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Política

Los tatuajes no son lo más interesante sobre este alcalde de un pueblo en EE.UU.

Por Jeff Simon

BRADDOCK, Pensilvania (CNN) — El amplio ático es una antigua concesionaria de autos… todo en Braddock anteriormente fue algo más.

Las ventanas ofrecen una vista de la primera fábrica de acero de Andrew Carnegie… aún en funcionamiento. Pero la población al lado de la fábrica, Braddock, Pensilvania, de 2.150 habitantes, es mucho más pequeña de lo que solía ser.

El alcalde, John Fetterman, no es pequeño. Con una altura de 2,07 metros y 145 kilos, se acomoda en uno de sus sofás rústicos de cuero para una reunión con tres líderes locales.

Un día a finales de octubre, mucho antes de que los refugiados se volvieran el tema controvertido del día, Fetterman y los tres invitados pasaron más de una hora discutiendo sobre cómo ayudar a los sirios a buscar refugio en la comunidad de Pittsburgh. A medida que terminaban la reunión, la charla se volcó hacia la campaña de Fetterman para lograr un escaño en el Senado de Estados Unidos, que en ese entonces llevaba seis semanas. Uno de los invitados le dice a Fetterman que le sería más fácil lograr hacer las cosas en Braddock, que como senador en Washington.

“Eso es cierto”.

También es cierto que él es un candidato improbable en el concurrido campo de la nominación demócrata. Eso no ha impedido que los medios de comunicación le presten atención al descomunal alcalde con cabeza calva, barba de candado y tatuajes, quien encaja en Braddock pero llamaría la atención en Washington. Luego de seguirlo alrededor de la ciudad natal que adoptó, es un poco difícil entender por qué querría eso.

‘Eso me da cuerda’

El Ford F-150 de Fetterman se detiene en la puerta trasera de envío y recepción de mercadería de Costco en su vecina Homestead. Él hace esto al menos cuatro veces por semana, así que cuando oprime el botón de llamado que está en una caja cerca de la puerta, un empleado la abre y lo invita a pasar. Pronto, otro empleado empuja una carreta con varias cajas de alimentos frescos y con la ayuda de Fetterman empieza a subirla en la palangana de su camioneta.

Los alimentos son gratuitos, y aunque no son considerados aptos para la venta por una u otra razón corporativa, aún siguen siendo perfectamente seguros para el consumo, y Fetterman sabe eso porque él pasará los próximos días entregándoselos personalmente a los residentes de su ciudad. Su iPhone timbra y unos momentos después dice: “Eso fue sobre una entrega de alimentos”.

Minutos más tarde, Fetterman está apilando varios kilos de piernas de pollo y macarrones con queso en los brazos de una mujer de mediana edad y su hija.

“Esa es la mejor parte de mi trabajo”, dice, mientras conduce y se aleja del lugar. “Poder hacer eso me da cuerda”.

Cuando Fetterman se sienta a hablar conmigo, él coloca sus palmas hacia arriba y quedan a la vista los tatuajes que tiene a lo largo de sus brazos… por si no los habías notado antes. Su brazo izquierdo está estampado con los números 15104… el código postal de Braddock. Sobre su brazo derecho, tiene la fecha de nueve homicidios perpetrados en el pequeño municipio desde que Fetterman asumió el cargo en el 2005.

Fetterman no usa camisas de manga larga. De hecho, es difícil encontrar una foto en la que aparezca con otra camisa que no sea una camisa de manga corta con botones y pantalones cortos tipo cargo.

Fetterman tiene el código postal de Braddock tatuado en su brazo.

“Yo no tengo un traje o una corbata, pero eso no quiere decir que se trate de rebelión o algo parecido”, dice. “Es por respeto a mi comunidad, es por respeto a lo que hay al otro lado de la calle, en términos de la fábrica”.

“Esta ciudad surgió del sacrificio y ha aportado mucho, y casi se quedó sin cosas para dar”.

Así que Fetterman da su tiempo y energía a Braddock, a más o menos 15 minutos de Pittsburgh, y es difícil imaginar que alguien más haga de lo que él hace por la comunidad.

Al conducir por el vecindario donde ocurrió el último homicidio de Braddock —un apuñalamiento luego de una discusión doméstica en junio— Fetterman ve a un hombre al otro lado de la calle y abre la ventana.

“Vives en la segunda calle, ¿cierto?”, pregunta. La madre del hombre vive en la cuarta calle.

“Sí, dejé una nota allí… puedo conectarle el gas nuevamente”.

Resulta que él puede hacer eso debido a un acuerdo de un año con la compañía de gas. People’s Natural Gas le dio una lista de las casas de Braddock a las que se les desconectó el servicio de gas y él tocó puerta a puerta para preguntarles a los dueños de las casas al respecto. Originalmente había casi tres docenas de casas en la lista; Fetterman acababa de bajar la lista a una.

Una larga historia

En muchos sentidos, Braddock ayudó a construir a Estados Unidos. Edgar Thomson Steel Works abrió aquí en 1872, lanzando la red de fábricas de acero de Andrew Carnegie y estableciendo a Carnegie en un camino hacia una enorme riqueza sin precedentes.

