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Donald Trump

Donald Trump

Donald Trump está manejando la Casa Blanca como un negocio y eso es un problema

Por análisis de Chris Cillizza

Nota del editor: Chris Cillizza es un reportero político de CNN y editor general que cubre política nacional incluidos temas de la Casa Blanca y del Congreso.

(CNN) — El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le pidió a dos de sus altos funcionarios de inteligencia que públicamente derribaran la idea de que su campaña presidencial había conspirado con funcionarios rusos, días después de que el entonces director del FBI, James Comey, revelara que había abierto una investigación federal sobre el asunto, según un reporte de The Washington Post y CNN.

Ambos —el director nacional de Inteligencia, Dan Coast, y el jefe de la Agencia de Seguridad Nacional, Mike Rogers— se sintieron incómodos con el requerimiento y lo desecharon.

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Donald Trump junto al hoy exconsejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn.

Este reciente episodio no es un incidente aislado. Hace parte de un amplio patrón de la presidencia de Trump en el que el jefe del Poder Ejecutivo parece violar el protocolo sin querer, buscando su propia agenda política.

Según el reporte de una nota publicada por James Comey, documentado una reunión del 14 de febrero, Trump le pidió directamente que hallara una manera de finalizar la investigación del FBI sobre el despido del consejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn.

Trump, según su propio relato, le preguntó a Comey tres veces —dos veces por teléfono y una vez en persona— si él estaba bajo investigación en el caso ruso.

Trump reveló información altamente clasificada al embajador ruso Sergey Kislyak y al ministro de Exteriores ruso, Sergey Lavrov, durante una reunión reciente en la Oficina Oval. También describió en su cuenta de Twitter que la investigación sobre la intromisión rusa en las elecciones y la conspiración son una “cacería de brujas”.

Como los periodistas Adam Entous y Ellen Nakashima escribieron este lunes en la noche:

“Funcionarios actuales y antiguos dijeron que a Trump o le hace falta entender el rol del FBI como una agencia del orden público independiente o no le importa mantener esos límites”.

Y eso es absolutamente cierto. Y creo que la actitud de caballero de Trump sobre a quién le habla (y sobre qué temas le habla) nace de los años que ha pasado dirigiendo el imperio que lleva su nombre. En ese rol, si Trump quería que se hiciera algo, le decía a alguien que lo hiciera. Si él —o su empresa— tenían un problema que necesitaba ser resuelto, Trump se dirigía a un amigo o a un director ejecutivo cercano y tenía esa conversación.

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Esas conversaciones son típicamente de la variedad de “tú me rascas mi espalda y yo te rasco la tuya”. Claramente Trump se ha enorgullecido de este tipo de regateos durante toda su carrera, desde su popular libro ‘The Art of the Deal’ hasta su campaña presidencial, en la que prometió que sabía cómo hacer mejores ofertas que cualquiera que haya estado en la presidencia.

Lo que Trump no parece haber aprendido es que lo que funciona en los negocios no siempre funciona en la política. El presidente de Estados Unidos es mucho más que la cabeza de una compañía de 300 millones de personas. Ellos son los representantes del público, un estatus reflejado en el hecho de que su salario es pagado por los ciudadanos estadounidenses.

Por el poder y la responsabilidad que viene con el trabajo, hay muchos más reglas sobre cómo puedes —y como no— actuar. Trump parece o bien no haber sido informado sobre esas reglas, o simplemente ha decidido que no las seguirá. Instancia por instancia, Trump parece alegremente inconsciente (o no le importa) de que está haciendo al poner a la gente que trabaja para él en posiciones muy muy incómodas y a veces comprometedoras.

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Cuando eres el presidente ejecutivo de una compañía, pides favores y los devuelves, es una situación casi diaria. Cuando eres presidente, simplemente no puedes hacer ese tipo de cosas, o por lo menos no de una manera tan flagrante y directa. (El regateo ha ocurrido por siglos en la política. Pero el enfoque traumático de Trump es diferente.)

El fracaso de Trump de cómo un candidato presidencial necesita actuar en público fue un factor clave para su victoria electoral. Su fracaso de cómo un presidente necesita actuar en privado, está incapacitando y poniendo en riesgo su presidencia.