Nota del editor: Camilo Egaña es el conductor de Encuentro. Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor.

(CNN Español) - Pese a lo que voy a reseñar enseguida, esta parcela de opinión se la dedico a Lola, a Lucas y a todos los perros que me han acompañado.

“Un caballo adulto o un perro es, más allá de toda comparación, un animal más racional y más comunicativo que un niño de un día, o de una semana, o incluso de un mes. Pero incluso suponiendo que fuese de otra forma, ¿qué importaría? La cuestión no es si los animales pueden razonar ni tampoco si pueden hablar, sino si pueden sufrir”. Eso lo dejó escrito en 1789 el filósofo inglés Jeremy Bentham.

Y lo ha recordado ahora en su columna de la revista XL Semanal el escritor español José Manuel de Prada: un señor que desde la elegancia literaria ametralla a los hipócritas y a los tontos de un modo que los hipócritas y los tontos deberían agradecer.

Si le cito no es para “vestir” mi letrilla —que siempre va bien ligerita de ropa y de otras cargas—; le cito porque de Prada ha criticado, como me hubiera gustado a mí hacerlo, ese afán de muchos en igualar los seres humanos a sus mascotas.

Inclúyase entre ellos, y sobre todo, a ciertos defensores de los animales que a mí se me parecen demasiado a los legionarios romanos por el ímpetu con que defienden sus puntos de vista. Son los que pusieron el grito en el cielo en 2009, cuando el presidente Barack Obama mató una mosca durante una entrevista en televisión. Son los que sostienen sin inmutarse que su gato es más leal que su hijo mayor. Son como cierta colega que durante un viaje de trabajo al Vaticano estaba empeñada en que el papa Juan Pablo II le dijera que los perros también tenían alma…

De la Prada, que da miedo de lo lúcido que es, cree por ejemplo que “por miedo a defender la existencia del alma se ha perdido la batalla contra el aborto”, y sostiene que ante los animales no se trata de discernir “si el sufrimiento tal como humanamente lo entendemos se puede experimentar en igual grado sin conciencia racional” (porque) el dolor de un perro “en nada se parece al sufrimiento del hombre, que hace del dolor una experiencia moral”.

Más claro, que sobredimensionar el respeto que le debemos a un animal podría resultar, además de ridículo, peligroso porque, sostiene de Prada, “cuando esa singularidad que existe entre el hombre y el resto de criaturas se elude o escamotea es imposible defender cabalmente ciertas causas”… Como el respeto auténtico e irrestricto a todos los seres humanos, sean como sean.

De Prada ha criticado, como me hubiera gustado a mí hacerlo, ese afán de muchos en igualar los seres humanos a sus mascotas.

Camilo Egaña