Dieciocho años más tarde, la primera biblioteca Carnegie de Estados Unidos abrió en Braddock. Casi 1.700 la seguirían.

En la década de 1920, conforme la industria del acero alcanzaba su auge y Estados Unidos construía, la población de Braddock aumentó a más de 20.000, antes de caer en picada década tras década a 12.000 en 1960.

“Cuando crecía aquí en los años 50 y 60, toda esta avenida Braddock estaba llena de negocios, salas de cine y restaurantes y todo lo que se te ocurra”, dice la residente Braddock, Pat Morgan. “No tenías que ir a ningún otro lugar para nada”.

El antiguo molino de acero Carnegie en Braddock, Pensilvania.

Hoy en día, la ciudad tiene solo 2.150 habitantes, un descenso del 90% en las tres generaciones. El noventa por ciento de las viviendas y la construcción también se ha ido, dice Fetterman.

“Si la arquitectura y los edificios están en su lugar, entonces las cosas pueden volver, porque tienes un lugar para ubicarlas”, dice. “Considerando que, aquí en Braddock, tenemos que hacer que cuente cada uno de los edificios y cada espacios que conservamos, porque hemos estado perdiendo mucho”.

La “tienda libre”

Los signos de un pequeño avivamiento entre la clase obrera de Braddock es evidente en todas partes. A pocas cuadras de la fábrica, Braddock Farms cultiva productos agrícolas (los cuales son vendidos en el pequeño mercado agrícola los sábados por la mañana). Pequeños rótulos salpican los postes de teléfono por encima de las señales de estacionamiento: “AVISO: Amaos unos a otros” o “AVISO: Dale vuelta a ese ceño fruncido”.

Y luego está la tienda gratuita.

Bienvenidos a la ciudad de fantasía de Bernie Sanders. El nombre casi que te lo dice todo: todo es gratis. La comida, la ropa, los platos y las bicicletas… todos por cero dólares y todo sin límites. La tienda, la cual consta de dos contenedores de transporte bien adornados y un estacionamiento, es una idea original de nada menos que Gisele Fetterman, la esposa del alcalde, quien emigró a Estados Unidos de Brasil y quien alguna vez fuera indocumentada.

Un sábado reciente, un ministro autodenominado cristiano, llamado James Swift, entró al estacionamiento con una camioneta GMC color bronce y la palangana la tenía llena hasta rebosar de cajas. Un amigo suyo estaba listo para derribar un edificio, por lo que Swift le pidió que lo dejara escoger primero.

“Mientras más doy, más me da Dios”, dice Swift.

Un voluntario de 15 años, llamado Raemond Prunty coloca la camioneta de Fetterman detrás de la del ministro para que las palanganas queden alineadas. Prunty, Swift, y algunos otros transfieren las cajas llenas de abrigos para el invierno, playeras y pantalones nuevos y perfectamente usables de un camión a otro. No pasará mucho tiempo antes de que la ropa esté disponible, de forma gratuita, a los residentes de Braddock.

La tienda gratuita en Braddock, donde la gente puede conseguir comida y ropa.

Este nivel de generosidad ha llegado a simbolizar una nueva esperanza para una ciudad con tal concentración de pobreza.

Al lado de la tienda gratuita, The Brew Gentlemen, una fábrica de cerveza, se destaca, diseñada con un estilo urbano moderno… muy poco Braddock. En el interior, Matt Katase y sus amigos fabrican una docena de variedades de cerveza y operan lo que Fetterman describe como “la fábrica de cerveza con mejor calificación en el área de Pittsburgh”.

Nació de un proyecto escolar en la Universidad Carnegie Mellon, donde Katase estudió matemáticas. Después de investigar dos barrios populares de Pittsburgh y escuchar algunos rumores acerca de Braddock, Katase y su socio le dieron un vistazo. Los caballeros cerveceros, como eran, no solo abrieron un negocio en Braddock… se mudaron aquí. Ellos dicen que el negocio ha sido bueno, presagiando, espera Fetterman, lo que puede llegar a ser Braddock.

“Encontramos este tipo de energía”, dice Katase. “Muy rápidamente nos enamoramos”.

Una reinvención

Fetterman se abrió paso hacia Braddock y su energía debido a que pasó su infancia cerca de Reading, Pensilvania, donde fue criado por padres adolescentes que empezaron una vida “extremadamente pobre”. El repentino éxito de su padre como propietario de una pequeña empresa le proporcionó a Fetterman la capacidad de vivir cómodamente, algo que él dice que dio por sentado, a pesar de que le permitió asistir a Harvard.

Dice que durante gran parte de su adultez temprana él “caminaba dormido”, hasta el día en que su mejor amigo murió en un accidente de auto cuando se dirigía a recoger a Fetterman.

“Tienes 23 años de edad y crees que la vida sigue para siempre y no tienes que enfrentar tu propia mortalidad, pero de repente conduces hacia el gimnasio una mañana y ni siquiera sabes que te quedan 15 minutos de vida”, dice.

