Cada año, miles de jóvenes estadounidenses viajan a las playas durante el llamado 'Spring Break', principalmente al sur de Florida y a México. (AFP/Archivo)

Nota del editor: Pepper Schwartz es profesora de sociología en la Universidad de Washington y autora de numerosos libros, el último de los cuales es "The Normal Bar". Es la embajadora de amor y relaciones para AARP y escribe la columna Naked Truth para AARP.org. También es investigadora principal de Council on Contemporary Families, una organización sin fines de lucro investiga asuntos sobre las familias estadounidenses. Las opiniones expresadas en este comentario son exclusivamente las de la autora.

(CNN) - El video viral de una supuesta violación en grupo ocurrida en Panama City Beach, Florida, durante el spring break, ha hecho que todos hablen acerca de lo grosero que fueron los espectadores que permanecieron al margen mientras se desarrollaba el supuesto incidente.

De manera previsible —y apropiadamente— existen fuertes sentimientos de preocupación acerca de tanto la indiferencia de la multitud como de la cultura de violaciones que permite que ocurran comportamientos horrendos como este. Sin duda, fue terrible... pero, personalmente, creo que todos nosotros estamos involucrados. Durante años nos hemos mantenido al margen mientras vemos cómo el spring break se han convertido en una oportunidad para tener comportamientos gregarios.

Sabemos lo que puede suceder en las fraternidades y en las fiestas en las casas, por ejemplo, cuando el evento se vuelve frenético y los cerebros confundidos por el alcohol se tornan primitivos y rapaces. Sabemos que cuando los adolescentes y los chicos de veintitantos años se van de fiesta, esos eventos donde consumen alcohol tienen una alta probabilidad de subir de tono desde el punto de vista hormonal, y el deseo puede convertirse en algo peligroso. ¿Cuántas veces hemos oído hablar de una mujer que ha perdido el conocimiento (o ha sido drogada) y violada en público? En esta época, ¿puede llegar alguien a sorprenderse por el hecho de que los espectadores borrachos pierdan su juicio y su moral rectora?

Entonces, cuando nos hacemos de la vista gorda ante las fiestas donde se consume alcohol y le dejamos el comportamiento de la playa a la muchedumbre, ¿qué creemos que va a haber? ¿Una fiesta de té?

No estoy diciendo que el spring break haga de cada hombre un violador. A la mayoría de hombres, independientemente de lo borrachos que estén, no les dan ganas de subirse a un tren de violaciones que abusa de una mujer comatosa, victimizada porque se ha desmayado o de otra forma ha quedado indefensa.

Sin embargo, por otro lado, sabemos que hay hombres que nunca aprendieron a respetar a las mujeres, que piensan que cualquier mujer que no puede protestar es "blanco de ataque" y que, en el momento de la lujuria bajo los efectos del alcohol, todas las otras reglas o emociones desaparecen.

Por qué los hombres involucrados en una violación en grupo habrían de querer revolcarse en el semen de otro hombre, por qué habrían de querer hacerlo como un espectáculo frente a la multitud y por qué una luz no alumbra a ese cerebro tan solo mínimamente intacto para recordarles que esto es un delito, es algo que no puedo explicar del todo en este espacio.

Lo que sí sé es que hemos permitido que grupos de jóvenes tomen y controlen las playas, conciertos y fiestas en las fraternidades o casas de este país, y hemos dejado que los asistentes a las fiestas se envuelvan tanto en el alcohol y en la adrenalina que ser testigos de una violación en grupo se convierte en un espectáculo interesante (y quizás erótico) en lugar de en un momento de compasión, indignación y heroísmo destinado a salvar a la víctima.

Lo que creo es que muchos espectadores ahora están fuertemente avergonzados por su comportamiento.... y por supuesto, deberían estarlo. Si efectivamente estuvieron presentes cuando ocurrió una agresión como ésta, entonces han sido cómplices de un crimen.

¿Qué pasa con el resto de nosotros?

Deberíamos considerar seriamente nuestra propia responsabilidad. Deberíamos exigir que las instituciones —ciudades, universidades, salas de conciertos y clubes— nunca dejen que estos eventos se desarrollen acompañados de un intenso consumo de alcohol. No podemos monitorear todos los eventos sociales, pero no hay razón para que no podamos demandar y hacer valer estrictas reglas sobre el consumo de alcohol cuando los eventos se llevan a cabo en espacios públicos o terrenos que son propiedad de municipios y otras instituciones.

No somos menos culpables en este horrible espectáculo. Pero podríamos hacer que fuera mucho menos probable que ocurriera si realmente nos importa y hacemos algo para cambiar las reglas, y naturaleza, de este tipo de eventos.