(Crédito: BRENDAN SMIALOWSKI/AFP/Getty Images)

Nota del editor: En 2001, Adolfo A. Franco fue administrador asistente de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional con el cargo de gestionar la ayuda exterior a América Latina y Cuba. Antes había ocupado la posición de consejero del Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes dirigida por el congresista republicano Henry J. Hyde. También fue asesor y portavoz de las campañas presidenciales del senador John McCain en 2008 y del gobernador Mitt Romney en 2012. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

El 3 de enero de 1961, el presidente Dwight Eisenhower rompió relaciones diplomáticas con Cuba, señalando que "el pueblo de Cuba estaba sufriendo bajo el yugo de un dictador". Poco después, el presidente John F. Kennedy reafirmó la decisión del presidente Eisenhower e impuso un embargo económico a Cuba en respuesta al establecimiento de un Estado policial por el dictador Fidel Castro y denunció el uso del terror y detenciones en masa para eliminar la libre expresión. Estos hechos por los presidentes Eisenhower y Kennedy representan perfiles de coraje (Profiles in Courage, libro de biografías cortas escrito por Kennedy con el que ganó el premio Pulitzer).

Ocho presidentes sucesivos, tanto demócratas como republicanos, se negaron a premiar a la dictadura ilegítima de los Castro, el reconocimiento diplomático que ha buscado la dictadura durante mucho tiempo. Incluso después del fin de la Guerra Fría, el presidente Bill Clinton firmó la ley “Helms-Burton” reafirmando el embargo económico y subrayando que el reconocimiento diplomático sólo debe tener lugar cuando Cuba tuviera un gobierno elegido democráticamente, los presos políticos fueran liberados, y la libertad de expresión y de prensa sean garantizadas para todos los cubanos. Esto también constituye un perfil de coraje.

Sin embargo, el 17 de diciembre de 2014, el presidente Barack Obama rompió con sus predecesores y la con política de Estados Unidos establecida para negarle a este Estado policial los recursos y el reconocimiento internacional que necesita desesperadamente para sobrevivir.

La apertura esta semana de una Embajada de Estados Unidos en La Habana presenciada por el secretario de Estado John Kerry representa el abandono y una traición a la creciente pero reprimida oposición democrática dentro de Cuba.

Mientras que el presidente Obama le extendía una mano de amistad a los secuaces ilegítimos y no electos de Cuba, decenas disidentes cubanos fueron brutalmente golpeados y encarcelados por simplemente expresar opiniones diferentes a la de la propaganda del Partido Comunista, lo que constituye "peligrosidad" bajo la ley cubana. Para colmo de males, aunque el régimen ha brindado apoyo activo a terroristas, el Departamento de Estado ha eliminado a Cuba de su lista de estados patrocinadores del terrorismo.

La reapertura de la embajada en Cuba no sólo coloca a EE.UU. en el lado equivocado de la historia, sino también premia una brutal dictadura que sólo se ha vuelto más opresiva desde que comenzaron los enlaces de amistad del presidente Obama.

El reconocimiento de este régimen por la administración de Obama será considerada por otras dictaduras a través del mundo como luz verde para intensificar con impunidad su represión y las violaciones de derechos humanos.

El presidente Kennedy mostró el coraje y la convicción moral de imponer un embargo económico y político hacia Cuba, una posición fundada en principios morales y democráticos que fue continuada por todos sus sucesores. Por desgracia, en lugar de enfrentarse a la misma dictadura y a los hermanos Castro, el presidente Obama ha optado por una política de apaciguamiento.

Lamentablemente, como se demostró trágicamente en la década de 1930, las ilusiones y apretones de mano con los tiranos siempre resultan en tragedia (a pesar de los Acuerdos de Múnich de 1938 entre Mussolini, Chamberlain, Daladier y Hitler, la Alemania nazi invadió Chacoslovaquia y luego Polonia en 1939, lo que es considerado el prólogo bélico de la Segunda Guerra Mundial).

El legado de Obama tendrá un alto costo para la causa de la libertad en Cuba y la postura histórica de Estados Unidos de luchar por la democracia. Por desgracia, la política de Barack Obama hacia Cuba representa un perfil de apaciguamiento.

La reapertura de la embajada en Cuba no sólo coloca a EE.UU. en el lado equivocado de la historia, sino también premia una brutal dictadura que sólo se ha vuelto más opresiva desde que comenzaron los enlaces de amistad del presidente Obama.

Adolfo A. Franco