Fetterman se unió a Big Brothers y Big Sisters y se sintió conmovido, dice, por un niño cuyo padre acababa de morir de sida y cuya madre moriría de sida un mes más tarde. Fue un punto decisivo, dice Fetterman, que finalmente lo llevó a Braddock.

“No podía procesar eso. Nunca había presenciado tal disparidad en persona”, dice. “Así que me obsesioné con este concepto, con esta idea de la lotería de nacimiento al azar”.

“John Fetterman nació en un hogar con dos padres y suficiente comida en el refrigerador, una educación y sin deuda de estudiante”, dice Fetterman al referirse a su propia educación. “Este niño nació en medio de la drogadicción, nació en la pobreza, nació en un mundo en el que tuvo que ver cómo morían sus dos padres en las más horribles circunstancias”.

Fetterman dejó su trabajo y se mudó a Pittsburgh para servir dos años en AmeriCorps. Volvió a Harvard para obtener su título, luego se trasladó a Braddock para establecer un programa para ayudar a los niños a obtener su certificación de desarrollo de educación general (GED, por sus siglas en inglés).

Su primera postulación a la alcaldía en el 2005 resultó en un empate, por lo que los funcionarios revisaron los votos provisionales. Fetterman ganó por un voto. Él ganó la reelección por un buen margen en el 2009 y en el 2013.

“A algunas personas no les agrada porque no es de aquí, pero para ser honesto, él ha hecho mucho más que cualquier otro alcalde que hayamos tenido”, dice Chris Stambolis, el dueño de Stambolis Poultry, la cual ha operado en Braddock sin interrupciones durante los últimos 63 años. “Toman, toman y toman. Ellos nunca le devuelven a la ciudad. Todos los políticos que estaban aquí durante la buena época de Braddock siempre tomaban algo. Ellos nunca hicieron nada para la ciudad. Así que tengo que reconocerle eso”.

Ambiciones para el Senado

Es difícil incluso para Fetterman precisar exactamente por qué quiere dejar Braddock para lograr un escaño en el punto muerto de Washington.

“Quiero lograr un impacto sobre cuestiones en las que puedo lograr más que como alcalde de una pequeña ciudad”, dice, mencionando como ejemplos la desigualdad, el control de armas, el cambio climático y la educación. “Las políticas que ayudaron a dar forma a mi generación y que le darían forma a las futuras generaciones de mis hijos y nietos”.

Sin embargo, hay un montón de otros demócratas de Pensilvania, bien financiados y bien conocidos, que quieren abordar problemas similares. Y es un gran estado. El dinero para comprar anuncios de televisión y reconocimiento de nombre podría ser clave en esta contienda hacia el Senado.

“Nos van a sobrepasar, francamente”, dice Fetterman.

Nathan Gonzales, editor del informe político no partidista Rothenberg & Gonzales, dice que a veces “la realidad de una campaña puede ser discordante”.

“A él le falta mucho camino por recorrer antes de ser un competidor e incluso un factor en la contienda”, dice González. “Hasta que Fetterman pueda demostrar que puede conseguir el dinero… solo que no creo que mucha gente sepa quién es y mucho menos decidir si debiera convertirse en senador”.

De hecho, hasta el momento ha sido ampliamente superado por sus rivales en las primarias demócratas. El exrepresentante Joe Sestak, quien perdió su candidatura al Senado en el 2010 frente al senador titular Pat Toomey, cuenta con más 2 millones de dólares en el banco. Y Katie McGinty, quien perdió un intento para postularse como gobernador en el 2014, cuenta con casi 900.000 dólares, de acuerdo con informes trimestrales presentados ante la Comisión Federal de Elecciones.

Fetterman tiene alrededor de 144.000 dólares en donaciones de campaña.

“Todo lo que tengo es esto”, dice Fetterman de su equipo de campaña y del apoyo que ha recibido. “Todo lo que tengo es una historia”.

“Tienes la oportunidad de ayudar a la gente”.

Al otro lado de la biblioteca, la niebla de una máquina de humo ondea en el centro comunitario Braddock. Los padres ven cómo sus hijos —alrededor de 100 de ellos— corretean alrededor de la fiesta anual de Halloween.

Fetterman espera afuera, apoyado en su camioneta, la cual está bloqueando el tráfico para evitar que pasen por la calle de la biblioteca. Él comenzó esta tradición de Halloween el primer año como alcalde, cuando vivía en el sótano del centro comunitario.

Fetterman entrega alimentos a uno de sus vecinos.

“¡Es el alcalde John!”, le dice una mujer a sus tres nietos jóvenes mientras se acercan a Fetterman, quien sostiene una bolsa de dulces de Halloween del tamaño de las de Costco. Los niños miran a través de su figura descomunal. “¿Quieres ser alcalde?”, le pregunta a uno de ellos.

“¡No sé qué es eso!”

Fetterman tiene una explicación sencilla. “Tienes la oportunidad de ayudar a la gente”.