Pedro Sánchez, en un momento del debate de investidura (GERARD JULIEN/AFP/Getty Images).

(CNN Español) - El candidato socialista Pedro Sánchez fracasó en la primera votación para la investidura en el Congreso español.

Como se esperaba, Sánchez obtuvo solo los votos favorables de su partido, el PSOE (90 escaños) y de Ciudadanos, partido con el que llegó a un acuerdo para la investidura (40 escaños). La suma -130 escaños- queda lejos de los 176 necesarios para la mayoría absoluta exigida en la primera votación de investidura.

Se trata de una situación inédita en España, pues es la primera vez que el candidato de la segunda fuerza más votada es el que se somete al debate de investidura. El PSOE quedó por detrás del Partido Popular de Mariano Rajoy, pero este declinó ir al debate por no contar con los apoyos necesarios.

Como establece el reglamento, el líder del Congreso, Patxi López, convocó una nueva sesión 48 horas después -el viernes a las 19:00 horas, local- en el que se necesitaría mayoría simple (más votos a favor que en contra) para lograr la investidura.

Aún así, Sánchez no lo tendrá fácil. Tras protagonizar un bronco debate con el líder de Podemos, Pablo Iglesias, resulta difícil que ambos partidos lleguen a un acuerdo antes del viernes. Podemos, de izquierda, rechaza el pacto con Ciudadanos, liberal, por considerarlo regresivo y "continuista" con el gobierno del Partido Popular de Rajoy.

Iglesias emplazó al líder socialista a abandonar ese pacto y girar hacia su izquierda, para lograr un acuerdo con la formación que él representa (y marcas regionales afines a la misma, En Comú Podem, En Marea y Compromís) y con Izquierda Unida. Aún así, si con ese pacto de izquierdas Ciudadanos vota en contra y con los votos negativos del PP, se necesitarían los votos favorables de algún partido nacionalista y la abstención de los demás.

Y el reloj ya se echó a andar. A partir de este miércoles, los parlamentarios tienen exactamente dos meses para lograr un acuerdo de gobierno. Si no lo hacen en ese plazo, deben convocarse nuevas elecciones, previsiblemente para el 26 de junio, un escenario que, a priori, ningún grupo parlamentario quiere.