El presidente Raúl Castro y Barack Obama posan para las cámaras luego de una reunión bilateral durante la Asamblea Nacional de la ONU. (Crédito: Anthony Behar-Pool/Getty Images)

Nota del Editor: Jorge Gómez Barata es columnista, periodista y exfuncionario del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y exvicepresidente de la Agencia de noticias Prensa Latina. Las opiniones expresadas en este texto corresponden exclusivamente al autor.

Tomando como referencia los 239 años transcurridos desde la Declaración de Independencia, o los 113 de existencia de la República cubana, las relaciones entre los Estados Unidos y la isla han sido un vía crucis político que, felizmente, no ha conducido al calvario, sino a una zona de encuentro y a una oportunidad única.

El inicio del proceso de normalización entre Estados Unidos y Cuba no sólo puede poner fin a 56 años de abierta hostilidad, sino a dos siglos y medio de equívocos y desencuentros, en los cuales la anexión de Cuba fue una opción, la ocupación por tropas norteamericanas un hecho, y la Enmienda Platt una arbitrariedad que cercenó la independencia de Cuba, convirtiéndola en una virtual factoría.

Este curso que unos atribuyen a debilidades del presidente Barack Obama, otros a la resistencia de Cuba, algunos a los talentos de ambos mandatarios y a la habilidad de sus equipos negociadores, no cambiará las esencias del sistema político cubano, pero puede contribuir a crear un clima en el cual el socialismo de economía mixta, e instituciones democráticas sólidamente establecidas y eficientes, sea una realidad. Sin bloqueo Cuba mejora todas sus opciones.

En verdad todo eso, que es académicamente significativo, también es historia. Lo importante, sobre todo para Cuba, ubicada en el lado más débil de la cuerda, es que se han abierto oportunidades que nunca antes habían existido, y que deben ser aprovechadas al máximo.

Todos los autores, cubanos o extranjeros, liberales o marxistas, pronorteamericanos o antimperialistas, investigadores, académicos, periodistas o políticos, comenzando por José Martí y terminando en Fidel Castro, asumen que por razones geopolíticas y por vínculos económicos y culturales imposibles de deshacer, la historia de Cuba y su desempeño pasado y futuro está ligada a Estados Unidos.

Algunos han llamado a esa realidad “fatalismo geográfico”, otros la consideran una feliz casualidad, para unos y otros ha significado un entuerto, que al margen de cualquier otra consideración, la nación cubana necesita resolver, empeño del cual nunca ha estado más cerca.

Las administraciones de los presidentes Barack Obama y Raúl Castro tratan de “normalizar” las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba, algo que más que reconstruir tienen que crear, porque nunca antes existió. Ningún país tiene una relación “normal” con Estados Unidos, cuyo status económico, político y militar crea asimetrías que, de alguna manera, son anomalías a las que ni siquiera China, Rusia, Europa y Japón se sustraen.

Aunque no se trate de una carrera contra el reloj, es preciso aprovechar las oportunidades que brindan la única administración y el único presidente norteamericano, que, por las razones que sean, enfocan la confrontación entre ambos países sin tratar de estrangular al pueblo cubano. A esa administración le queda en el poder año y medio, y luego hay un enigma que puede convertirse en un paréntesis. En la lógica del presidente Raúl Castro lo que hay que hacer es consolidar cada conquista y avanzar.

Que un presidente cubano socialista y de apellido Castro, y uno norteamericano, se encontraran y dialogaran sobre los problemas bilaterales fundamentales y estuvieran de acuerdo en asuntos altamente problemáticos, e incluso identificaran áreas en las cuales la colaboración mutua es posible, se ha logrado. Nada de lo que queda por resolver es tan difícil. El bloqueo terminará, y la zona de Guantánamo mal arrendada, regresará. Es cuestión de tiempo, firmeza y talento.

Lo importante ahora no es hurgar para encontrar motivos de desavenencias sino hacer lo contrario, y en lugar de buscar obstáculos, encontrar oportunidades. Ellos lo harán a su aire y los cubanos al suyo. Lo importante es avanzar. Hace poco parecía imposible, mañana puede ser más difícil. Es ahora.

Aunque no se trate de una carrera contra el reloj, es preciso aprovechar las oportunidades que brindan la única administración y el único presidente norteamericano, que, por las razones que sean, enfocan la confrontación entre ambos países sin tratar de estrangular al pueblo cubano.

Jorge Gómez Barata