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Política

¿Podría Donald Trump ganar la nominación del Partido Republicano?

Por Stephen Collinson

WASHINGTON (CNN) — Según la sabiduría política convencional, a estas alturas, Donald Trump ya debería ser un presidenciable acabado.

Sin embargo, dos semanas antes del último debate republicano del año y dos meses antes de se emitan los primeros votos de las primarias, la revoltosa campaña presidencial de Trump está prosperando.

Las controversias y escándalos que derrocarían a los candidatos políticos ordinarios dejan a Trump sin un solo rasguño. De hecho, el favorito entre los republicanos parece estar alimentando deliberadamente la indignación que sustenta su campaña entre sus seguidores… ya sea al aprovechar afirmaciones sin fundamento de que miles de musulmanes en Nueva Jersey vitorearon el terrible colapso del World Trade Center el 11 de septiembre de 2001 o al promover su disputada acusación respecto a que la administración de Obama quiere enviar 200.000 refugiados sirios a Estados Unidos que podrían incluir terroristas.

En una temporada de ira política, una ola que confunde a los expertos y que se ha levantado en contra del ‘establishment’ ha elevado a los políticos recién llegados como Trump y ha dejado a los candidatos convencionales como Jeb Bush y John Kasich sin saber qué decir. Además, ante la ausencia de una oposición unificada al ‘establishment’ del Partido Republicano, el campo republicano fracturado e hinchado le ofrece a Trump una verdadera oportunidad de ganar las contiendas primarias de votación que son la puerta de entrada a una contienda sustentada hacia la nominación.

‘Sorprendiendo a las personas’

“Yo creo que él continuará sorprendiendo a las personas”, dice Bill Miller, un consultor político republicano veterano de Texas.

“La pregunta sobre Trump es la siguiente: ¿Podría llegar a ganar? Ya veremos. Pero yo no lo subestimaría”, dice Miller, quien cree que la tumultuosa contienda republicana podría llegar hasta el final, hasta la convención nacional del partido en Cleveland en julio del próximo año.

Si Trump se las arregla para acumular varios triunfos en las primarias y cientos de delegados, la elección de 2016 podría reestructurar las antiguas costumbres de las secuencias de las contiendas a la nominación presidencial e incluso podría darle nueva forma a la misma política estadounidense.

Durante meses, expertos, funcionarios del Partido Republicano y periodistas de la campaña han esperado que el surgimiento de los anti-políticos llegue a su punto más álgido y que los aspirantes tradicionales se levanten hasta la cima de las encuestas, un patrón que nos resulta familiar a partir de campañas anteriores.

Pero las encuestas han mostrado repetidamente que aproximadamente la mitad del electorado de las primarias republicanas rechaza a los candidatos preferidos por las élites del partido a favor de Trump, del neurocirujano pediátrico retirado Ben Carson y, fugazmente, de la mujer de negocios Carly Fiorina… impulsados por una hostilidad visceral contra Washington, los líderes del ‘establishment’ del Partido Republicano e incluso la idea del gobierno en sí mismo.

Trump, en particular, ha demostrado un notable poder de permanencia. En la última encuesta nacional de la contienda republicana, realizada por ABC News y el Washington Post, él iba a la cabeza con el 32% seguido por Carson con el 22%.

Aun así, a medida que la primera reunión electoral de la nación y las primarias se avecinan –y mientras que más votantes participan–, los desafíos y dificultades que Trump y Carson enfrentan, se intensifican.

Para empezar, el sondeo hasta ahora, todavía no es un indicador infalible en cuanto a quiénes acudirán a votar y a quién elegirán esos electores.

“No creo que algún politólogo hubiera pensado que en noviembre Trump todavía estaría liderando las encuestas”, dijo Jennifer Lawless, una politóloga de la Universidad Americana.

“Habiendo dicho esto, la mayoría de nosotros diría que todavía es muy pronto”, continuó. “Hasta que esos primeros votos sean contados, no sabemos cuáles son sus principios fundamentales”.

Prueba real

Aunque Trump ha dominado las encuestas y la cobertura mediática de la contienda durante meses, la única prueba real que mostrará si un neófito político puede construir el tipo de ‘máquina’ de votación normalmente requerida para ganar en Iowa y en Nueva Hampshire se verá el mismo día de la votación.

Muchos politólogos que basan su análisis en las tendencias y los datos a largo plazo en lugar de los altibajos diarios, dicen que es demasiado pronto como para determinar si Trump o Carson abrirán un nuevo capítulo en la campaña tradicional o si el precedente político construido a lo largo de múltiples elecciones, en el que un favorito del ‘establishment’ surge y los candidatos de afuera caen, prevalecerá.

