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Asia

“Sería bueno que yo también me muera”: la violación sexual como arma de guerra contra los rohinyás en Myanmar

Por Salma Abdelaziz

(CNN) — Las marcas en el cuello de Rashida Begum se han convertido en cicatrices rojas y oscuras.

Ella nos mostró los cortes como diciendo: Mira, traté de defenderme, lo intenté casi a costa de mi vida.

“Vimos los agujeros de excavación militares (para fosas comunes). Éramos cinco mujeres con nuestros bebés”, dijo Rashida, casi susurrando. “Nos agarraron, nos arrastraron a la casa y cerraron la puerta”, agrega.

A Rashida, los soldados le arrebataron su bebé de los brazos y lo mataron.

“Simplemente grité, lloré pero no nos escucharon. Ni siquiera entienden nuestro idioma”, recordó Rashida.

Rashida Begum, víctima de los militares en Myanmar.

Los hombres uniformados no le mostraron misericordia. Le cortaron la garganta a Rashida y le arrancaron la ropa. Ella fue masacrada y violada junto a las otras cuatro mujeres. Cuando Rashida perdió el conocimiento, los hombres prendieron fuego a la casa y los dieron por muertos.

“Pensé que ya estaba muerta, pero cuando mi piel comenzó a arder me desperté”, dijo.

Desnuda y desorientada, se quedó sin nada y se escondió en un campo cercano, pero deseó no haber sobrevivido.

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“Sería bueno que yo también me muera, porque si muriera entonces no tendría que recordar todas estas cosas. Mis padres también fueron asesinados, muchas personas fueron asesinadas”, dijo Rashida mientras las lágrimas corrían por su rostro.

La mujer de 25 años, de habla suave, estaba demasiado traumatizada para hablar más sobre el asalto o la pérdida de su hijo, pero respondió rápidamente cuando le preguntaron si quería venganza.

“Estaremos encantados si los militares que nos violaron y mataron a nuestros padres son ahorcados”, dijo.

Entonces Rashida se quedó en silencio, sus labios temblaban, sus manos temblaban incontrolablemente. En sus ojos había una mirada distante que la hacía parecer muy lejana.

“Constantemente pienso en lo que sucedió”, dijo. “No puedo sacarlo de mi mente”.

Las cifras de mujeres violadas por soldados

La historia de Rashida es más frecuente de lo que se cree en los extensos campamentos a lo largo de la frontera entre Bangladesh y Myanmar, sino todo lo contrario. Más de 615.000 rohinyás han huido de Myanmar desde finales de agosto, desesperados por escapar de la violencia en el estado de Rakhine. El ejército de Myanmar ha intensificado lo que denomina “operaciones de limpieza” dirigidas a “terroristas” en el estado de Rakhine tras una serie de ataques a puestos policiales por parte de militantes rohinyás que dejaron 12 agentes muertos.

“Una de las armas más temidas de los militares es la violencia sexual masiva, con un número incalculable de mujeres y niñas brutalmente violadas en grupo por soldados del gobierno”, según un informe de Human Rights Watch publicado este jueves, que documenta la violación generalizada de mujeres y niñas rohinyás en el manos de las fuerzas de seguridad de Myanmar, a menudo de uniforme.

El ejército de Myanmar ha negado haber llevado a cabo atrocidades, y esta semana se limpió de cualquier error en un informe interno, diciendo que respondía a los ataques de las milicias. El país también anunció que estaba reemplazando al general a cargo del estado de Rakhine.

Las Naciones Unidas han descrito la situación en Myanmar como un “ejemplo de libros de texto de limpieza étnica”, y algunos observadores han acusado al ejército de supervisar el genocidio contra los rohinyás.

Los trabajadores humanitarios dicen que es difícil calcular cuántas mujeres han sido violadas, pero los incidentes son tan comunes que Médicos Sin Fronteras (MSF) ha desarrollado un programa para brindar apoyo a las víctimas.

Aerlyn Pfeil, una partera de MSF, ha enseñado a un grupo de jóvenes líderes femeninas una canción para difundir los servicios sociales disponibles en los campos de refugiados.

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“La violación puede sucederle a cualquiera. Después de ser violada no hay paz. No es mi culpa ser violada”, dice la canción. “Dentro de los tres días de la violación, necesitas un medicamento. Después de tres días, debes consultar a un médico”.

Algunas mujeres rohinyás aún traumatizadas por sus ataques han confiado en Pfeil. La partera parece destrozada, agotada por demasiadas historias de horror.

“Para varias de las mujeres con las que hablé fui la primera persona con quien compartieron sus historias”, dijo.

Sin embargo, para las víctimas, la catarsis rara vez es una opción. Deben enfocarse en la supervivencia, alimentar a sus hijos, ganarse la vida donde la dignidad es difícil de conseguir.
Ninguna de las víctimas con las que habló CNN había recibido atención médica.

“Claro, están preocupados por el embarazo, sí están preocupados por las ITS [infecciones de transmisión sexual], pero principalmente les preocupa que todavía estén usando la misma ropa y que no tengan techo sobre la cabeza de sus hijos y su refugio todavía “no se ha construido”, dijo Pfeil.

Esta foto tomada el 10 de octubre muestra los restos de aldeas quemadas cerca de Maungdaw en el estado de Rakhine Norte. (Crédito: MARION THIBAUT/AFP/Getty Images)

Decenas de mujeres han recibido tratamiento médico y psicológico por violación, y aproximadamente la mitad de ellas son niñas menores de 18 años, informó MSF a principios de este mes.

“La parte más desgarradora para mí es que las mujeres que entran todavía llevan las mismas faldas. Todavía llevan las mismas faldas con que fueron atacadas”, dijo Pfeil.

“Es desgarrador que tres meses después te sigas poniendo la misma falda que alguien te atacó”.

Clarissa Ward de CNN contribuyó a este informe.