Nota del editor: Timothy Stanley es historiador y columnista para el diario británico Daily Telegraph. Él es el autor de "Citizen Hollywood: How the Collaboration Between L.A. and D.C. Revolutionized American Politics" (Ciudadano de Hollywood: cómo la colaboración entre Los Ángeles y D.C. ha revolucionado la política estadounidense). Las opiniones expresadas en este comentario son únicamente las del autor.

(CNN) - Donald Trump debe estar muy decepcionado al descubrir que las tres cuartas partes de los republicanos de Iowa son débiles, de poca energía y que no tienen interés en hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande de nuevo. Al resto del país, por su parte, le han recordado que la asamblea partidista de Iowa es algo cruel que hay que atravesar. Muchas de las campañas de alto perfil y populares a nivel nacional han sido destrozadas en esas rocas. El barco de Trump no se ha hundido, pero le empezará a entrar el agua.

Podrías preguntarte por qué tantas personas están sorprendidas por este resultado. Ted Cruz siempre fue un fuerte contendiente, ya que seguía muy de cerca a Trump... mientras que Marco Rubio había ido aumentando lentamente en las encuestas desde hace algún tiempo. La historia, como ya argumenté, también estaba del lado de Cruz. Muchos de los residentes de Iowa tradicionalmente se deciden en el último momento; el estado favorece a los conservadores religiosos y Cruz tuvo una increíble operación terrestre, mientras que Trump confió demasiado en la exposición nacional.

Sin embargo, la razón por la que nos resistimos a considerar a Cruz como el posible ganador fue porque fuimos todos embaucados por el despliegue publicitario de "The Donald". Trump —quien nunca se ha postulado para un cargo antes y, por lo tanto, en realidad nunca ganó una elección— causó una gran impresión de alguien que ya era el nominado. Él se ganó el apoyo de Sarah Palin, junto con algunos destacados evangélicos e irradió esa excesiva confianza en sí mismo de un hombre que es casi imparable.

Además, las encuestas sugieren que Trump de hecho atrajo a mucha gente nueva al proceso de la asamblea partidista. El problema es que también lo hizo Cruz y Rubio... lo cual llevó a una participación históricamente alta. Y esos dos hombres disfrutaron de su propia dinámica anti-clase dirigente. Cruz ganó los votos de los que se describieron como muy conservadores: él es despreciado por la élite de Washington, se opone a los subsidios de etanol en un estado que los deifica y tiene una reputación por haber suspendido las actividades del gobierno simplemente para dejar en claro su punto. Un voto para Cruz representó un voto de protesta, al igual que lo fue un voto para Trump.

Del mismo modo, un voto para Marco Rubio bien podría haber sido un voto de protesta contra Cruz y Trump. A Rubio parece haberle ido bien entre los que tienen una educación universitaria... un hecho que le da un buen augurio a las próximas primarias. Los participantes de las primarias republicanas tienden a ser, proporcionalmente, más varones, personas mayores, más ricas y con mejor educación que la ciudadanía en general.

Incluso Ben Carson, para que no lo olvidemos, obtuvo un adecuado 9% y terminó por delante de Jeb Bush... el hombre con mucho dinero. Iowa ha sido tradicionalmente bueno para los Bush. Votó por George H. W. Bush contra Ronald Reagan en 1980 e impulsó la contienda de George W. Bush a la presidencia en el 2000. La derrota de Jeb fue una humillación.

¿Qué nos deja todo esto? No es tan claro como se podría pensar.

Ted Cruz tuvo una recuperación, pero será eclipsado por la gran cantidad de charlas en los medios sobre la derrota de Trump y el ascenso de Rubio. Trump, obviamente, no irá a ninguna parte... él aún está muy por delante en las encuestas en Nuevo Hampshire. Pero ha sido muy perjudicado. El discurso de Trump siempre fue que era un ganador. Ganó con la promesa de ganar. Ahora que ha perdido, su halo de cabello dorado se desvanecerá.

En cuanto a Rubio, enfrenta el problema que aún sigue obteniendo el tercer lugar. En Nuevo Hampshire, su voto será dividido entre Jeb Bush y Chris Christie. Ninguno de ellos tomó muy en serio a Iowa en los últimos días, por lo que no considerarán su propio voto como un veredicto sobre sus candidaturas. Tienen todo el derecho a seguir en la contienda. Ergo, Nuevo Hampshire bien podría ir detrás de Donald Trump y la campaña seguirá siendo difícil durante mucho más tiempo.

Existe algo bastante maravilloso en todo esto.

Dado que ha dominado los titulares durante mucho tiempo, la campaña de Trump provocó una vibra en el seno de la clase dirigente. Fue un enfoque descendente, el cual dependía más del atractivo del hombre que de los esfuerzos de los activistas de base.

Iowa ha mostrado que esto aún no es suficiente. La democracia estadounidense aún prefiere que los candidatos vayan de puerta en puerta y de día de campo en día de campo, saludando a todos. Trump tendrá que superar su autoconfesada germanofobia si desea ganar.

El barco de Trump no se ha hundido, pero le empezará a entrar el agua

Timothy Stanley