“No estoy seguro de que estemos ya en un lugar en donde debamos decir que el patrón de la historia está a punto de quebrarse”, dijo John Sides, profesor de la Universidad George Washington. “Soy un poco cauteloso en cuanto a afirmar que este es el año del candidato de afuera y que todo lo que creíamos saber sobre las primarias tiene que irse por la ventana porque esta vez es diferente”.

De todos modos, Trump ya ha ganado una importante victoria… él ha dominado una campaña en la que muchos expertos esperaban que él fuera simplemente una atracción secundaria de rápido aumento y desvanecimiento.

Al mostrar el dominio de los medios de comunicación, el desacato de lo que es políticamente correcto y la identificación y luego el aprovechamiento de la indignación que bulle en la base republicana de manera más efectiva que cualquier otro candidato, Trump ha liderado las encuestas nacionales desde julio.

En el proceso, sus jeremiadas acerca de la inmigración y los refugiados sirios han arrastrado a sus rivales más hacia la derecha que hasta donde ellos hubieran deseado llegar. Además, él ha demostrado que no es una estrella fugaz de afuera como Michele Bachman o Herman Cain en 2012.

Aunque el ascenso de Carson se ha ralentizado en las últimas semanas en medio de preguntas sobre su biografía y sus credenciales de política exterior, Trump sigue dominando. En Iowa, el estado donde empiezan las primarias, por ejemplo, Trump le lleva ventaja a Carson, y su porción combinada del voto se encuentra entre el 49% y el 45% en la mayoría de las encuestas.

‘Mayoría silenciosa’

Además, existen indicios de que lo que Trump llama su ‘mayoría silenciosa’ –algo que muchos otros consideran como un bloque enojado y franco del electorado republicano– se mantiene firme detrás de él.

Una encuesta publicada por CNN/ORC el 6 de noviembre, por ejemplo, descubrió que entre los residentes de Iowa que definitivamente ya han decidido a quién apoyar en las asambleas electorales de ese estado, Trump encabeza con el 39% por delante de Carson con el 22%, el senador por Texas, Ted Cruz, con el 14% y el senador por Florida, Marco Rubio, con el 8%.

Pero a pesar de las cifras de Trump –que a menudo son el enfoque de una gran parte de su discurso base–, las elecciones no se ganan en el año calendario antes de que alguien vote. Y su campaña pronto enfrentará pruebas reales.

Existe, por ejemplo, una fuerte evidencia en relación a que a pesar de las enormes cifras de audiencia acumuladas por los debates presidenciales televisados ​​y una intensa campaña republicana, muchos votantes republicanos aún no se han decidido. Eso significa que las cifras de las encuestas a dos meses de las elecciones en los estados en donde se llevan a cabo las elecciones primarias pueden no ser tan sólidas como parecen.

Una encuesta en Iowa de la Universidad de Monmouth a finales de octubre descubrió que el 19% de los votantes republicanos ya decidió por quién va a votar. Monmouth descubrió una historia similar en Carolina del Sur este mes, en donde el 17% de los probables votantes de las primarias en ese estado de votaciones tempranas ya decidió por quién votará. Otro 39% dijo que tenían una preferencia fuerte, pero que estaba dispuesto a ver a los demás candidatos.

El proceso de nominación, sobre todo en estados donde se llevan a cabo reuniones electorales como Iowa, depende de un alto nivel de organización y automotivación de los votantes para que participen en la noche de elecciones. Algunos observadores se preguntan si aquellos que han sido atraídos por las acusaciones de Trump acerca del ‘establishment’ político y que están furiosos con el gobierno, a la larga, estarán lo suficientemente comprometidos como para desafiar las frías temperaturas del invierno para participar en el ritual de la votación.

“Trump y Carson están contando con el hecho de que las personas que están tan asqueadas por la política se reúnan y los respalden. Pero los politólogos saben desde hace mucho que las personas que se muestran asqueadas por la política no participan en el sistema”, dijo Lawless.

De todos modos, Miller, quien cree que en última instancia, Rubio puede ser la mejor apuesta para ganar la nominación republicana, no obstante sostuvo que “la ira es un motivador muy fuerte en la política”, y que Trump estaba haciendo un buen trabajo al mantener la olla hirviendo entre la base de sus seguidores.

“Creo que lo más importante para ellos es permanecer enojados. Mientras estén enojados, ellos votarán”.

