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Estados Unidos

Hillary Clinton debería especificar reglas éticas de forma proactiva

Por Richard J. Davis

Nota del editor: Richard J. Davis es el antiguo asistente del fiscal especial de Watergate y secretario asistente de hacienda para la ejecución durante la administración de Carter. Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente suyas.

(CNN) — A medida que entramos al 2016, las cosas parecen más positivas para Hillary Clinton que hace seis meses.

Aunque la controversia por los correos electrónicos no ha desaparecido, sí se está desvaneciendo. El Comité de la Cámara de Representantes sobre Bengasi ha sido expuesto como que se ha enfocado más en política que en una inspección seria de los errores de seguridad. El vicepresidente Joe Biden ha decidido no enfrentarse a ella en las primarias.

Sus cifras en las encuestas son cada vez más positivas, se percibe que su desempeño en los debates ha sido bueno y muchos la ven como la persona “adulta” en el campo en lo que se refiere a responder a la amenaza de ISIS y lo suficientemente fuerte como para enfrentarse a los riesgos del terrorismo y al mismo tiempo desafiar las ideas cada vez más peligrosas presentadas por Donald Trump y otros.

Este entonces puede ser el momento ideal para que Clinton tome medidas productivas para minimizar el daño potencial a su candidatura proveniente de otras fuentes de controversia: Clinton Foundation (Fundación Clinton) y los honorarios que el antiguo presidente Clinton recibe como orador. Tales pasos deben incluir restricciones significativas respecto a las personas de las que la fundación aceptará donaciones como también los lugares en donde el antiguo presidente se presentará como orador remunerado.

Tomar estas medidas ahora es particularmente importante para Hillary Clinton porque un área en donde sus cifras en las encuestas siguen siendo problemáticas es si a ella se le percibe como una persona sincera y confiable. Y, como lo demuestra un reciente artículo del Washington Post, todavía existe interés de parte de los medios de comunicación en cuanto a las cantidades extraordinarias de dinero que los Clinton han recaudado por sus actividades políticas y filantrópicas.

Es importante entender que la cuestión relacionada con Clinton Foundation no es si la fundación es (o era) un conducto para sobornos ilegales y ciertamente no se trata de si la fundación verdaderamente realiza trabajo humanitario. Yo no conozco ninguna evidencia seria de que la última opción sea el caso. Estoy consciente de los muchos proyectos que la fundación ha llevado a cabo en las áreas, entre otros, de la salud global y el desarrollo económico, sobre todo en lugares donde los niños y sus madres se ven gravemente perjudicados. (La revelación completa: Hasta este momento, no apoyo a ningún candidato en la elección: de hecho, contribuí al proyecto de postulación de Biden antes de que él decidiera no postularse).

La cuestión es cómo, en un momento en que los estadounidenses se han vuelto comprensiblemente cínicos acerca del gobierno, y en el que el dinero en la política ya está fuera de control, podemos evitar añadir más a la impresión de que nuestro gobierno está a la venta, y cómo esta candidata le demostrará a un público que ya se muestra sumamente desconfiado, que ella realmente es una persona honesta y comprometida con el gobierno ético.

Al pensar en la fundación y los honorarios como orador, no trabajamos sobre una hoja en blanco. Ya se han planteado preguntas acerca de cómo la fundación operó mientras que Hillary Clinton se desempeñó como secretaria de Estado. La fundación aceptó las donaciones de cientos de miles y, algunas veces, de millones de dólares de parte de gobiernos extranjeros y de otros cuando estos tenían problemas que estaban siendo considerados por el Departamento de Estado.

La fundación en sí también hizo negocios con el Departamento de Estado, y mientras Clinton aparentemente se abstenía de esos asuntos, al menos en un caso reportado, el asunto fue manejado por su jefe de gabinete, un asistente de toda la vida que también había trabajado en la Casa Blanca de Clinton.

Cuando estamos hablando de una fundación dirigida por el esposo de la secretaria de Estado, en ambas circunstancias –las contribuciones a la fundación de parte de aquellos que entonces tenían negocios ante el departamento y la fundación que hacía negocios con el Departamento de Estado– el hecho de que aparentemente se recibía un trato favorecido podría estar claramente presente.

Preguntas similares se han planteado debido a que el expresidente Clinton ha aceptado significativos honorarios como orador. Mientras Hillary Clinton fue secretaria de Estado, Bill Clinton, según consta, ganó muchas decenas de millones de dólares en honorarios como orador, incluyendo más de 16 millones de dólares en su último año en el cargo. En varios casos, las empresas que pagaban los honorarios tenían asuntos ante el Departamento de Estado.

Clinton no puede evitar tener que responder a preguntas sobre las actividades de la fundación y los honorarios como orador mientras ella era secretaria de Estado. La historia no se puede reescribir. Sin embargo, ella puede abordar de manera significativa esta controversia al anunciar ahora que si se convierte en presidenta, la fundación no hará negocios con el gobierno de Estados Unidos, y que ni la fundación ni su esposo aceptarán honorarios o contribuciones, ya sea de entidades extranjeras o de los que hacen negocios o buscan hacer negocios con el gobierno.

Una objeción a este enfoque podría ser que tales restricciones hicieran difícil, si no imposible, que la fundación operara, o al menos que operara al nivel que opera actualmente. La respuesta a esta posible queja es sencilla: Nadie está obligado a tratar de convertirse en presidente de Estados Unidos, pero si lo haces, tú y tu familia simplemente no pueden hacer ciertas cosas. Y una de esas cosas es aceptar honorarios o contribuciones que hacen que parezca que nuestro gobierno está a la venta y que la manera de influir en la política es contribuir con dinero a las entidades controladas por la familia del presidente o pagarle enormes honorarios a su esposo.

Si se pagaran honorarios o se hicieran contribuciones a la esposa del presidente de Zimbabue o a su fundación, nosotros no lo toleraríamos y, ciertamente, nuestro gobierno investigaría bien tales pagos bajo la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero. Sin duda, no deberíamos tolerar esta situación si tales pagos implican a la familia del presidente de Estados Unidos. Hillary Clinton debe actuar ahora y abordar este problema antes de que sea una amenaza mayor para su candidatura.