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Donald Trump

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Los próximos 100 días de Donald Trump

Por Stephen Collinson

Washington (CNN) — El presidente Donald Trump pasará los próximos 100 días tratando de hacer las cosas que una vez predijo con confianza que lograría en sus primeros cien días en el cargo.

La Casa Blanca pasó la semana pasada defendiéndose de las críticas poco halagadoras de los primeros tres meses de Trump en la Oficina Oval, alegando que había acumulado grandes logros, al tiempo que desestimaba lo que ve como un hito artificial.

Pero la experiencia de los primeros 100 días ha demostrado la enormidad del desafío que Trump enfrenta al promulgar sus políticas propuestas en medio de una actitud partidista en Washington, donde la oposición demócrata está decidida a frustrarlo y persisten las luchas internas republicanas.

Las inminentes luchas políticas de los próximos tres meses mostrarán si Trump ha aprendido de sus errores de los primeros 100 días y puede encontrar una manera de ejercer su voluntad sobre el Congreso.

En el extranjero, el mandatario enfrenta varias crisis cada vez más profundas, y la más inmediata de ellas es el enfrentamiento con Corea del Norte por sus programas nucleares y misilísticos.

Los próximos 100 días también lo verán aventurarse en el extranjero, por primera vez como presidente, y puede comenzar a revelar exactamente lo que quiere decir cuando habla de una política exterior con un sello de “Estados Unidos Primero”. Mientras tanto, el mundo está expectante de si Trump sacará a su país del Acuerdo de París sobre el clima, una decisión que se espera en las próximas semanas.

Trump se preparó para el próximo capítulo de su presidencia el pasado sábado por la noche, rodeándose de adoradores en Pensilvania y evocando el espíritu y la furia de su campaña electoral del 2016, lanzando golpes contra las élites de Washington y los medios de comunicación.

“Sus prioridades no son las mías ni las de ustedes”, aseguró Trump a la multitud en Harrisburg. “Si el trabajo de los medios es ser honestos y decir la verdad, estos merecen una muy pésima nota”.

El presidente estadounidense, Donald Trump, durante la asamblea de la Asociación Nacional del Rifle en Atlanta el 28 de abril. (Crédito: Scott Olson/Getty Images)

Las declaraciones fueron una clara señal de que el presidente tiene la intención de aprovechar el apoyo de su base política leal contra el establishment de Washington en un esfuerzo por darle inicio a su estancada agenda. No parece haber ningún plan inminente en desarrollo para tender la mano hacia sus críticos y ampliar su atractivo.

El problema más inmediato de Trump es el relacionado con el Obamacare: debe encontrar una manera de pilotear el proyecto de ley de derogación, que permanece en el limbo, ni vivo, ni muerto, en la Cámara de Representantes. La falta de realización de su principal promesa de campaña durante los primeros 100 días le causó un golpe humillante a Trump y planteó preguntas acerca de su autoridad presidencial.

La Casa Blanca ha predicho repetidamente en los últimos días que una votación sobre la legislación es inminente, pero la disputa continua entre republicanos conservadores y moderados sobre el proyecto de ley está retrasando su aprobación.

El voto de la Cámara será el primer obstáculo para el proyecto de ley, y el Senado espera que cambie fundamentalmente la legislación de la que Trump dice que debe reducir las primas y ampliar el acceso, pero que un informe de la Oficina del Presupuesto del Congreso asegura que privaría a millones de personas de cobertura. E incluso si la Casa Blanca puede registrar un triunfo político al aprobar el proyecto de ley, Trump probablemente será responsabilizado con la culpa si los estadounidenses llegan a creer que el nuevo trastorno en el sistema de salud les cuesta dinero o acceso a seguros.

Luchando contra un Congreso republicano

La lucha por el cuidado de la salud ha revelado una característica inesperada del Washington de Trump. La oposición primaria al presidente no ha venido de parte de los demócratas, que se esperaba que formaran un bloqueo en el camino hacia la Casa Blanca, sino de su propio partido. Y a menos que Trump pueda encontrar una manera de movilizar el monopolio republicano sobre el poder en el Capitolio, los próximos 100 días podrían ser tan estériles como los primeros en términos de legislación importante.

“Creo que las reglas del Congreso, y en particular las del Senado, son increíblemente arcaicas y lentas y, en muchos casos, injustas”, dijo Trump este domingo en Face the Nation de CBS.

“En muchos casos, te ves obligado a hacer acuerdos que no quisieras. Harías un tipo muy diferente de un acuerdo. Te ves obligado a situaciones en las que odias ser obligado”. Sin embargo, se aseguró de alabar a los republicanos del Capitolio, diciéndole a la CBS que son “grandes personas” y sugirió que estaban aprendiendo a gobernar ahora que controlan completamente las palancas del poder en Washington.