Otro factor que, hasta ahora está ayudando a Trump y a Carson, ha sido el hecho de que haya tantos candidatos en el campo republicano –el voto del ‘establishment’ está dividido entre candidatos como Rubio, Bush, Kasich y el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie… y hasta el momento no ha surgido ningún favorito de este grupo.

Más escrutinio

Pero los nuevos candidatos también pueden esperar más escrutinio mientras se acercan las primeras elecciones.

Después del ataque terrorista en París a principios de este mes, por ejemplo, el conocimiento de la política exterior se ha convertido en un tema cada vez más importante… algo que quizás ha puesto a Carson en desventaja. Al menos, entre sus partidarios, la grandilocuencia de Trump respecto a la seguridad nacional ha sido bien acogida.

Otro desafío más para los candidatos de afuera radica en extender su atractivo. El techo de los sondeos que es consistentemente evidente en el rendimiento de Trump podría convertirse en un serio perjuicio.

A pesar de que él lidera casi todas las encuestas nacionales y de los estados de votación temprana, no es frecuente que Trump llegue por encima del rango inferior del 30%. Con un campo fragmentado, eso es suficiente como para mantenerlo en la parte superior del grupo de candidatos republicanos. Pero eso podría cambiar si el Partido Republicano se une detrás “de cualquiera que no sea Trump”.

Mientras que los candidatos de afuera –Trump y Carson– juntos obtienen alrededor del 50% en la mayoría de las encuestas, tampoco es claro si su voto es intercambiable. El apoyo que el neurocirujano pediátrico gana entre los votantes evangélicos puede no estar disponible para un Trump más estridente. De hecho, un reciente repunte en los sondeos de Iowa por Cruz puede indicar que el senador de Texas ya se está beneficiando a costa de Carson.

Si Trump no puede destacar, él no sería el único candidato de afuera en descubrir horizontes limitados. Después de todo, existe un precedente que demuestra que a los candidatos externos enojados y populistas les va bien en algunos estados y en las encuestas, pero fallan cuando se trata de construir un verdadero movimiento nacional.

En las reuniones electorales de 1988 en Iowa, el evangelista televisivo Pat Robertson obtuvo casi un 25% pero quedó en segundo lugar frente a un favorito del ‘establishment’, el senador Bob Dole. Ocho años más tarde, la elección de las élites fue Dole nuevamente, quien solo derrotó por muy poco al ex asesor de Reagan y comentarista conservador, Pat Buchanan, en Iowa. Buchanan en realidad ganó en Nueva Hampshire ese año, pero Dole logró la nominación. Y en el 2000, el barón de los medios de comunicación, Steve Forbes, obtuvo un 30% en Iowa –cerca del techo actual de Trump–, pero fue el candidato tradicional, George W. Bush, quien ganó.

Campañas históricas

La historia reciente no muestra ningún caso en el que un candidato “de afuera” del Partido Republicano haya logrado transformar la popularidad en estados tempranos y convertirla en una campaña nacional formidable y victoriosa. Incluso los candidatos que se consideran de afuera han tenido credenciales tradicionales.

En 1964, el ícono conservador Barry Goldwater, se postuló como un candidato de afuera y ganó la nominación en contra del ‘establishment’ del partido… pero al igual que Cruz, era ya un senador con un escaño. Ronald Reagan fue visto por muchos conservadores como un rival de los jefes del Partido Republicano, pero para cuando ganó la nominación, él ya había ganado dos mandatos como gobernador de California.

También es posible que el comportamiento propio de Trump pueda obstaculizar sus posibilidades de tener éxito. Las tácticas que lo hacen amado entre sus más fieles seguidores –como los votos de construir un muro en la frontera con México, los ataques a la prensa y sus opositores, y un estilo volátil de hacer campaña– pueden hacerle daño entre un electorado más amplio.

Si bien su apoyo central ha sido inmune a los bajones luego de polémicas anteriores, tal comportamiento podría complicar el intento de Trump por resultarle atractivo a los votantes más moderados en las primarias y al país en un sentido más amplio si ganara la nominación.

A cambio, los votantes republicanos podrían empezar a cuestionar si Trump es el candidato del Partido Republicano con el mayor potencial para vencer a la posible nominada demócrata, Hillary Clinton, dentro de un año.

Si saliera avante en el proceso de las primarias, Trump traería otro dilema al Partido Republicano: si aceptan a un posible nominado que muchos creen, podría tambalear en las elecciones generales, o tratan de instalar una alternativa, quizá en un golpe en la convención del partido en Cleveland que podría enfurecer a la base del Partido Republicano y destrozarlo.