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Donald Trump

Donald Trump

OPINIÓN: Trump vs. los adultos: ¿quién va ganando esta pelea?

Por Michael D'Antonio

Nota del editor: Michael D’Antonio es autor del libro “Never Enough: Donald Trump and the Pursuit of Success” (“Nunca es suficiente: Donald Trump y la búsqueda del éxito”). Las opiniones expresadas en este texto son exclusivamente del autor.

(CNN) — Fiel a su estilo, el presidente Donald Trump terminó la semana confundiendo al mundo al no rechazar en realidad el acuerdo nuclear con Irán y proponiendo desmantelar el Obamacare con el argumento de mejorar la asistencia médica de los estadounidenses. Si a eso le sumamos el tuit de este jueves sobre abandonar a la isla de Puerto Rico, devastada por el paso de un huracán, tendrás la versión más clásica de Trump, sembrando el caos y la ansiedad.

Aunque los más leales dirán que la locura de Trump tiene un método detrás, a cualquiera que haya lidiado con una figura de autoridad impulsiva y destructiva padre o madre, profesor, jefe le parecerá familiar esa dinámica. Cuando el líder parece confundido y molesto, cuando ya no se puede escapar a la realidad y no se puede negar el fracaso, los demás también tienen que sentir su dolor.

Entonces llega el momento de la culpa y la autocompasión. “¡Odio a todos en la Casa Blanca!”, se dice que le dijo Trump a su exjefe de seguridad Keith Schiller, según escribió Gabriel Sherman en Vanity Fair (y destacando que la Casa Blanca lo niega).

Hablando como un padre que golpea a su hijo y luego se queja de que le duele la mano.

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Durante décadas, Estados Unidos no tuvo que preocuparse mucho por Trump porque sus errores rara vez tenían efectos más allá de su puesto de mando en la Torre Trump, y a pocos les importaba si le decía a alguien gordo o feo, algo que hacía frecuentemente. Pero ahora Trump está en la Oficina Oval y la mayoría del mundo está horrorizado con su comportamiento.

El hombre que disfruta hablar sobre cómo siempre devuelve los golpes “10 veces más duros”, limitaba antes su tendencia a la agresividad a las peleas en busca de publicidad con gente como Rosie O’Donnell, y a su dirección de la Organización Trump, en la que tendía a contratar personas con aptitudes y experiencia limitadas, a quienes luego microadministraba.

De hecho, los hombres y mujeres que conocí en los negocios de Trump cuando escribí su biografía dijeron estar muy agradecidos con él porque los había sacado de la oscuridad y se mostraron reacios a desafiarlo. Sus hijos, quienes tienen poca o ninguna experiencia en cualquier tipo de trabajo en cualquier lugar, también encajan con ese perfil.

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Pero ahora las cosas son diferentes. El caos muy bien documentado en la Casa Blanca refleja tanto la dificultad de todo el que busque imponer disciplina sobre el presidente, como la incapacidad propia de Trump de enfrentar a personas a las que no puede maltratar o intimidar.

Las cuatro personas más competentes de su círculo más cercano el secretario de Estado Rex Tillerson, el secretario de Defensa James Mattis, el asesor económico Gary Cohn y el secretario general de la Casa Blanca John Kelly parecen estar luchando contra el caos de Trump, por el bien del país.

En esos hombres llamémoslos ‘Los cuatro competentes’– Trump encontró, tal vez por primera vez en su vida, gente con experiencia, talento y seriedad para imponer respeto y atención por su cuenta. Probablemente son las personas más fuertes, mejor calificadas y más poderosas que jamás han trabajado cerca de Trump. A diferencia del empleado típico de la Torre Trump, ellos no lo necesitan a él ni su dinero, así como tampoco necesitan los trabajos que Trump les dio.

Cuando un Tillerson exasperado llamó supuestamente “estúpido” a Trump y luego no quiso negar que lo hubiera dicho, él habló con autoridad. También sonó como el niño más inteligente y valiente de la familia o como el empleado talentoso de una oficina que finalmente dijo lo que todo el mundo pensaba.

Luego, el senador Bob Corker dijo que la Casa Blanca era como una “guardería” y habló del peligro de tener un presidente que parece siempre dispuesto a comenzar la Tercera Guerra Mundial. “Sé con certeza que cada día en la Casa Blanca se vive una situación en la que tratan de contenerlo”, le dijo Corker a The New York Times. ¿Quién no estaría angustiado de trabajar para un jefe aparentemente irracional y temperamental, armado con el poder de la presidencia de Estados Unidos?

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No hemos escuchado a senadores que contradigan la afirmación de Corker de que sus colegas republicanos están preocupados sobre la salud mental de Trump. Eso indica que aunque pueden temerle a la ira de Trump, también están preocupados. Tampoco oímos a nadie afuera del círculo de aduladores más cobardes de Trump insistiendo en que Tillerson pudo no haber dicho lo que se rumorró que dijo.

La única persona que ha respondido consistentemente a los rumores sobre el caos en la Casa Blanca es el mismo Trump.

Y es la relación de Trump con Tillerson la que plantea los problemas más serios para el mundo, pues se supone que el secretario de Estado debe proteger los intereses de Estados Unidos y promover la estabilidad. Pero en repetidas ocasiones Trump ha socavado su autoridad, lo que dificulta mucho más el trabajo de Tillerson y hace que el mundo sea menos seguro.

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Se rumorró que Cohn, otro de ‘Los cuatro competentes’, estuvo a punto de renunciar a mediados de año, y se dice que Kelly ha hecho todo lo posible para limitar el acceso del presidente a consejos políticos por parte de amigos y secuaces.

‘Los cuatro competentes’ están tratando de contener al Trump temperamental para que no cometa errores desastrosos, no para preservar un negocio sino por el bien de la nación.

La mejor evaluación interna de la condición de Trump viene de su amigo de toda la vida y colega y magnate de los bienes raíces Tom Barrack, quien le dijo a The Washington Post que estaba “impactado” y “asombrado” por el comportamiento reciente de Trump, aunque aseguró que sigue creyendo que el presidente “es mejor que esto”. En la misma entrevista, Barrack dijo que es amigo de Trump y ha podido estar en desacuerdo con él porque “nunca he necesitado nada de él”.

Sin duda, esa independencia le ha permitido hablar claramente con Trump, pero el resto de nosotros no disfrutamos de ese estatus. Como ciudadanos, realmente dependemos del presidente y por eso nos sentimos preocupados y angustiados por su incapacidad para ejercer su cargo.

Barrack también hizo otro comentario fascinante: Trump en realidad no toma en serio sus consejos. Y si así es como trata a sus “iguales”, ¿qué esperanza nos queda a nosotros?