(CNN) – La decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de imponerles nuevos aranceles a las importaciones de acero y aluminio ha espantado a los mercados, provocado la renuncia de su principal asesor económico, inquietado a los mayores aliados y ampliado la distancia con los republicanos tradicionales.

Y, sin embargo, Trump firmó la medida, a pesar de las persistentes preguntas legales y la fuerte resistencia de los opositores.

“Vamos a ser muy justos, vamos a ser muy flexibles, pero vamos a proteger al trabajador estadounidense como dije en mi campaña que lo haría”, sostuvo Trump durante una reunión con miembros de su gabinete este jueves.

La expectativa de que los nuevos impuestos desencadenen una batalla comercial –que Trump insiste en que su país puede ganar, pero que de hecho despierta preocupación entre algunos de sus asesores más cercanos porque podría afectar seriamente el crecimiento de la economía– son altas. En el mismo día en que 11 aliados de Estados Unidos –sin este país– firmaron el Acuerdo Transpacífico, la medida de los aranceles solo enfatiza que el presidente está acogiendo las políticas proteccionistas que él cree lo ayudaron a ganar las elecciones.

Trump dijo que no aplicará los nuevos aranceles a algunos países por motivos de seguridad nacional, un atenuante en su decisión inicial de que no habría exenciones en la medida. Aún así, firmó la medida los aumentos anunciados la semana pasada: un 25% de aranceles para las importaciones de acero y un 10% para las de aluminio.

Para el anuncio, Trump invitó a representantes de las industrias del acero y del aluminio para que respaldaran su argumento de que esos aranceles mejorarán las condiciones de empleo y beneficiarán a las plantas estadounidenses.

Carrera a contrarreloj

En la mañana de este jueves, la situación estaba envuelta en la incertidumbre. Múltiples funcionarios se despertaron sin una idea clara de lo que Trump firmaría durante el evento de la tarde. Y desde la semana pasada, los asesores estaban luchando para concluir los detalles acerca de los aranceles, después de que el presidente señalara que los impondría en una reunión con ejecutivos de las industrias.

Múltiples altos funcionarios del gobierno, cercanos a la planeación, dijeron que Trump estaba preparado para firmar algo en la tarde del jueves, a pesar que los últimos detalles del documento se seguían trabajando en la mañana. De hecho, los asesores tenían listo un memorándum, en gran parte simbólico, que declaraba el propósito del mandatario de tomar medidas sobre los aranceles, en caso de que una orden más sustancial no llegara a terminarse.

Pero, hacia el medio día parecía que el lenguaje formal que imponía los nuevo aranceles estaba listo para firmarse. Trump informó que ciertos países serían excluidos de la medida, como México y Canadá. Además, dejó abierta la posibilidad de que otras naciones como Australia, que son importantes para la seguridad nacional, también reciban exenciones.

“Tengo el derecho de subir o bajar dependiendo del país y tengo el derecho de sacar o incluir países”, indicó Trump.

La orden final incluye un mecanismo para permitirle al presidente excluir ciertos países a futuro, pero que no se incorporarían exenciones específicas por naciones.

Aun más desorden en la Casa Blanca

La disputa sobre los aranceles ha llevado a la Casa Blanca a un mayor desorden desde la semana pasada. El anuncio sorpresivo de Trump ya asustó a los mercados, causó una grieta con sus aliados más cercanos en el Capitolio y provocó la renuncia de su principal economista, Gary Cohn.

Este miércoles y jueves, los asesores describieron los rápidos cambios de ritmo en la agenda, mientras Trump presionaba a su personal para que terminara de escribir el decreto sobre los aranceles. Inicialmente, se había planeado un evento al medio día de este jueves, antes de moverlo a las 3:30 de la tarde. Después, antes las insistentes preguntas sobre la legalidad de la medida, la reunión se anuló de la agenda y el presidente determinó que firmaría los nuevos aranceles la semana siguiente. Pero, en la mañana del jueves, el evento regresó a la agenda y Trump lo anunció en Twitter.

Los representantes de las industrias del acero y el aluminio ya se estaban convocando en Washington antes del anuncio. Trump los hizo legar con la esperanza de ilustrar su decisión a los trabajadores, argumentando que las líneas de producción y plantas podrían reforzarse.

Y mientras se programaba el evento de la tarde, los funcionarios del gobierno seguían preocupados que al excluir a México y Canadá de los aranceles de acero –algo que el mismo Trump planteó como una manera de ganar ventaja en las negociaciones del TLCAN– se pudieran estar afectando los argumentos para los aranceles en sí.

Los asesores del presidente insisten en que las tarifas son necesarias para la seguridad nacional y están usando ese argumento como su base legal. Pero el TLCAN no está relacionado con la seguridad nacional, y excluir a Canadá y México por esa razón podría provocar desafíos legales en la Organización Mundial del Comercio.

El enigma es uno de los temas que causó un alto en la firma, explicaron los funcionarios.

Por su parte, y ante todas las reacciones nacionales e internacionales que despertó su medida, Trump declaró que las guerras comerciales son “fáciles de ganar” e hizo campaña con la promesa de renovar las industrias estadounidenses abofeteando las barreras al comercio de otros países.