CNNEarrow-downclosecomment-02commentglobeplaylistsearchsocial-facebooksocial-googleplussocial-instagramsocial-linkedinsocial-mailsocial-moresocial-twittersocial-whatsapp-01social-whatsapptimestamptype-audiotype-gallery
Política

El Senado de Estados Unidos está a punto de cambiar para siempre: ¿por qué?

Por análisis de Chris Cillizza

Washington (CNN) – El Senado de Estados Unidos no es un lugar que cambie mucho. Por eso, lo que prácticamente está por suceder en la semana tiene tanta importancia.

La postulación de Neil Gorsuch para la Corte Suprema llegará al Senado, a menos de que ocurra una suerte de catástrofe, a finales de esta semana. Los demócratas parecen bloquearán una votación que le pondría fin al debate y le permitiría una mayoría simple. (Sólo tres senadores del Partido Demócrata han anunciado que apoyarán a Gorsuch, una cifra muy por debajo de los ocho demócratas que los republicanos necesitan para alcanzar la marca de 60 votos).

Con ese bloqueo, el líder republicano de la mayoría en el Senado Mitch McConnell parece estar determinado a forzar un cambio en las reglas de juego, conocido como “la opción nuclear”. El movimiento de McConnell sería simple: permitir que el debate del Senado sobre los aspirantes a la Corte Suprema se termine con una votación de mayoría simple. Lo que significa exactamente eso para ponerle punto final: la mayoría manda, fin.

“Vamos a conseguir que el juez Gorsuch sea confirmado esta semana”, prometió McConnell durante una entrevista con el programa “Fox News Sunday”. Sobre la pregunta de si llegaría a usar la opción nuclear, el líder republicano lo puso en el terreno de los demócratas: “lo sabremos a lo largo de la semana. Está en manos de los demócratas”.

La pendiente escurridiza para eliminar los 60 votos necesarios, y así terminar el debate sobre los postulados a la Corte Suprema, empezó en 2013 cuando el entonces líder de la mayoría en el Senado Harry Reid cambió las reglas que obstruían la elección de todos los nominados a las cortes federales. Y, en ese momento, citó la oposición sin precedentes de los republicanos como un catalizador.

Para la época, muchos observadores neutrales, así como bastantes demócratas, manifestaron su preocupación frente a que Reid estuviera abriendo una caja de Pandora. Después de todo, la regla dilatoria de los 60 votos en el Senado era considerada como uno de los elementos sagrados del cuerpo deliberativo más grande del mundo. La opción nuclear ha sido frustrada innumerables veces en el pasado gracias a un grupo a un grupo bipartidista de senadores institucionalistas que creen en el respeto y la tradición como elementos más importantes que cualquier lucha de confirmación.

“Yo argumenté en contra de ella en su momento”, aseguró Schumer en enero pasado sobre el cambio de reglas que impuso Reid. “Insistí en que tanto para la Corte Suprema como para el gabinete debían existir 60 (votos) porque en cargos tan importantes debería existir algún grado de bipartidismo”, añadió.

Asumiendo que McConnell se juega la opción nuclear en la postulación de Gorsuch, y existen todas las razones para creer que lo hará, esa larga tradición habrá desaparecido. Además, sentaría un precedente sobre lo parcial que se ha convertido la política estadounidense.

Más allá, desencadenar la opción nuclear con Gorsuch envenenará un pozo que ya tiene aguas que nadie quisiera beber. Como este cambio de reglas no se aplicará a toda la legislación –una reforma radical en los seguros de salud o en el código tributario, por ejemplo, todavía necesitaría 60 votos para concluir el debate en el Senado–, hará que esos proyectos o compromisos sean mucho más difíciles de alcanzar.

Se habrá ido la idea, o quedará profundamente golpeada, de que el Senado es radicalmente diferente en su operación a la Cámara de Representantes. El órgano superior, entonces, será un lugar donde la mayoría tiene un gran poderío y donde la idea de superar las diferencias políticas no es un buen comienzo.

Y eso probablemente se acomodará perfectamente a las bases de los dos partidos políticos. Por mucho tiempo ya, cada uno ha preferido la confrontación antes que el compromiso.

El problema, claro, es que el Senado fue concebido por los fundadores estadounidenses como una institución diferente a la Cámara: menos sujeta a los vientos partidistas y, por lo tanto, capaz de actuar como una especie de control ante las acciones ante la cámara inferior.

Una parte importante de esa visión morirá si McConnell invoca la opción nuclear a finales de esta semana. El Senado ya no volverá a ser el mismo.