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Donald Trump

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¿Puede Theresa May calmar las tormentas internacionales que Donald Trump está creando?

Por Nic Robertson

(CNN) — Luego de una semana en la que el orden mundial ha sido cruelmente lanzado al viento, hay que tener valentía para aventurarse hacia el ojo de la tormenta.

Sin embargo, la primera ministra británica, Theresa May se reunió este viernes en la Casa Blanca con el fabricante de tormentas en jefe. Si el discurso dado por ella ante los republicanos el jueves por la noche es algo digno de ser evaluado, May cree que es la persona indicada para calmar el temporal.

En los cinco días previos a la reunión de la premier británica con el presidente Donald Trump, decretos provenientes de la Oficina Oval han apuntado hacia la desaparición del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), han matado efectivamente el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), le ha dado una verdadera luz verde al alejamiento de Estados Unidos de México, y animaron a Israel a una acción que sus vecinos temen.

También ha sacudido la jaula de China, lo que haya hecho, y ha causado controversia mundial por sus comentarios sobre el uso de la tortura.
Todo eso constituye un montón de escombros diplomáticos volando por ahí.

Donald Trump y Theresa May hablan en la Casa Blanca durante su reunión de este viernes. (Crédito: BRENDAN SMIALOWSKI/AFP/Getty Images)

Donald Trump y Theresa May hablan en la Casa Blanca durante su reunión de este viernes. (Crédito: BRENDAN SMIALOWSKI/AFP/Getty Images)

En su discurso anterior a la reunión en la Casa Blanca, May dejó en claro su creencia de que Gran Bretaña y Estados Unidos deben estar juntos y asumir de la misma manera el liderazgo global.

Lo asegurado por ella en Filadelfia hace un especial énfasis en que ahora es el momento para que los dos países “unan sus manos” para recoger juntos el “manto de liderazgo” una vez más, “renovar” su “especial relación”, y comprometerse nuevamente “con la responsabilidad del liderazgo en el mundo moderno”.

También afirmó que, si bien muchas de las instituciones con las que Trump ha sido previamente crítico estaban “en necesidad de ser reformadas y renovadas para hacerlas relevantes para nuestras necesidades modernas”, debe “estar orgulloso del papel que nuestras dos naciones, trabajando en asociación, jugó en su creación y en llevar paz y prosperidad a miles de millones de personas”.

May llegó en una posición muy inusual. Tal vez esperaba en esta visita no sólo calmar las aguas, sino también capitalizar la necesidad de Trump de calmar estas tormentas mediante la obtención de un acuerdo comercial.

La posibilidad de que esto ocurra depende tanto de las necesidades económicas de Gran Bretaña como de la voluntad del presidente de ser moderado con un aliado. Gran Bretaña ha creado recientemente su propio pequeño torbellino en Europa, conocido por los cazadores de tormentas como Brexit. En May, Trump ve a una socia cambiadora del clima.

Dijo que estaba seguro de que otros países integrantes de la UE seguiría el ejemplo de Gran Bretaña.

La dificultad que enfrenta May para calmar a Trump y conseguir su acuerdo comercial es que va a Washington en un momento de debilidad para Gran Bretaña.
Conseguir lo que ella quiere implicaría aceptar un intercambio de simbolismo por sustancia. Él quiere un socio que a la vez sea ‘hacedor’ del clima y líder mundial a su lado. Ella quiere obtener la promesa de un acuerdo con Estados Unidos para reforzar su visión post-Brexit de una “Gran Bretaña global”.

La especial relación de Gran Bretaña con Estados Unidos fue siempre así. Churchill trabajó durante años para tratar de tener a Washington siempre a su lado. La guerra estaba succionando literalmente al Reino Unido, y ‘Winnie’ sabía que sólo el Tío Sam podría cambiar la marea. Sólo recientemente Gran Bretaña terminó de pagar esa factura.

La necesidad de May no es tan desesperada como la de Churchill, pero los términos podrían ser igual de costosos. Y es este el cálculo que más podría influir en qué tan cercana es ella a Trump.

Teniendo en cuenta sus comentarios públicos tanto durante la campaña como desde las elecciones, la primera ministra parece no compartir su visión del mundo. Gran Bretaña está comprometida con la lucha contra el cambio climático y está preocupada con los deseos expansionistas del presidente ruso, Vladimir Putin. May valora mucho el libre comercio, la OTAN, la Unión Europea y los derechos tan arduamente ganados por las mujeres, como dejó en claro la noche de este jueves.

Luego está la reciente opinión de Trump sobre la funcionalidad de la tortura. Aunque el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, y el líder de la mayoría en el Senado, Mitch McConnell, ambos republicanos, han descartado la legalización de la tortura, los comentarios del presidente le habrían caído mal a May: Gran Bretaña no puede cooperar con países que practiquen la tortura.

¿Qué precio hay que pagar por esa relación?

El nuevo y audaz mundo de Trump ya está llevando a muchos hacia los límites de la tolerancia. May puede hallar la calma en el ojo de la tormenta, pero en el exterior las reacciones no se han hecho esperar.

Si regresa a casa agarrando un pedazo de papel, corre el riesgo de estar cargada con más de una deuda comercial: será el primer líder mundial en aprobar el nuevo orden mundial de Trump. Esa será una imagen difícil de sacarse. ¿Cómo podrían razonablemente preguntar los otros líderes mundiales si ella puede ajustar su “Gran Bretaña global” con la política proteccionista de Trump cuyo lema es “America Primero”?

Si no, pregúntenle a Tony Blair. El exprimer ministro pagó un alto precio por su proximidad con George W. Bush. Ya, en algunos rincones, a May se le ve emparejada con Trump, como lo fue “Maggie” Thatcher con Ronald Reagan. Una mujer fuerte que puede hablar con sentido europeo a su homólogo de estilo “Manhattanesco”.

Y aunque no hay duda de que a May le gustaría tener pocas cosas más que una buena relación con el aliado tradicional más fuerte de Gran Bretaña, vale la pena pensar en lo que podrían ser esas pocas cosas. Para citar a los defensores del Brexit, Gran Bretaña abandonó la Unión Europea para “recuperar el control”. ¿Seguramente no desperdiciaría esta aparente ganancia para ser aliada de un hombre cuya idea de interlocución es la presión?

Algunos podrían preguntar quién podría ser un aliado menos apropiado para la “Gran Bretaña global” que un hombre cuya idea de la diplomacia es “hagan lo que yo digo o váyanse”, como lo experimentó esta semana el presidente de México, Enrique Peña Nieto.

Lo que nos lleva de nuevo a la capacidad de May para hablarle un poco con sentido europeo al presidente -como Barack Obama sugirió que debería hacerlo- y convertirlo en un socio comercial menos tóxico. Reunirse con Trump y tratar de amansarlo es una apuesta seductora, pero puede ser un precio que un líder inteligente, en última instancia, podría decidir que puede ser un pequeño paso.

May tiene razón al buscar aliados en su intento de traerle estabilidad al mundo, pero que Trump sea el socio adecuado para ella es otra cuestión. Es un buen camino para dejar su marca con sus famosos tacones de gatito.