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Noticias de EE.UU.

70 aniversario de Hiroshima: lo que Obama debería decir

Por CNN

Nota del editor: Ira Helfand es copresidente de la Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear (IPPNW, por sus siglas en inglés) y expresidente de la filial en Estados Unidos de la IPPNW, Physicians for Social Responsibility (Médicos por la Responsabilidad Social). La IPPNW recibió el premio Nobel en 1985. Las opiniones expresadas son exclusivamente las del autor.

(CNN)– El jueves se celebra el aniversario número 70 del primer uso de armas atómicas, cuando las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki fueron impactadas por bombas atómicas que, a la larga, cobraron cientos de miles de vidas, y dejaron decenas de miles más que resultaron heridos y sufrieron los efectos de la radiación.

En el 2009, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ofreció un discurso importante en Praga, donde se enfocó detalladamente en la amenaza nuclear en curso y en la existencia continua de armamento nuclear, lo cual describió como «el legado más peligroso de la Guerra Fría».

Si nos trasladamos hasta el día de hoy, es tiempo de que el presidente hable nuevamente acerca de este asunto. Esto es lo que debería decir el 6 de agosto:

«Hace 70 años, en Hiroshima y Nagasaki, aprendimos sobre la increíble destrucción que las armas nucleares pueden causar. Setenta años. La Biblia dice que ese es el lapso de la vida humana. Y también es la era de un mito peligroso que no se debería permitir que perdure durante más tiempo».

«Durante 70 años, nos hemos dicho que las armas nucleares nos protegen. Pero es tiempo de rechazar esta fantasía y reconocer que las armas nucleares son, de hecho, la primera amenaza contra nuestra seguridad… que lejos de protegernos, representan una amenaza existencial para nuestra civilización y, quizás, para nuestra sobrevivencia como especie».

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«Es fácil entender por qué pensábamos que estas armas nos protegerían. Durante la mayor parte de la historia humana estábamos más seguros si teníamos armas más poderosas que nuestros posibles enemigos. Pero como tan elocuentemente lo dijo Einstein: las armas nucleares lo han cambiado todo, excepto la forma en la que pensamos. Si el uso de nuestras propias armas nos destruirá, entonces estas realmente ya no son representativas de nuestra seguridad. Y esa es la realidad que debemos enfrentar: nuestras armas nucleares son, esencialmente, bombas suicidas.

«En los últimos años, los científicos del clima y los médicos han demostrado que una guerra nuclear a gran escala entre Estados Unidos y Rusia bajaría las temperaturas a través de todo el planeta a niveles que no se han visto desde la última Edad de Hielo, y mataría a gran parte de la raza humana en el proceso. Mientras tanto, la crisis en Ucrania ha elevado el peligro de tal guerra hasta el nivel más alto desde el fin de la Guerra Fría. De hecho, incluso una guerra nuclear muy limitada, como la que podría llevarse a cabo entre India y Pakistán y en la que podría usarse menos del 0,5% de los arsenales nucleares del mundo, podría causar suficiente enfriamiento como para deteriorar la agricultura a lo largo de todo el mundo y desencadenar una hambruna mundial que podría matar hasta 2.000 millones de personas. Los misiles en solo uno de nuestros submarinos Trident también podrían producir una catástrofe; tenemos 14 de ellos».

«Algunos argumentan que debido a que estas armas son tan destructivas nunca serán utilizadas. Pero tal autocomplacencia está fuera de lugar. Durante la crisis de los misiles en Cuba, Estados Unidos y la Unión Soviética llegaron a estar peligrosamente cerca de utilizarlos. Por lo menos en cinco ocasiones desde ese entonces, fallos informáticos y errores de cálculo han llevado a Estados Unidos o a Rusia a prepararse para lanzar un ataque nuclear con la creencia errónea de que la otra parte ya lo había hecho. Ahora, los líderes militares nos dicen que existe la posibilidad de que un terrorista pueda introducirse en nuestros sistemas de mando y posiblemente provocar el lanzamiento no autorizado de un misil nuclear.

«Hemos sido increíblemente afortunados. Nuestra política nuclear actual es esencialmente la esperanza de que nuestra buena suerte continuará. Esta política debe cambiar».

«Más de 100 estados que no poseen armas nucleares se han comprometido en un tratado para prohibir la posesión de armas nucleares como una forma de presionar a los nueve países que tienen este tipo de armas a fin de que las eliminen. Estados Unidos abrazará este esfuerzo y trabajará para que tenga éxito».

«Pero no podemos llevar a cabo el desarme solos; tenemos que hacerlo en conjunto con todos los demás estados con armas nucleares y como parte de un proceso controlado, verificable y exigible. Sin embargo, podemos proporcionar el liderazgo para este proceso».

«El Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas ha establecido que podríamos reducir unilateralmente nuestro arsenal nuclear desplegado de 1.550 ojivas nucleares a 900 sin comprometer nuestra seguridad nacional. Yo no voy a hacer eso, pero voy a reducir nuestro arsenal en 100 ojivas nucleares y desafiar al presidente Putin para que iguale esa reducción. Si lo hace, voy a emprender nuevas reducciones, siempre y cuando Rusia las iguale, hasta que nuestros arsenales se reduzcan hasta el nivel de las otras grandes potencias nucleares. En ese momento, trabajaré con todos ellos para negociar un tratado que establezca el marco para la eliminación del resto de las armas nucleares del mundo.

«Mientras reducimos el tamaño de nuestro arsenal nuclear, me encargaré de que el resto de nuestras armas queden fuera de un extremo estado de alerta, prologando el tiempo que se requiere para lanzarlas y reduciendo el peligro de que sean lanzadas por accidente o por un terrorista cibernético».

«Rusia puede o no unirse a este esfuerzo, pero no lo sabremos si no lo intentamos, y eso es lo que una gran nación como Estados Unidos debería hacer. Algunos dicen que es una fantasía pensar que podemos deshacernos de las armas nucleares. Yo creo que es una fantasía pensar que podemos seguir manteniendo estos vastos arsenales nucleares y no ver que estas terribles armas sean utilizadas».

«En Praga, en el 2009, dije que yo buscaba la seguridad de un mundo libre de armas nucleares, pero eso podría no suceder durante el tiempo que yo viva. Espero haber estado equivocado. Nadie sabe a ciencia cierta cuánto tiempo vivirá, pero todavía me faltan 16 años para llegar a los 70 y simplemente no podemos tolerar esta amenaza a nuestra sobrevivencia durante tanto tiempo. Tenemos que cambiar nuestra forma de pensar y nuestras acciones deben reflejar el verdadero peligro que representan las armas nucleares, no algún mito que nos hace sentirnos seguros».