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Noticias de EE.UU.

Festival de carne de perro en China: ¿es realmente malo comer perro?

Por Julian Baggini

Nota del editor: Julian Baggini es un filósoto y escritor británico. Las opiniones expresadas aquí son solo suyas.

(CNN) — Es la época del año cuando el Festival de Carne de Perro de Yulin, China, desata un debate global sobre el cuidado de los animales y los límites de la tolerancia multicultural.

En años previos unos 10.000 perros han sido sacrificados y comidos durante el festival de 10 días.

En occidente, la reacción es dividida entre los que condenan firmemente el festival y los que afirman que es un tipo de imperialismo cultural el juzgar a China por sus propios valores.

Ambos están bien a medias y mal a medias.

Tomemos primero a los críticos del festival. Sin duda hay mucho por lo que ellos realmente podrían indignarse.

Hay una creencia de que la carne de perro sabe mejor si el animal es sacrificado cuando está asustado, y hay inclusive acusaciones de que los animales a veces son despellejados vivos.

¿Pensamiento laxo?

Sin embargo a veces los críticos encuentran inaceptable tan solo que los perros sean metidos en cajas, sacrificados y comidos.

Ese tipo de quejas son justificadas cuando vienen de vegetarianos que también se conmocionan sobre las condiciones de cerdos y vacas en la industria pecuaria occidental.

Pero se vuelven hipócritas si vienen de carnívoros que felizmente comen en gran medida cerdos de engorda, o inclusive si son vegetarianos cuya leche o queso viene de un ganado mantenido en condiciones tan precarias que gran parte del hato está cojo.

Sin embargo, esos que dicen que cualquier crítica es un tipo de imperialismo moral también son culpables de tener un pensamiento laxo. Casi todos creemos que el respeto a las diferencias tiene sus límites.

No conozco a nadie que en el nombre de la diversidad cultural defienda las práctica bárbaras de ISIS, el estremecedor y eficiente holocausto perpetrado por el Tercer Reich o la ejecución de homosexuales y ateos en algunos países islámicos.

Lo que se presenta a si mismo como una tolerancia de mente abierta puede convertirse fácilmente en condescendencia, como si no pudiésemos esperar que los chinos tengan mejores ideas.

¿Sentimientos racista?

De hecho, las protestas contra el festival de Yulin comenzaron en China cuando el profesor retirado Yang Xiaoyun pagó miles de dólares para salvar a perros y gatos del festival, y celebridades como Chen Kun, Yang Mi y Fan Bingbing hablaran contra él.

Aunque el comer perro es una tradición en partes de china, el festival de Yulin comenzó en 2009 y no es apoyado por el gobierno local.

Lo que es preocupante sobre temas como este es cómo sacan la peor xenofobia de la gente que se dice liberal en ambos lados del argumento.

Cuando escribí previamente sobre el festival, una persona que despotricó contra mí, tuiteó que todos los coreanos eran malos porque comían perro.

Esos sentimiento racistas son raras veces expresados tan abiertamente pero temo que muchos que condenan el festival de Yulin también confirman sus propios prejuicio sobre los asiáticos “retrasados” que son por naturaleza crueles y incapaces de querer a los animales.

La disposición a creer lo peor sobre los chinos también sale en la forma en que muchos comparten su ira en redes sociales aceptando historias de crueldad sin ver por si mismos si son generalizadas.

Revisa tus objeciones

Ver un video de un perro siendo golpeado no es suficiente para condenar todo el festival, al igual que con saber que ha habido abuso en algunos mataderos occidentales no es suficiente para condenar toda la industria de la carne.

Los occidentales que se sienten conmocionados por el festival de Yulin necesitan verificar que sus objeciones estén basadas en valores robustos, y no solo en sus sentimentales preferencias por animales amigables y bonitos.

Entonces, deben cerciorarse que las historias que escuchen sean ciertas, que al parecer muchas veces lo son.

Luego, deben pensar caro sobre la forma correcta de expresar su desaprobación. Algunos dicen que la presión de redes sociales de occidente ha llevado a una baja en el número de perros sacrificados a solo alrededor de 1.000 pero es difícil saber a qué se debe realmente la caída.

Usualmente, cualquier percepción de presión externa “occidental” es contraproducente para una campaña.

A fin de cuentas, este es un asunto que los chinos deben resolver ellos mismos.

El apoyar a grupos como la Red de Protección Animal de China muestra que se respeta tanto a los chinos como a la fe en la posibilidad de que algunos valores al menos son realmente universales.