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Historia

Un triciclo y un niño quemado: las desgarradoras historias luego de la bomba atómica

Por Thom Patterson

(CNN) — Un triciclo destrozado. Monedas derretidas. Una camisa rasgada. Han pasado 70 años, pero los artefactos y los sobrevivientes aún proporcionan vínculos tangibles con el primer acto de guerra nuclear del mundo.

El mundo sigue luchando por comprender plenamente los horrorosos eventos que ocurrieron en Hiroshima, Japón, el 6 de agosto de 1945, luego de que un avión de guerra estadounidense dejara caer la bomba más poderosa jamás producida, sobre objetivos militares y civiles desprevenidos.

Quienes sobrevivieron dicen que todo empezó con un destello brillante y silencioso. Recuerdan una enorme ola de intenso calor que convirtió sus ropas en harapos. Las personas que estaban más cerca de la bomba inmediatamente fueron vaporizadas o fueron quemadas hasta convertirse en cenizas. Hubo un estruendo ensordecedor y una explosión que —para algunos— dio la sensación de ser apuñalados con cientos de agujas.

Luego empezaron los incendios. Tornados de llamas recorrieron la ciudad. Muchos sobrevivientes se vieron cubiertos de ampollas. Cuerpos cubrían las calles.

La situación empeoró. Comenzó a llover. Gotas de lluvia pegajosas y radioactivas ennegrecieron todo lo que tocaban y eran difíciles de lavar.

Se cree que al menos 70.000 personas murieron en las horas inmediatamente después de la explosión. Más adelante, la radiotoxemia, el cáncer y otros efectos a largo plazo elevaron el total de muertes por encima de las 200.000 personas, según el Departamento de Energía de Estados Unidos.

Sin embargo, muchos sobrevivieron y aún viven. Hasta marzo de 2014, Japón contó 192.719 personas como sobrevivientes registrados, según la cadena de noticias Asahi. El Hiroshima Peace Memorial Museum ha recolectado miles de historias de sobrevivientes y sus dibujos, junto a artefactos de la explosión.

Dibujos

Los dibujos muestran recuerdos inquietantes. En un dibujo, una madre grita el nombre de su hijo mientras observa un río lleno de niños muertos.

Otra imagen muestra a un par de estudiantes con sus rostros hinchados y de color azul.

Un éxodo de sobrevivientes heridos es representado en otro dibujo. Se ve cómo caminan por las vías férreas como si se tratara de ganado.

Cada dibujo revela vistazos de ese horrendo día, reflejados a través del prisma de la lucha personal de un sobreviviente por permanecer con vida.

Hideo Kimura estaba en la escuela; varios de sus compañeros murieron aplastados o cayeron al río tras sufrir quemaduras por la bomba.

Hideo Kimura estaba en la escuela; varios de sus compañeros murieron aplastados o cayeron al río tras sufrir quemaduras por la bomba.

Artefactos

Los artefactos van desde lo conmovedor hasta lo extraño: una ennegrecida muñeca de Shirley Temple que fue adquirida en Estados Unidos, un conjunto de monedas fundidas por el intenso calor de la explosión.

La historia detrás de un artefacto fue publicada como libro para niños por el sobreviviente Tatsuharu Kodama en 1995. «Shin’s Tricycle» cuenta lo que le sucedió a un niño de 3 años llamado Shinichi Tetsutani.

La historia es narrada por el padre de Shin, Nobuo Tetsunani, quien describe la mañana poco antes del ataque como un día tranquilo y soleado. «El aire estaba lleno de los sonidos característicos de las cigarras que frotaban sus patas en los árboles cercanos», dice el libro.

Shin y su mejor amiga, una niña llamada Kimi, se encontraban afuera de la casa de la familia, jugando con su juguete favorito: un triciclo con manillares rojos.

A las 8:15 a.m., la bomba detonó. Y todo cambió.

Setenta años después de que EE.UU. lanzara una bomba atómica sobre Hiroshima, Japón, este pequeño triciclo permanece como una reliquia que recuerda la amarga memoria de los horrores de la guerra. "El triciclo de Shin" hace parte del libro para niños publicado por Tatsuharu Kodama, un sobreviviente de la bomba. Su dueño era un pequeño de 3 años que murió en el ataque. Su padre lo enterró con este, su juguete favorito. Este y otros artefactos están preservados en el Museo conmemorativo de la paz en Hiroshima.

El estallido destruyó la casa, lo que creó «una explosión tan terrible y un destello tan brillante que era cegador. Pensé que había sido el fin del mundo», dijo el papá del niño en el libro. «Entonces, rápidamente, todo se puso negro».

Shin desapareció en el caos inmediatamente después del ataque. Su familia lo buscó frenéticamente entre los escombros de su hogar destruido. Encontraron a Shin atrapado bajo una viga de la casa, gravemente herido. «Le sangraba el rostro y estaba hinchado», lee el libro. «Estaba demasiado débil como para hablar, pero su mano aún sostenía el manillar de su triciclo. Kimi ya no estaba, había desaparecido en algún lugar debajo de la casa».

La familia se unió a otros sobrevivientes a lo largo de la orilla de un río cercano. «Era una escena horrible», dice el libro. «Todos estaban quemados, lloraban y pedían agua a gritos».

«‘Agua, quiero agua’, suplicaba Shin con voz débil. Quería ayudarlo tanto», dijo su padre en el libro.

«A mi alrededor, las personas morían cuando bebían agua», dijo el padre de Shin. «Por eso no me atreví a darle agua».

Shin murió esa noche.

Luego de la muerte de su hijo, el padre de Shin no soportó la idea de dejar el cuerpo del niño en un cementerio solitario. Por lo tanto, la familia enterró a Shin en su jardín trasero, junto con su amiga Kimi y su querido triciclo.

Dibujos de los sobrevivientes sobre los recuerdos de aquél trágico día.

Dibujos de los sobrevivientes sobre los recuerdos de aquél trágico día.

En 1985, 40 años después, el padre de Shin decidió trasladar los restos de su hijo al cementerio de la familia. Él y la madre de Kimi ayudaron a desenterrar la tumba del jardín. Ahí, según el libro, vieron «los pequeños huesos blancos de Kimi y Shin, de la mano como los habíamos colocado».

El padre de Shin se había olvidado acerca del triciclo. Pero ahí estaba.

Cuando lo sacó de la tumba, dijo «Esto nunca debería sucederle a los niños. El mundo debería ser un lugar tranquilo donde los niños pueden jugar y reír».

Al día siguiente, el padre de Shin donó el triciclo al museo.

Ahí, el legado de un niño de 3 años le sigue recordando a las generaciones futuras sobre los horrores de la destrucción nuclear.