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Guatemala

Guatemala: la cruda realidad que parece ficción

Por Ana Alejos

Nota del editor: Ana Alejos, abogada y notaria guatemalteca, es presidenta Fundadora de la Fundación Denuncia Guatemala y fue candidata a diputada de la Alianza Nueva Nación por el Distrito Central en el 2007. Alejos presentó un recurso de exhibición personal para que el exsecretario privado de la Vicepresidencia Juan Carlos Monzón sea buscado en propiedades de Roxana Baldetti. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de la autora.

(CNN Español) — Al estilo de “Los Soprano” o “El Cartel de los Sapos”, la producción original guatemalteca se denomina “La Línea” y lamentablemente no es ficción, es una realidad en donde se desarrollan tramas y escándalos de supuesta defraudación aduanera y corrupción de niveles exagerados sin precedente, evidenciando a gente del sector empresarial y funcionarios de gobierno hasta llegar a la cima: la vicepresidenta Roxana Baldetti.

La corrupción en Guatemala siempre ha sido una triste realidad y un secreto a voces, sin embargo el descaro, la avaricia, la gula y los excesos fueron los pecados mortales que cometieron los funcionarios de turno, dando pie a este escándalo publicitado a nivel mundial, procurando su caída de manera estrepitosa como si hubieran estado en el pico más alto del Everest.

Se evidenciaron actos que serían ilegales en el tema aduanero y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) acertó un golpe maestro destapando la corrupción del organismo judicial.

Revelaron escuchas telefónicas de las negociaciones para liberar al grupo de los líderes de la banda “La Línea”, con la juez a cargo del caso, abogados defensores e involucrados, quienes fueron capturados, dándole un aliento de esperanza a Guatemala, energizándonos para tomar fuerzas, y dándonos una bocanada de aire para seguir y no claudicar en la defensa del país.

Una investigación del diario elPeriódico da cuenta de la existencia de mansiones, carros de lujo, yates, fincas, helicópteros, jets y lo que serían excesos desproporcionadamente abusivos, lo que para muchos han sido la constante de un gobierno que se dedicó a sangrar al pueblo de Guatemala desde que tomó posesión.

Millonarios instantáneos por arte de magia, como si las arcas del país fueran cajero automático personal, la cleptocracia en su mayor esplendor. ¿El contraste de estos excesos? Niños muriéndose de hambre, hospitales desabastecidos e infestados de cucarachas y roedores más nutridos que la población, las salas cuna de los mismos utilizando cajas de cartón para acostar a recién nacidos en el suelo, asesinatos diarios porque “no hay dinero” para más y mejores policías, desempleo, violencia imparable, escuelas que ni para un lápiz tienen e incumplimiento del Estado de Guatemala en materia de derechos humanos a nivel internacional.

Realidades paralelas dentro de un mismo país, pero con escenas que lloran sangre y desgarran el alma y el corazón de los más apáticos.

Sorprendía que ante todo esto los guatemaltecos nos mantuviéramos como hipnotizados, siendo simples espectadores, viendo pasar ante nuestra mirada escéptica toda esa suciedad, siendo abofeteados con la compra de nuevas propiedades y bienes con nuestro dinero soportando que nos pasaran por las narices la vida jet set de gente que tenía la obligación de trabajar por y para el país.

En un giro de 180 grados, los guatemaltecos despertamos con un estallido y tomamos el control del país, inundamos las calles de la capital, el interior del país y en el extranjero. Alzamos la voz al unísono, accionamos jurídicamente y les dijimos: hasta acá llegaron. Guatemala unida obligó, en contra de viento y marea, que la vicepresidenta Roxana Baldetti presentara su renuncia.

Pero aunque Baldetti había dicho que destituyó a Juan Carlos Monzón y no lo volvió a ver, la vicepresidenta se aferraba y abusaba del poder con una soberbia nunca antes vista y el presidente ante la mirada cómplice se había dedicado a ser vocero de ella y no el papel que le correspondía. Por los caprichos de aferrarse al poder combinado con los escándalos de corrupción (que no ha sido el único), el país se encuentra sumido en una crisis institucional delicada.

La renuncia de la vicepresidenta —cuyo equipo de defensa ha dicho que se está violando el debido proceso y dejando a un lado la presunción de inocencia— es un primer paso: se debe hacer justicia, Juan Carlos Monzón debe aparecer con vida y rendir cuentas y la misma Roxana Baldetti debe someterse ante los tribunales de justicia y coadyuvar al esclarecimiento de estos ilícitos.

El presidente tiene una gran responsabilidad en sus manos en estos momentos, debe nombrar una terna de acuerdo al artículo 192 de la Constitución y enviarla al Congreso para que la vicepresidenta sea sustituida. Personalmente me preocupa esta terna ya que la crisis no desaparece con la renuncia; si el presidente no es cauteloso y cuerdo con su terna, el orden constitucional podría estar en peligro y eso sería nefasto para nuestra democracia.

Para mantener la institucionalidad y fortalecer el Estado de Derecho, el presidente Pérez tiene la obligación de nombrar gente de reconocida honorabilidad, sin señalamientos por ilícitos, pero lo más importante: no pertenecer o haber pertenecido al Partido Patriota y que no haya tenido nexos laborales, de negocios o personales con el Gobierno.

Como guatemalteca, exijo el respeto y la cordura del mandatario en su terna, así como del Congreso al escoger al mejor sustituto. Guatemala necesita fortalecer sus instituciones y superar esta crisis de cara a las elecciones generales en septiembre.

La valentía de los guatemaltecos es histórica marcando un precedente: no toleraremos actos de corrupción de ningún gobierno. El poder proviene del pueblo y así lo demostramos, esto apenas comienza y no nos damos por vencidos.