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Crimen

Crimen

Calificar a las personas de ‘matones’ no soluciona nada

Por CNN

(CNN) — A la luz de las agitaciones actuales en Baltimore, el escándalo de los disturbios parece ser la nueva moda.

Todo el mundo lo está haciendo, y si bien es fácil, esto nos ayuda a cambiar el tema y a ignorar los problemas más difíciles que enfrentan los afroamericanos.

Lo que está ocurriendo en esa ciudad, lo cual, por supuesto, está recibiendo la atención nacional, son las repercusiones por la muerte de Freddie Gray, de 25 años de edad, quien murió por una «lesión muy trágica en su médula espinal», según informó el comisionado adjunto de la policía de Baltimore, Jerry Rodríguez. La causa exacta de las lesiones siguen siendo objeto de investigación. El abogado de la familia Gray dijo que «un 80% de la columna vertebral del hombre de 25 años de edad sufrió lesiones graves» mientras estaba bajo custodia policial.

Las circunstancias que rodean el asesinato del hombre y la indignación pública en la comunidad negra han dado lugar a protestas pacíficas.

Y, por desgracia, aunque de manera comprensible, las cosas se han salido de control, lo que ha dado lugar a disturbios y saqueos por parte de algunos. El gobernador de Maryland, Larry Hogan, un republicano, ha declarado estado de emergencia y llamó a la Guardia Nacional; además, las escuelas de Baltimore fueron cerradas.

La gente se ha unido para condenar los disturbios, el saqueo y la violencia. Por ejemplo, la alcaldesa de Baltimore, Stephanie Rawlings-Blake, estaba frente a las cámaras el lunes por la noche y se refirió a los manifestantes como «matones».

«Lo que vemos que ocurre esta noche en nuestra ciudad es muy perturbador», dijo la alcaldesa. «Queda muy claro que existe una diferencia entre lo que vimos durante la semana pasada con las protestas pacíficas —aquellos que desean buscar la justicia, que quieren ser escuchados y recibir respuestas— y lo que vemos en esas protestas y los matones que solamente quieren incitar a la violencia y destruir nuestra ciudad».

El presidente Obama también se refirió a las personas que participan en los disturbios como «matones».

En una entrevista con Don Lemon, de CNN, el gobernador Hogan parecía canalizar su gobernador sureño interior de 1950. «Lo que ahora hemos visto son agitadores externos, pandillas y de hecho verdaderos matones como los llama la alcaldesa; ellos andan por allí amenazando a la gente, hiriendo a las personas y destruyendo la propiedad… y no toleraremos eso», dijo Hogan antes de que él y la alcaldesa Rawlings-Blake se alejaran, cuando la entrevista de Lemon al parecer se tornó un tanto complicada para ellos.

Y el senador Rand Paul, republicano por Kentucky, dijo que la violencia se debía a la «ruptura de la estructura familiar, a la falta de padres y a la falta de moral en nuestra sociedad». Añadió lo siguiente: «La alcaldesa, obviamente, podría haber sido más enérgica al decir: ‘Protegeremos la ciudad. No permitiremos el robo. No permitiremos brutalidad'». Luego, él agregó: «Nada de esto justifica la brutalidad y el robo».

Por lo general, siempre que la policía mata a una persona negra desarmada, la víctima es demonizada como un matón, al igual que los opositores y los manifestantes que reaccionan contra el asesinato.

Esto es porque los negros son vistos en su totalidad como criminales. Los blancos que protestan o hacen manifestaciones no son llamados matones, porque la palabra matón sirve como un indicador de la ‘palabra N’, ya sea que las personas que encajen en las descripciones sean negras o blancas.

«No, matones no es la palabra correcta para referirnos a nuestros hijos», le dijo Carl Stokes, miembro del Concejo de la Ciudad de Baltimore a Erin Burnett de CNN. «Estos son jóvenes que han sido aislados, marginados, quienes no han sido atraídos por nosotros».

«Pero, ¿eso de qué manera justifica lo que hicieron?», le preguntó Burnett a Stokes. Esa es una convicción de lo correcto y lo incorrecto. Ellos saben que es malo robar e incendiar un CVS y un hogar para ancianos. Quiero decir, ¡por favor!».

«¿Por favor? «Solo llámalos n****s. Solo llámalos n****s», exclamó Strokes en señal de frustración.

Pero a medida que las personas hacen fila para condenar las agitaciones y sermonear a los que llaman matones en relación a la manera en la que deberían comportarse, pocos condenan las condiciones de opresión, las políticas injustas, el racismo estructural, la brutalidad policial y la pobreza que han plagado a Baltimore durante años. Y si el saqueo del CVS te perturba más que la la presunta lesión de la columna vertebral de un hombre, entonces has perdido tu humanidad y tus prioridades no son las correctas.

