(Crédito: FRANCOIS GUILLOT/AFP/Getty Images)

Nota del editor: Camilo Egaña es el conductor de Encuentro. Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del aut or.

(CNN Español) - El viernes pasado tras la muerte de dos escritoras queridas, Harper Lee y Rosario Ferré, se confirmaba el cáncer de páncreas de otro escritor querido, Pat Conroy .

Y no había llegado todavía a casa, cuando CNN confirmaba la muerte de Umberto Eco.

En las redes sociales, la noticia saltaba de un tuit a otro. Y el hombre que había arremetido en vida contra esas redes era convertido en trending tropic, que es el equivalente digital a estar en boca de todos, para bien o para mal.

Eco sostenía que las redes sociales habían desbrozado el camino para "la invasión de los necios" porque “le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel”. Lo dejó dicho en el diario italiano La Stampa en junio de 2015.

Eco nunca fue devoto de las redes sociales si bien admitía que Twitter tiene lo suyo por la posibilidad de la inmediatez ante cualquier zarpazo de la contingencia. Pero siempre receló del“paraíso digital” si no lo avalaba la lucidez y la responsabilidad.

Su novela sobre el periodismo, Número cero, no me gustó nada, pero sí lo que decía de los periodistas, la mentira y la manipulación de la historia.

En El nombre de la rosa, más que la intriga, me encantaba ese aldabonazo que Eco daba una y otra vez contra la censura literaria medieval. Ese bibliotecario fascistoide… La novela se publicó en 1980 y yo tenía 18 años en un país en el que se miraba con recelo a quien leyera ciertos libros.

Ahora que ha muerto, dicen en las redes sociales que Eco era un hombre mordaz y derrotista, cínico y peligroso. Ni una cosa ni la otra, de lo contrario no habría dicho jamás que "cuando los hombres dejan de creer en Dios, no quiere decir que creen en nada: creen en todo".

Su novela sobre el periodismo, Número cero, no me gustó nada, pero sí lo que decía de los periodistas, la mentira y la manipulación de la historia

Camilo Egaña