Nota del editor: Melissa DePino es directora de Leapfrog Group, una compañía de comunicación y mercadeo para asociaciones sin fines de lucro. Es exprofesora de inglés y coautora de la novela "Pretty Little World". Las opiniones expresadas aquí son propias de la autora.

(CNN) - El jueves, fui lanzada, o mejor dicho, sin darme cuenta, me inserté de motu proprio en una conversación nacional sobre raza. Yo: una mujer blanca de mediana edad, de clase media alta, que nunca he tenido que preocuparme sobre adónde voy, qué hago ni cómo actúo. Y ahora que estoy aquí, en esta conversación, tengo algo que decir.

Lo más importante, esta atención que recibo por tuitear ese video que mostraba el horroroso tratamiento brindado a esos dos jóvenes negros en Filadelfia, que hacían lo que todos hacemos en Starbucks —sentarse a charlar tranquilamente— no debería ser sobre mí ni sobre ninguna otra persona que no experimenta este tipo de humillaciones, amenazas de violencia y discriminación a diario.

Sí. Fui el vehículo que encendió un nuevo capítulo en la conversación. Pero no importa cómo me siento ni cuál fue mi experiencia. ¿Cómo se sienten estos dos hombres que fueron arrestados? ¿Por qué ocurrió este incidente? ¿Qué podemos hacer para asegurarnos de que ya no ocurran incidentes como este o incluso peores?

Melissa DePino

Estas son las preguntas importantes.

Cuando publiqué el video, justo después de que sacaran esposados a los dos jóvenes del café y mientras los subían al patrullero, lo hice porque sentí que era lo correcto en ese momento. No esperaba que se tornara viral; de hecho, no esperaba que recibiera demasiada atención.

Cosas como esta les ocurren a las personas negras, o de piel morena, día a día en este país, y hablan, tuitean y escriben al respecto, pero por más razones de las que puedo comentar inteligentemente en este corto espacio, las personas que se ven como yo —las personas blancas— a menudo no ven, ni oyen ni creen sus historias. Y lo peor es que a menudo se necesita que una persona negra o morena experimente una situación dolorosa como esta –y que quede expuesta al mundo- para que muchos de nosotros nos involucremos siquiera, que en sí es parte del problema más amplio.

Imagen del video en el que se ve a policías deteniendo a dos hombres en un Starbucks en Filadelfia.

Después de que mi tuit se viralizó, una amiga bien intencionada de mi generación, que considera no tener ningún prejuicio racial, me dijo: "Estoy conmocionada. Nunca supe que estas cosas seguían ocurriendo hasta que vi tu video". Mi primer pensamiento en respuesta fue: ¿En serio? Y el segundo fue preguntarme: ¿Qué fue lo que le llegó en mi historia que no pasa con otras historias?

¿Fue porque el video fue filmado por alguien en quien confía... alguien que se ve como ella? ¿Es que no ingresa a la tan necesaria conversación sobre la raza porque tiene miedo o se siente incómoda? ¿Es que no cree que en el Estados Unidos de 2018 este cuente como un problema propio? Estas también son preguntas importantes y no tengo buenas respuestas.

Me alegra que la publicación de ese video le haya permitido ver la realidad y creerla. Lo que no me hace feliz de esto es que implicó exponer el trauma y la humillación que experimentaron estos jóvenes para que ella –y también yo– nos involucrásemos. Pero ahora que ella y los otros 10 millones de personas, y las que se siguen sumando, lo han visto, espero que realmente comiencen a escuchar. No que me escuchen a mí, sino a las personas que experimentan los efectos dolorosos y destructivos de este prejuicio implícito. Este prejuicio podría ser incluso una versión más insidiosa que la versión de racismo de nuestros padres y abuelos, si es posible siquiera comparar en modo alguno ambas versiones; probablemente no.

La gente me sigue preguntando qué espero que ocurra ahora, y tengo algo que decir al respecto. Espero que muchos más de nosotros digamos algo cuando vemos algo, que nos eduquemos y nos sumemos a una conversación honesta –aunque sea dolorosa e incómoda– sobre raza; una conversación tan esperada a la que se debe dar lugar.

Cosas como esta les ocurren a las personas negras, o de piel morena, día a día en este país, y hablan, tuitean y escriben al respecto, pero por más razones de las que puedo comentar inteligentemente en este corto espacio, las personas que se ven como yo —las personas blancas— a menudo no ven, ni oyen ni creen sus historias"

Melissa DePino