«Cuando voy a Baltimore, en la Costa Este, estoy lidiando con el racismo entre blancos y negros a nivel de la década de 1950», le dijo el comisionado de Policía de Baltimore, Anthony Batts, a una fuerza policial especial de la Casa Blanca. «Esto ha retrocedido. O todo es blanco, o todo es negro, y esta situación la enfrentamos como una comunidad».

La muerte del Sr. Gray fue el punto álgido, pero hace mucho se veía venir.

Como informó el Baltimore Sun, la ciudad ha pagado cerca de 5,7 millones de dólares desde 2011 en más de 100 demandas por brutalidad policial y 5,8 millones de dólares en honorarios legales. La policía ha golpeado, mutilado y matado a sus víctimas, entre ellas niños, una mujer embarazada, un diácono de la iglesia de 65 años de edad y una abuela de 87 años de edad… en su mayoría afroamericanos.

Y como Bill Quigley escribió en el Huffington Post, las inquietantes estadísticas sobre la vida cotidiana en Baltimore son más impactantes que los acontecimientos recientes.

La tasa de pobreza es del 23,8%. Los bebés blancos nacidos en Baltimore tendrán una esperanza de vida de seis años más que la de los bebés negros. Es nueve veces más probable que los bebés negros mueran antes de su primer cumpleaños que los bebés blancos. La tasa de graduación de la escuela secundaria para las escuelas de la ciudad de Baltimore es del 56,4%.

Una vez más, las cifras son realmente inquietantes.

Mientras tanto, en medio de la rebelión urbana de Baltimore, algunas voces han mencionado al reverendo Martin Luther King Jr. y su compromiso con la estrategia de la no violencia. Sin embargo, dejan de mencionar lo que dijo el Dr. King sobre los disturbios:

«No es suficiente que esté delante de ustedes esta noche y condene los disturbios. Sería moralmente irresponsable que haga eso sin que, al mismo tiempo, condene las condiciones contingentes e intolerables que existen en nuestra sociedad. Estas condiciones son las cosas que hacen que las personas sientan que no tienen otra alternativa más que participar en rebeliones violentas para llamar la atención. Y esta noche debo decir que un disturbio es el lenguaje de los que no han sido escuchados».

John Angelos, jefe de operaciones de los Orioles de Baltimore, hizo eco a las palabras de King:

«Estoy de acuerdo en que el principio de las protestas pacíficas, no violentas y la observancia de estado de derecho es de suma importancia en cualquier sociedad. MLK, Gandhi, Mandela y todos los grandes líderes de la oposición a lo largo de la historia siempre han predicado este precepto».

Dicho esto, mi preocupación, indignación y simpatía personal no se centran en los daños contra la propiedad perpetrados en una sola noche, sino en las últimas cuatro décadas en las que una élite política estadounidense ha sacado de Baltimore y de las ciudades estadounidenses los empleos para la clase media y la clase trabajadora y los han enviado a China y a otros países, lo que ha enviado a decenas de millones de estadounidenses buenos y trabajadores directo a la devastación económica; por si fuera poco, a esa acción le ha seguido la depreciación de las protecciones de los derechos civiles de todos los estadounidenses con el propósito de controlar a una población injustamente empobrecida que vive debajo de un estándar de vida en constante declive y que sufre en el extremo más bajo de un estado de vigilancia cada vez más militarizado y agresivo.

Tenemos que tener en cuenta que las personas sufren y mueren alrededor de Estados Unidos, y aun cuando estamos agradecidos porque nadie resultó herido en Camden Yards, hay una imagen mucho más grande para los estadounidenses pobres en Baltimore y por doquier, quienes no tienen empleos y están perdiendo sus derechos económicos, civiles y legales, lo que hace que los inconvenientes en un juego de pelota se vean como algo irrelevante.

Al observar cómo se desarrollan los acontecimientos en Baltimore, de manera parecida a los de Ferguson –y en Los Ángeles hace 20 años, y ciudades como Detroit, Watts y Newark, que experimentaron las rebeliones urbanas provocadas por actos de brutalidad policial en la década de 1960–, la opción de avergonzar a los alborotadores es la salida fácil cuando nos negamos a afrontar el sufrimiento de los negros.

Está claro que no se ahorrará ningún gasto al traer el poder militar de Estados Unidos para que haga presión sobre las personas negras de Baltimore. Pero, ¿dónde estaban los recursos para eliminar la pobreza y el desempleo y terminar con la fuerza policial depredadora en la comunidad negra?