Un cubano saluda desde su balcón decorado con las banderas de Cuba y Estados Unidos en La Habana el 16 de enero de 2015 (Crédito: YAMIL LAGE/AFP/Getty Images)
Un cubano saluda desde su balcón decorado con las banderas de Cuba y Estados Unidos en La Habana el 16 de enero de 2015 (Crédito: YAMIL LAGE/AFP/Getty Images/imagen de archivo)

Nota del Editor: Jorge Gómez Barata es columnista, periodista y exfuncionario del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y exvicepresidente de la Agencia de noticias Prensa Latina. Las opiniones expresadas en este texto corresponden exclusivamente al autor.

Este 20 de julio quedan oficialmente restablecidas las relaciones diplomáticas entre Cuba y EE.UU., rotas el 3 de enero de 1961. El acontecimiento queda coronado por el izamiento de la bandera en Washington.

La estadounidense en La Habana deberá esperar por una ceremonia formal a la que asistirá el secretario de Estado, John Kerry. Para los entusiastas se trata de un paso trascendental, mientras que para desconfiados y pesimistas de uno u otro lado, no pasa de ser una formalidad.

El 20 de junio de 1898, durante el desembarcó de la II División de Infantería, al mando del general Henry Lawton, por primera vez, de modo oficial, una bandera de EE.UU. ondeó en Cuba. El acontecimiento tuvo lugar en la playa de Daiquirí, en las inmediaciones de Santiago de Cuba, a unos 1000 kilómetros de la capital.

Así comenzó la Guerra Hispanoamericana, que curiosamente no se libró en España ni en EE.UU., sino en Cuba, las Filipinas y Puerto Rico, y que concluyó el 12 de agosto de 1898 con el Tratado de París.

Entonces Cuba quedó en una especie de limbo: no era colonia de España, pero tampoco un país independiente. La Isla fue ocupada militarmente y su administración quedó a cargo de un gobernador estadounidense

Esa situación se prolongó hasta 1902, cuando tras adoptar una constitución y celebrar elecciones presidenciales, el 20 de mayo de aquel año, exactamente al mediodía, tuvo lugar la ceremonia de traspaso del poder.

En el evento hubo discursos del presidente de la República de Cuba y del gobernador estadounidense, y a los acordes de los himnos de Estados Unidos y Cuba, dos sargentos estadounidenses, E.J. Kelly y Frank Wundrock, arriaron la enseña de EE.UU. e izaron la de Cuba. Concluido el acto, el gobernador Leonardo Wood abordó el acorazado Brooklyn y regresó a su país.

Otra vez, el 3 de enero de 1961, con la ruptura de relaciones diplomáticas fueron arriadas las banderas estadounidense y cubana en las respectivas embajadas. No consta que entonces hubiera ceremonia ni discursos. No había nada que festejar.

Este 20 de julio, tras 52 años de pertinaz hostilidad, como resultado de intensas y dilatadas negociaciones que culminaron el 17 de diciembre, cuando los presidentes Barack Obama y Raúl Castro anunciaron el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y expresaron la determinación de normalizar los vínculos entre ambos países; se cerrará un viejo capítulo, en el cual prevaleció la incomunicación más completa.

De ese modo, automáticamente, se modifica el rango de las actuales secciones de intereses en La Habana y Washington. Nuevamente en el Malecón habanero, la principal avenida de Cuba, y en la calle 16 de Washington, ondearán las banderas de dos países a los cuales la geografía une y la política ha separado.

Afortunadamente, las decisiones adoptadas tienen lugar cuando Cuba se adentra en una profunda reforma económica, que no puede dejar de implicar otras áreas de la vida y la actividad social.

Soy de los que cree que aunque falta mucho camino por recorrer hasta que las relaciones se normalicen plenamente, es posible que se abra el análisis de la devolución de la base naval de Guantánamo y que otros asuntos de capital importancia alcancen un nivel razonable.

Existen excelentes condiciones para avanzar y llegar a un estatus en el cual la convivencia sea posible, y se realicen plenamente las relaciones pueblo a pueblo.

Para quienes asuman esas tareas, buena suerte. Muchos les desean éxitos y muchos más, quienes las necesitan. Allá nos vemos.

Soy de los que cree que aunque falta mucho camino por recorrer hasta que las relaciones se normalicen plenamente, se abra el análisis en torno a la devolución de la base naval de Guantánamo y que otros asuntos de capital importancia alcancen un nivel razonable

Jorge Gómez Barata