ET), mientras alguien gritaba en un idioma extranjero.

En un momento, dos personas llegaron corriendo a la sala de reunión – uno de ellos sangrando por la pierna, después de haber recibido un disparo y les pidieron que se calmaran dijo Brink.

“Cundió el pánico en la sala e intentó salir corriendo” dijo Brink a CNN. Mientras unos agentes de seguridad se dirigieron a la entrada de dónde provenían los disparos, otros condujeron a los asistentes, al embajador y al caricaturista a un trastero. “Nos escondieron… y estábamos esperando lo mejor”, explicó el profesor universitario.

El atacante (que en un principio se dijo que eran dos personas) accedió al vestíbulo, pero al parecer nollegó más lejos, según la responsable del comité de defensa de Lars Vilks, Helle Merete Brix, periodista y crítica literaria. Recordó cómo un hombre “actuó muy rápidamente y con valentía” tirando a una mujer al suelo y luego poniéndose encima de ella para que no le dispararan.

Los guardaespaldas respondieron a los disparos, según explicó un policía de Copenhague.

Las sirenas de la policía empezaron a escucharse de 10 a 15 minutos después de los disparos, momento en el que, según Brink, en el interior del trastero empezaron a “sentirse más seguros”.

Para ese momento el asaltante ya había huido en un vehículo robado, que después abandonó entre dos estaciones de tren.

El debate sobre la libertad de expresión, incluso llegó a reanudarse, aunque finalmente todos los que estaban en el evento fueron llevados en autobús a la estación de policía local.