Nota del editor: El fotógrafo estadounidense Stephen Shore tenía solo 17 años cuando fue invitado a fotografiar el taller de Andy Warhol. Terminó trabajando en el lugar por 2 años. Esto es un extracto abreviado de su libro 'Factory: Andy Warhol'

(CNN) – Andy trabajaba todo el tiempo. Había gente que lo ayudaba, como Gerard Malanga, que se encargaba de la serigrafía de cualquier proyecto. Había otras personas que venían solo para pasar el rato.

Recuerdo estar muy impresionado, o desfavorablemente impresionado, con algunas de las personas que se sentaban en una silla o mueble, por horas, sin hacer nada, esperando que llegara la noche para ir a fiestas. Yo solo tomaba fotos.

A Andy le molestaban las personas que no hacían nada. De vez en cuando, había un cartel en el ascensor, cuando entrabas veías: "Si no tienes nada que hacer aquí, por favor, no vengas". Andy nunca lo aplicaba.

Creo que tener gente alrededor lo ayudaba con su trabajo, tener estas otras actividades a su alrededor. Creo que involucraba a la gente al preguntarles: "¿qué piensas de esto? ¡Oh! No se que color usar. ¿Cuál debería usar?", algo para mantener el movimiento a su alrededor.

La vida privada de Andy Warhol

De las personas que salían con el, yo era uno de los pocos de los que vivía en uptown (un vecindario en Nueva York). A menudo terminábamos en Chinatown a las 2 de la madrugada y compartíamos un taxi de vuelta a casa. Hablábamos. Era bastante abierto y sincero.

El contaba cosas que no lo haría en público. Un día, Andy me preguntó si la noche anterior había visto una película en 'The Late, Late Show'. (No me recuerdo de la película, pero Priscilla Lane estaba en ella. Una cinta romántica de 1930). Y de hecho, si la había visto.

Andy quería saber el final, porque me dijo que comenzó a llorar y se quedó dormido. Luego me dijo: "Y la televisión estaba apagada esta mañana, así que creo que mi mamá la apagó".

(Crédito: Stephen Shore)

Yoko Ono fotografiada en el 'Factory'. (Crédito: Stephen Shore)

Recuerdo que en ese momento, me parecía asombroso y conmovedor que él fuera Andy Warhol, que acaba de venir de una –o varias– fiestas , y que haya encendido la televisión y se haya quedado dormido llorando con una película de Priscilla Lane, y su mamá había entrado y la había apagado.

Una inesperada escuela

En ese entonces, ya tenía tiempo tomando fotos, pero sin ningún tipo de entrenamiento.

Vi a Andy tomar decisiones estéticas. Lo vi tomar estas decisiones una y otra vez. Me despertó mi sentido del pensamiento estético. Es más el encuadre que la foto misma.

Como la naturaleza de las imágenes seriales, algo con lo que lidió con su trabajo, obviamente. Comencé a pensar en ello, y de cierta manera, me involucré un poco. Más en secuencia que en serialidad.

Creo que aprendí observando, no observándolo a él para aprender, solo estando expuesto a las decisiones y acciones que tomaba. Básicamente, una transición a pensar estéticamente.

Al final de mis años en el 'Factory', me di cuenta que mi contacto y observación de Andy me llevó a pensar de una manera diferente sobre mi función como artista, y me volví más consciente de lo que hacía.