(CNN)– Ella era una actriz glamorosa de Hollywood que romanceó con Clark Gable, Spencer Tracy y Jimmy Stewart en pantalla y fue aclamada como "la mujer más bella del mundo".

Pero Hedy Lamarr estaba aburrida.

Así que en una vida privada más convincente que algunas de sus películas, ella soñó maneras de luchar contra los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y obtuvo una patente para una idea que sentó las bases para tecnologías modernas como el Bluetooth, GPS y Wi-Fi.

En el 101 aniversario de su nacimiento, Google homenajeó a Lamarr este lunes con un doodle. El clip es un homenaje a su notable doble carrera -actriz de día, inventora de noche- y presenta a la fallecida estrella a una nueva generación en un momento en que los campos de ciencia y tecnología están luchando para atraer a las mujeres.

Nacida como Hedwig Eva Maria Kiesler en Austria, Lamarr comenzó a trabajar como actriz en Europa cuando era adolescente y escandalizó al público en la película checa Éxtasis, en la que la cámara permanecía en su rostro mientras su personaje tenía un orgasmo.

Huyó de un matrimonio abusivo a finales de 1930 y llegó a Hollywood, donde cambió su nombre por el de Hedy Lamarr, firmó un contrato con MGM y tuvo muchos papeles como una seductora exótica.

Lamarr apareció en la gran pantalla con regularidad durante todo el decenio de 1940, sobre todo frente a Victor Mature en Sansón y Dalila, de Cecil B. DeMille. Pero se cansó de los roles de mujer fatal que no exhibían su inteligencia.

"Cualquier chica puede ser glamorosa. Todo lo que tienes que hacer es quedarte quieta y parecer estúpida", fue una de sus frases más famosas.

Así que durante la Segunda Guerra Mundial, Lamarr dio rienda suelta a su interés por la ciencia y la tecnología militar -adquirido en parte a través de su primer matrimonio, con un traficante de armas- para ayudar a diseñar un sistema para evitar que los nazis bloquearan las señales de torpedos aliados controlados por radio. Ella se asoció con su vecino el compositor George Antheil, para crear un sistema de salto de frecuencia, sobre la base de las 88 teclas del piano, que impediría a los enemigos detectar los mensajes de radio.

Ellos recibieron una patente para su idea, aunque las limitaciones para la tecnología en el momento le impidieron implementarla hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Aún así, su sistema podría finalmente formar una base para la tecnología de comunicación inalámbrica moderna, y Lamarr y Antheil fueron incluidos en el Salón de la Fama de Inventores en 2014.