(CNN) - Contusiones perfectamente circulares adornaron los cuerpos de los atletas olímpicos en Río de Janeiro este verano, particularmente entre nadadores como Michael Phelps tras la sorpresiva popularidad del ‘cupping’ o la ventosaterapia, un tratamiento antiguo que en su mayoría se ha utilizado en Oriente Medio y los países asiáticos en el siglo VI, especialmente China.

Pero este es uno de los muchos tratamientos usados a través de la historia que ayudan a controlar el flujo de los fluidos en el cuerpo.

CNN habló con Claudia Stein, profesora de Historia en la Universidad de Warwick, Inglaterra, y Laurence Totelin, historiadora de medicina de la Universidad de Cardiff, Gales, para saber más sobre la ventosaterapia y algunos otros extraños pero sorpresivamente prácticos tratamientos usados a lo largo de la historia para tratar enfermedades.

Ventosaterapia

La práctica involucra copas localizadas en regiones específicas del cuerpo para crear succión y estimular el flujo sanguíneo. Quienes la practican creen que promueve la curación de una gran cantidad de enfermedades de una manera similar a la terapia de sangría y al uso de sanguijuelas, cuyo objetivo es balancear los niveles de la sangre dentro del cuerpo.

“El ‘cupping’ era más común”, dice Totelin sobre el tratamiento que aún se practica en la medicina tradicional china. En el pasado, sin embargo, se usaba como parte de la vida cotidiana. “El ‘cupping’ es una de las grandes cosas que hacías para estar sano”, agrega Stein. “[La gente podía] pasarse una copa para arrastrar la sangre en todo el cuerpo para evitar las enfermedades”.

Terapia de sangría

La terapia de sangría es una de las prácticas medicinales más conocidas y se cree que empezó durante la época de los antiguos egipcios. En ella se arrastra la sangre del cuerpo para nivelar los niveles de los fluidos del individuo.

Muchas terapias antiguas estaban basadas en la creencia de que el cuerpo humano tiene cuatro fluidos —o humores—: sangre, flemas, bilis negra y bilis amarilla. Si se cree que sus niveles no están sincronizados, una serie de tratamientos no placenteros están hechos para restaurarlos.

El procedimiento tiene reglas y restricciones estrictas, con cortes que sólo se realizan en puntos específicos del cuerpo. “Es una práctica muy complicada”, dice Stein.

“Podrías tomar sangre de los pacientes si tenían mucha”, dice Totelin. Los síntomas de exceso de sangre varían entre individuos y género. Las mujeres podrían estar desbalanceadas si sus ciclos menstruales fueron interrumpidos o si se demoró en llegar, y los hombres, si tienen baja energía y están lentos, explica Totelin.

Sin embargo, la sangría también era practicada regularmente en momentos específicos del año para simplemente estar sanos, como por ejemplo en la primavera, donde se cree que la sangre es más delgada, según Stein.

Bilis de vaca

Un estudio en 2015 halló que una poción anglosajona de 1.000 años de antigüedad para infecciones en los ojos era efectiva para luchar contra el SARM, una bacteria resistente a varios tipos de antibióticos. Entre sus ingredientes clave estaban el oxgall (bilis del estómago de la vaca), que tal vez no sea lo mejor para frotarse en los ojos, pero tal vez sí más agradables que muchos de los tratamientos espeluznantes del pasado turbio de la medicina.

Sanguijuelas

Estos gusanos chupa sangre eran utilizados en una manera similar a la sangría pero tienen una manera más localizada de extraer el exceso de sangre del cuerpo. “Se ponen sanguijuelas en la sangre para arrastrar los malos fluidos”, dice Stein.

Estos animales han evolucionado en una extracción de sangre óptima en los humanos y liberan hirudin —un anticoagulante— durante el proceso para ayudar al fluido sanguíneo. Su uso puede tener sus orígenes en las antiguas prácticas de la medicina india ayurveda. Las sanguijuelas se usan a veces en prácticas de medicina moderna para restaurar la circulación luego de las cirugías.

Trepanación

Esta práctica tiene su origen desde antes de las épocas de la Antigua Roma y Grecia, según Totelin. En ella se cavan unos huecos en los cráneos de las personas que se cree ayudan a curar una serie de enfermedades, desde migrañas hasta daños en la cabeza.