Sin embargo, el presidente de la Cámara, Paul Ryan, está insistiendo en que, a pesar de un comienzo turbulento e improductivo, los republicanos se unirán para aprobar la agenda de Trump.

“He hablado de 200 días porque pensé que para el tipo de agenda que estamos tratando de componer aquí (revisar la atención de la salud, revisar el sistema tributario, reconstruir nuestro ejército, asegurar la frontera) se necesitan más que unos pocos meses”, dijo Ryan a la prensa la semana pasada. “Toman un largo tiempo, al menos un año”.

La reforma tributaria no será fácil

Aunque la Casa Blanca ha luchado para vender y aprobar la ley de salud, el esfuerzo de reforma tributaria podría ser aún más complicado. El gobierno presentó un plan la semana pasada, que incluye grandes recortes de impuestos para las corporaciones y los estadounidenses más ricos, y utilizará los próximos meses para venderlo al pueblo estadounidense.

Ganar el apoyo público para el proyecto de ley será una cosa. Conseguir que se apruebe será aún más complejo porque Trump tendrá que cortejar a algunos demócratas para hacer que la medida pase por el Senado, y no hay ningún signo de que las tropas del líder de la minoría, Chuck Schumer, están listos a ayudar al presidente a obtener una victoria.

Si los demócratas se niegan a cooperar, la Casa Blanca podría tratar de hacer aprobar el proyecto de ley con una mayoría simple en una maniobra conocida como reconciliación. Esa ruta trae una complicación adicional, porque cualquier legislación aprobada de esta manera no debe aumentar el déficit. El vicepresidente, Mike Pence, admitió el domingo pasado que “quizás en el corto plazo” el proyecto de ley de reforma tributaria aumentará el déficit, pero argumentó que no había alternativa para estimular el crecimiento económico.

“La verdad es que si no conseguimos que esta economía crezca al 3% o más, como el presidente cree que podemos, nunca vamos a cumplir con las obligaciones que nos hemos impuesto”, aseguró Pence en Meet the Press, de NBC.

La capacidad de la Casa Blanca para administrar el Congreso también será probada a medida que comiencen los trabajos en el presupuesto de Trump para el 2018, que incluye grandes recortes al Departamento de Estado, la Agencia de Protección Ambiental y la ayuda externa, algunos de los cuales probablemente agitarán la oposición incluso dentro del propio partido de Trump.

Trump también se enfrenta al desafío en los próximos meses de la obtención de fondos para su muro fronterizo con México, en medio de la oposición de algunos republicanos en los estados afectados por el proyecto. Algunos conservadores también pueden negarse a gastar miles de millones de dólares para honrar una promesa de campaña que Trump prometió que sería financiada por los mexicanos.

El presidente, sin embargo, se niega a retroceder en la necesidad de un muro, idea que formó una base simbólica para su campaña presidencial y es muy popular en su base política. “Construiremos el muro, amigos”, dijo Trump en Harrisburg. “No se preocupen, váyanse a dormir, váyanse a casa, váyanse a dormir. Descansen”.

El enfrentamiento con Corea del Norte y visita a Europa

Los desafíos de Trump en el extranjero durante los próximos 100 días están dominados por la aguda confrontación con Corea del Norte. El período probablemente revelará si su estrategia para contener la amenaza de Pyongyang (basada en presionar a China para que detenga a su aliado) funcionará a mediano plazo.

Trump ha elogiado al presidente de China, Xi Jinping, por aumentar la presión sobre el líder norcoreano, Kim Jong-un. Pero en el pasado, Beijing ha demostrado que hay límites a las medidas que tomará para restringir a Pyongyang. Otra prueba nuclear de Corea del Norte, que podría ocurrir en cualquier momento, probablemente intensificaría aún más la crisis.

El presidente no viajará a Asia hasta el otoño, en un viaje que probablemente será copado por el enfrentamiento con Corea del Norte. Pero en primer lugar, y dentro de los próximos 100 días, viajará a Europa, que todavía está tratando de medir al nuevo presidente de EE.UU. después de comentarios despectivos sobre la Unión Europea y la OTAN durante su campaña que molestaron a los aliados de Estados Unidos.

El presidente debe asistir a la cumbre de la OTAN en Bruselas el próximo mes. Para el alivio de las principales potencias europeas, Trump ha retrocedido de su retórica anti OTAN, pero aún exige que los miembros de la alianza hagan más para compartir las cargas financieras de su propia defensa.

Trump también viajará a Italia para la cumbre del G7, donde su retórica proteccionista marcará un cambio radical en este club de las naciones ricas, que tradicionalmente ha respaldado el libre comercio. Las medidas de Trump para revertir las regulaciones ambientales introducidas por el gobierno de Barack Obama para hacerle frente al calentamiento global también han alarmado a los gobiernos europeos, una de las razones por las que su decisión sobre el acuerdo de París es tan esperada.