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Haití

La crisis invisible de violencia sexual en Haití

Por Allison Love

(CNN) — Gisele está detrás de una planta alta de flores de un rosado vibrante. Esconde su cara y levanta sus manos hacia el cielo. Marie se sienta en el cauce de un río mientras su vestido blanco flota en el agua. Puedes ver su piel de gallina. Viviane está acostada en una pequeña mancha de sol sobre el piso, con un cuaderno tapándole la cara.

Cada retrato muestra una belleza tranquila. Son íntimos y serenos. Pero los elementos que componen estos retratos provienen de una fuente oscura: las mujeres que aparecen en las fotografías son víctimas de agresiones y abusos sexuales.

La fotógrafa francesa Benedicte Kurzen.

La fotógrafa francesa Benedicte Kurzen.

La fotoperiodista Benedicte Kurzen viajó hasta Puerto Príncipe (Haití) para documentar la mayormente invisible crisis de violencia sexual en ese país. Cuando trabajaba en Nigeria, Kurzen llegó a un campamento donde conoció a una mujer que acababa de ser liberada, tras ocho meses en poder de Boko Haram. La mujer estaba profundamente traumatizada y Kurzen decidió no fotografiarla, pero en ese momento se dio cuenta que quería explorar mejor ese tema.

Poco después llegó su oportunidad para trabajar con sobrevivientes de violaciones en Haití gracias a la organización sin fines de lucro Médicos sin Fronteras (MSF o Médecins Sans Frontières en francés y Doctors Without Borders en inglés).

“Este trabajo es el resultado de la colaboración con MSF. Fueron muy útiles. Identificaron a niñas y mujeres que habían sido violadas un año atrás. No era algo reciente. Era importante no victimizarlas por segunda vez”, dijo Kurzen.

El devastador terremoto del 2010 desplazó a 1,5 millones de personas que se vieron forzadas a moverse a campamentos temporales que les ofrecían algo de seguridad. Pero en marzo del 2015, más de 60.000 personas todavía vivían en esos campamentos. Esas condiciones precarias de vida y la falta de protección han hecho que las mujeres y los niños, especialmente, sean muy vulnerables a las agresiones sexuales.

MSF está a cargo de la clínica Pran Men’m de Puerto Príncipe, que provee asistencia médica de emergencia en las críticas 72 horas posteriores al abuso, así como atención médica y psicológica de largo plazo. Según el Informe de Actividad Internacional de la organización, para el año 2015, más de un tercio de los 258 pacientes de la clínica eran menores de 18 años.

Mira también la galería fotográfica con todos los retratos de la violencia sexual en Haití

Kurzen pasó tres semanas en Puerto Príncipe para conocer mejor a las protagonistas de sus retratos. “Cada fotografía fue tomada después de una larga entrevista”, dijo. “Pasé mucho tiempo explicándoles de qué se trataba y porqué queríamos hacerlo. Mi posición era: ‘Necesitamos tu ayuda para conservar la conciencia sobre lo que te pasó’. Los fondos de cooperación internacional se estaban terminando”.

Sarah (13 años). Su madre le dijo a Kurzen: "Él es alguien a quien conocíamos. Vivíamos en la misma zona del campamento. Ahora no aparece por ninguna parte. Nuestra carpa estaba rota y tenía un hueco enorme. Por ahí entró. Violó a Sarah, que estaba sola. Ella sueña con bailar, le encanta pero yo no quiero que lo haga. Siento que cuando baila es muy visible. Ahora pasa la mayor parte del tiempo con mis sobrinas".

Sarah (13 años). Su madre le dijo a Kurzen: “Él es alguien a quien conocíamos. Vivíamos en la misma zona del campamento. Ahora no aparece por ninguna parte. Nuestra carpa estaba rota y tenía un hueco enorme. Por ahí entró. Violó a Sarah, que estaba sola. Ella sueña con bailar, le encanta pero yo no quiero que lo haga. Siento que cuando baila es muy visible. Ahora pasa la mayor parte del tiempo con mis sobrinas”.

Un psicólogo estuvo presente en cada entrevista mientras las niñas y mujeres contaban la historia de su violación. “Hablamos de cómo querían ser retratadas”, explicó Kurzen. “Fue muy colaborativo. Todas las fotos están inspiradas en elementos de sus historias que compartieron conmigo o inspiradas por su propio deseo”.

Kurzen prestó mucho atención a los detalles para que las niñas y mujeres que fotografiaba se sintieran cómodas. Tomó las imágenes con una cámara de formato medio porque pensó que sería más discreta, menos ruidosa y permitiría que las protagonistas de las fotos pudieran verle la cara en cualquier momento. La cara de cada sobreviviente está oscurecida y sus nombres fueron cambiados para protegerlos.

Según la fotógrafa, hay un estigma muy fuerte sobre las mujeres que han sido violadas en Haití y los recursos son escasos. Además, el aborto es ilegal, lo que limita aún más sus opciones. “Pone a las mujeres en una posición terrible”, opinó Kurzen.

Los retratos de Kurzen permiten que cada mujer se defina independientemente de la agresión de la que fue víctima. “(Los retratos) son más un homenaje a su resiliencia que algo sobre la violación misma”, contó. “En general, cuando hablamos de violación suelo tener la sensación de que nosotros como medios de comunicación tenemos una tendencia a retratar a las mujeres como sobrevivientes de violaciones y nada más. Las ponemos en una caja y reforzamos cierto tipo de estigma. No exploramos su imaginación”.

Marie, por ejemplo, quiso ser fotografiada como alguien que lava la ropa mientras viste un vestido tradicional. Le dijo a Kurzen que había algunas cosas que quería hacer en su vida: estudiar, escribir y convertirse en una periodista.

Esta fue una oportunidad de olvidarse del abuso sexual y seguir adelante.

Benedicte Kurzen es una fotógrafa francesa que vive en Johanesburgo.