La práctica es considerada por expertos como la forma más antigua de la neurocirugía. Su uso original era para aliviar presión, reducir la inflación y mejorar el flujo en el cerebro y aumentar el bienestar.

La premisa detrás de esta práctica aún es usada por algunos neurocirujanos hoy en día para reducir la hinchazón y la presión del cerebro antes o después de una cirugía.

Mercurio

Durante siglos, esta sustancia venenosa fue tomada de varias maneras (píldoras, ungüentos y por inhalación). Lo único que tenían en común era que venían con efectos secundarios extensos y a largo plazo como falla de los riñones, úlceras en la boca y pérdida de los dientes. “Sabemos ahora que el mercurio es venenoso”, dice Stein. Pero el veneno era considerado como un efectivo remedio, particularmente para enfermedades de la piel.

“El mercurio fue usado para todo lo relacionado con enfermedades de la piel hasta finales del siglo XIX”, agrega Stein. “Fue también uno de los primeros tratamientos contra la sífilis”.

Se cree que el mercurio ayuda a la gente a sudar y salivar, en línea con la creencia de que regenerar los niveles de los fluidos del cuerpo para tratar enfermedades. Existía un tratamiento en el que se frotan a los pacientes con ungüento de mercurio y se encierran en una habitación cerrada para hacer que suden. “Era visto como una seña de que el cuerpo estaba recuperándose dejando algunos fluidos salir”, dice Stein.

Mucha gente murió por envenenamiento de mercurio. Más que la enfermedad, lo que los mató fue la cura. Esta ilustración del siglo XIX muestra “parte de la cara destruída [por sífilis] y los funestos efectos del mercurio”.

Arsénico

Desde el siglo XV las personas creen que el cuerpo estaba hecho de diferentes elementos que necesitaban estar presentes en sus justas proporciones. “Si no están en su puesto, necesitas químicos para ponerlos en orden”, dice Totelin. Estos químicos incluían plomo, cobre, plata y arsénico.

“El arsénico siempre ha sido conocido como un veneno”, dice Stein, pero sus propiedades tóxicas tienen algunos beneficios. “Mataba bacterias pero no cosas a largo plazo”, agrega.

En el siglo 20 el arsénico fue usado primero como antibiótico contra la sífilis, conocido como salvarsan, que era considerado como una bala mágica en la lucha de esa enfermedad. Era una alternativa necesaria frente al uso del mercurio puro.

'Couching’

El ‘couching’ es considerado como una de las formas más tempranas de la cirugía de cataratas que data del siglo VI y posiblemente de la época de los antiguos egipcios, según Totelin.

Las cataratas causan la opacidad del lente interno del ojo, lo que genera visión borrosa. En el ‘couching’, objetos puntudos fueron usados para desplazar los lentes dentro del ojo y empujar la sección opaca hacia la parte trasera del ojo.

“Las personas quedaban usualmente ciegas a una temprana edad”, explica Totelin, cuya investigación ha descubierto que el couching fue una práctica ampliamente utilizada.

El tratamiento continúa siendo usado en algunas formas de medicina tradicional hoy en día así como en áreas rurales, pero los médicos están contra su uso y por eso aconsejan la cirugía de cataratas, usada actualmente en prácticas occidentales.

Purgantes

La purga fue una práctica en la que plantas venenosas eran consumidas para “sacar del cuerpo líquidos superfluos” induciendo al vómito, según Stein.

El objetivo era vaciar el cuerpo de sus contenidos que podrían causar enfermedades a las personas.

“Había diferentes plantas que podías consumir dependiendo del área en la que vivieras”, dice Stein.

Una planta comúnmente usada era el eléboro, también conocida como la flor del infierno. Esta también fue incluida dentro de la lista de antiguas pociones de la medicina tradicional griega y japonesa.

Sus plantas y tallos eran usados para tratar cualquier enfermedad: desde melancolía o depresiones, hasta tos, epilepsia y disentería, una enfermedad infecciosa y específica que se caracteriza por la diarrea con pujos y alguna mezcla de sangre.