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Música

Los violines Stradivarius de hace siglos que aún rompen récords en subastas: ¿un asunto de mística musical?

Por Nick Glass

(CNN) – Samuel Staples, un joven de 20 años de la Escuela Guildhall de Música y Drama de Londres, parece tranquilo.

Dejó de lado su chaqueta de cuero negra y está entusiasmado por empezar. Su emoción es palpable. Toca el violín desde que tiene cinco años, pero es la primera vez que alguien le permite hacerlo en un Stradivarius. Al menos por un día y “cualquier violinista”, asegura, “sueña con tocar un Strad”.

Durante los últimos 300 años, aproximadamente, ha existido una mística permanente sobre el gran lutier italiano Antonio Stradivari, así como sobre sus violines. En su larga vida, Stradivari produjo cerca de 1.100 instrumentos de cuerda: violines, violas, guitarras y chelos. Alrededor de 550 violines (de unos 960, según lo estimado) siguen hoy entre nosotros.

Y los Strads más finos pueden venderse en privado por más de 15 millones de dólares. Usualmente, los compradores son bancos, organizaciones benéficas y patrocinadores de músicos que terminan prestando los instrumentos a violinistas destacados.

Staples entra en calor con el violín tocando algunos clásicos: un poco de Bach, un poco de Tchaikovsky, Sibelius y Mendelssohn. Un pinchazo marca el tamaño y el color durazno es visible bajo la quijada del joven estudiante, donde el violín descansa y ha marcado su piel. Pero él ni lo ha notado.

Habla como un piloto que acaba de ser promovido a la Fórmula Uno. El Strad es “muy fácil de manejar y muy inmediato, como un auto de carreras. Puedes hacer más sonidos con menos presión”, explica.

El próximo 20 de marzo, el instrumento que Staples está tocando – el violín “Ex-Croall; McEwen” fabricado en 1684 y nombrado así por sus antiguos dueños– será vendido por la casa de subastas Sotheby en Londres. Y con un precio estimado entre los 1,5 y los 2,5 millones de dólares es relativamente una ganga.

El premio final

Tim Ingles y yo estamos hablando en la recepción de su oficina en Londres, ubicada cerca al área Oxford Circus, cuando me invita a sostener el “Ex-Croall; McEwen”.

Ingles, cofundador y uno de los negociantes especializados en instrumentos de calidad de la también casa de subastas Ingles & Hayday, será quien lidere la puja cuando el violín salga a la venta.

“No, no necesitas guantes”, me dice, pero “¡no lo dejes caer!”.

Sostener algo tan valioso es una experiencia totalmente nueva. El violín es impresionantemente ligero –tiene menos de un kilo, que es aproximadamente el peso de una lata de frijoles o una pelota de béisbol– y, por supuesto, está exquisitamente elaborado.

“Es en gran medida una cuestión de diseño”, explica Ingles. “Stradivari lo logró: el balance entre la (madera) dura y ligera para que la caja pueda vibrar. Nunca se quedó quieto, nunca hizo el mismo violín dos veces, siempre estaba tratando de mejorar el sonido y el aspecto”, añade.

Muchos violinistas destacados como Joshua Bell y Nicola Benedetti tocan Strads y, por lo general, un vínculo intenso se desarrolla entre el músico y su instrumento.

El violinista alemán Frank Peter Zimmermann aseguró que sentía su Strad como una parte del cuerpo, durante una entrevista para la revista The Strad.

Samuel Staples, alumno de la Escuela Guildhall de Música y Drama, posa con el violín “ExCroall; McEwen” creado por Antonio Stradivari en 1684.

En la misma línea, la violinista surcoreana Min Kym se ha referido a su instrumento como su alma gemela. Por eso, estaba tan traumatizada cuando le robaron su violín en la Estación de Euston, Londres, en 2011. Dos años, después el Strad fue recuperado en la región de Midlands. (Los ladrones no tenían idea alguna sobre el valor del instrumento e intentaron venderlo inicialmente por 125 dólares).

El comercio de Strads es relativamente pequeño, pero muy competitivo. En cualquier momento, los negociantes claves de Londres, Nueva York, París y Roma pueden tener de 15 a 20 violines Stradivarius para la venta entre ellos. Ingles asegura que la mayoría de los buenos Strads duplicarán su valor cada 10 años.

En los últimos 34 años, Florian Leonhard ha restaurado y vendido Strads desde un taller ubicado en Hampstead, al norte de Londres. Actualmente tiene cuatro a la venta, incluido uno sobre el que está muy emocionado y pertenece al tan codiciado período de oro de Stradivari (1700-1725).

El Museo Ashmolean en Oxford también tiene uno de estos: “El Mesías” de 1716, que es quizás el más famoso e inmaculado violín de todos los Strads.

Y aparentemente Leonhard ha descubierto su gemelo casi idéntico de 1717. Un experto confirmó que el abeto utilizado en los dos instrumentos proviene del mismo árbol. Leonhard decidió nombrar a este Strad como “El Nuevo Mesías”.

Para él, estos violines son “como una escultura comparada con Rodin y Michelangelo, siguen estando subvalorados”.

Leonhard sugirió que “El Nuevo Mesías” podría llegar a costar 20 millones de dólares, lo que representaría un nuevo récord mundial para un violín Strad.

¿Una venta difícil?

Sin embargo, el mercado de violines puede ser difícil de predecir. En 2014, Ingles & Hayday sacó a la venta una viola Strad, “The Mcdonald”, por el gran precio de 45 millones de dólares. El mercado evidentemente consideró que esto era ridículo y las ofertas que se presentaron estaban bastante lejos de ese valor.

Ingles lo definió como un “negocio delicado y sentimental”. También explicó que el mercado de subastas “es muy abierto, muy global. Los músicos necesitan tiempo para valorar un instrumento”.

Pero el hecho de establecer una fecha de subasta “acelera todo el proceso”.

Ingles ha estado mostrándoles el “Ex-Croall; McEwen” a compradores potenciales desde diciembre. Y al haber planteado un precio modesto, tiene altas expectativas de que el violín pueda encontrar un buen hogar.

Subastar este violín conlleva un riesgo inherente: si no se vende ahora, será mucho más difícil poder hacerlo después.

En 1908, el más eminente de los comerciantes de violín de Londres Arthur F. Hill escribió: “un Stradivarius no puede ser considerado como otra cosa que una compra sabia”.

Ahora tendremos que esperar para comprobar si esa máxima se cumple todavía.