Nota del editor: Ruth Ben-Ghiat es profesora de historia y estudios italianos de la Universidad de Nueva York. Su último libro es "Italian Fascism's Empire Cinema". Las opiniones expresadas en este comentario son suyas.

(CNN) - Esta semana, Donald Trump retuiteó, y luego defendió, un dicho popular italiano que se hizo famoso por el dictador fascista Benito Mussolini: "Es mejor vivir un día como un león, que 100 años como una oveja".

Cuando se le preguntó por qué retuiteó la cita, le dijo a NBC: "Cuál es la diferencia si hubiera sido Mussolini o cualquier otra persona... es una muy buena cita".

Esto no es de sorprender. Desde el otoño pasado, Trump ha usado Twitter y discursos para circular imágenes nazistas y otras de índole racista. Sus reiterados insultos contra los negros, hispanos y musulmanes sugieren que los blancos de origen europeo cristianos son el foco principal de su proyecto para "hacer que Estados Unidos sea grande otra vez".

En esto, sin duda sigue a Mussolini. Aunque el fascismo italiano a menudo es rechazado como una rama del nazismo, ese fue el primer gobierno fascista de Europa, y Mussolini fue el primer líder gobernante en tener un proyecto integral racial. En 1927, seis años antes de que Hitler llegara al poder, Mussolini advirtió que la disminución de la fertilidad europea daría lugar a que "toda la raza blanca, la raza occidental, quedara sumergida por las razas de color que se multiplican a un ritmo desconocido".

Sin embargo, Silvio Berlusconi (quien de forma interrumpida fungió como primer ministro de Italia de 1994 a 2011), no Mussolini, es quien ofrece la guía más cercana de lo que en realidad podría ser una presidencia de Trump. Trump podría parecer un autoritario y racista, pero él no ha hecho campaña a favor de establecer un régimen unipartidista.

Las discusiones de los vínculos de Trump con el fascismo nos hacen perder el enfoque. Lo que se necesita en este momento de la campaña del Partido Republicano es tomar lo que sabemos sobre Trump y la oficina de la presidencia de Estados Unidos e imaginar que se unen. El ejemplo de Berlusconi nos puede ayudar a hacer eso.

Hay una razón por la que Trump es conocido en Italia como "el Berlusconi estadounidense". El magnate italiano alteró la política cuando fundó Forza Italia, el cual tomó su nombre de una canción de los estadios de fútbol. Las declaraciones cargadas de ego de Berlusconi indignaron a la clase dirigente política italiana, como cuando se describió a sí mismo como "el Jesucristo de la política italiana".

Al igual que Trump, Berlusconi llegó a la política con una marca personal, gracias a su fama como un empresario de medios de comunicación y deportes. Eso y su riqueza le permitieron independizarse de las maquinarias políticas tradicionales y un glamour que atrajo a multitudes. Uno de los secretos de las personalidades carismáticas es que son agresivos con sus partidarios: ellos no tratan de ser agradables. La lista de comentarios sexistas de Berlusconi superan por mucho a los de Trump, y aun así las amas de casa italianas se encontraban entre sus electores más confiables. Imitó la habilidad de Mussolini en audiencias favorecedoras y amenazantes: Trump toma el ejemplo de ambos.

Las controversias en torno a Berlusconi son lo suficientemente numerosas como para merecer su propio artículo en Wikipedia: acusaciones de mala conducta en el cargo, fraude fiscal y asociación con la mafia.

Berlusconi, dueño de cadenas de televisión, llegó al poder amenazando a los medios de comunicación, al igual que lo está haciendo Trump ahora. Una vez en el poder con frecuencia trató de frenar el poder de los periódicos y canales de televisión rivales y de la oposición, erosionando con el tiempo la cultura general de integridad periodística en Italia. También sometió a la justicia italiana a un acoso sin precedentes con base en que representaba la intrusión del Estado en la libertad de los italianos, lo cual fue en parte una cortina de humo para evitar sus propios problemas judiciales. Ten cuidado cuando los multimillonarios dicen que quieren liberar al pueblo de la tiranía, y proponer atacar a la prensa y los tribunales como una forma de hacerlo.

Luego está la cuestión de los conflictos de interés en relación a que el imperio de negocios de Trump aumentaría si llega a ser presidente. Cuando Berlusconi estaba en el poder, la amplitud y la profundidad de sus explotaciones dio lugar a una mezcla de las conexiones personales e intereses comerciales con los estatales en su desarrollo del comercio y política exterior (su relación con Putin siempre ha estado bajo un escrutinio especial).

Trump es miembro de esta misma élite internacional. Él ha sido formado por su cultura de favores, servidumbres, paraísos fiscales... y su visión general de los impuestos nacionales y controles financieros gubernamentales como una persecución. A Ted Cruz no le gusta el Servicio de Impuestos Internos como institución gubernamental. El problema de Trump con el mismo es más personal. No es de extrañar que invirtió mucho tiempo en el último debate del Partido Republicano hablando de que es una víctima de las auditorías del Servicio de Impuestos Internos. Si alguna vez Trump asumiera el cargo, las desinversiones y cortafuegos girarían en torno a garantizar la integridad de la oficina del presidente.

Berlusconi con frecuencia "alteró" los asuntos internacionales, actuando de manera inapropiada en numerosas ocasiones. En el 2003, en la Bolsa de Nueva York, describió a las bellas secretarias de Italia como una razón primaria para los estadounidenses a invertir en el país. Un elemento básico de su comedia sin gracia fue llamar a la gente negra quemada por el sol o "bronceada", como calificó al presidente Barack Obama en el 2008.

Trump, también, se deleita en ser políticamente incorrecto. Su modo de hablar imprudente ya ha tenido consecuencias negativas a nivel internacional. También es un peligro potencial para la seguridad nacional, en caso que también llegue a ser nuestro comandante en jefe, alguien cuyas palabras y gestos serán estudiados por nuestros aliados y enemigos.

Berlusconi a menudo minimizó el mal de Mussolini, representando a Il Duce como un hombre de Estado que era bueno para Italia. Así que no es de extrañar que Berlusconi fuera responsable de llevar a neofascistas al poder, a través de su coalición de gobierno de 1994 con el partido Alianza Nacional y la racista Liga Norte. Al parecer, el objetivo de conservar a Europa como un espacio blanco cristiano ha sido parte de eso y cualquier otra plataforma partidista que Berlusconi haya emitido: él presagió el resto del continente, y ahora el Estados Unidos de Trump, en ese sentido.

La dignidad de Italia y la posición internacional empeoró como resultado de que Berlusconi estuviera a cargo. No cumplió ninguna de las promesas de su plataforma económica y la economía italiana estaba paralizada para cuando se le presionó que renunciara en el 2011 durante la crisis de la deuda de la eurozona.

El mismo Berlusconi terminó siendo condenado por evasión de impuestos y expulsado del Senado italiano en el 2013. Sus condenas por abuso de poder y relaciones sexuales con una prostituta menor de edad fueron anuladas por un tribunal de apelaciones.

Tanto Mussolini como Berlusconi llegaron al poder como extraños que les ofrecieron a los italianos un modelo muy diferente de la política. Pero Estados Unidos tiene una escala totalmente diferente de responsabilidad y poder en el mundo. No podemos darnos el lujo de apostar nuestra posición. Es hora de abrir bien los ojos, tomando el caso de Berlusconi como una advertencia de lo que una presidencia de Trump realmente significaría para Estados Unidos.