(CNN) – Es el tipo de investigación científica que inspira los mejores sueños de la ciencia ficción: un grupo de neurobiólogos de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA, por sus siglas en inglés) “trasplantó”un recuerdo del sistema nervioso de un caracol a otro.

Y para poder hacerlo, el equipo “entrenó” a uno de los animales con descargas eléctricas.

“Inducimos una clase de recuerdo muy simple en los caracoles llamada sensibilización”, explicó David L. Glanzman, autor principal del estudio y miembro del Departamento de Biología Integrativa y Fisiología de la UCLA.

Él compara dicha sensibilización a la experiencia de vivir un terremoto u otro evento estremecedor. “Estarías muy nervioso durante algún tiempo”, indicó.

Glanzman y su equipo aplicaron una serie de descargas eléctricas en la cola de los caracoles. “El resultado es que sus reflejos mejoraron bastante. Si tocábamos su piel, se contraían con mucha fuerza”, detalló.

Cuando los caracoles estuvieron en buena forma y nerviosos, los investigadores extrajeron el ácido ribonucleico (ARN) de sus sistemas nerviosos y lo inyectaron a otros caracoles no entrenados, es decir que no habían recibido las descargas eléctricas.

Una ilustración simplificada del proceso de transferencia de memoria realizado para la investigación.

“Veinticuatro horas después, probamos los reflejos de esos caracoles y mostraron los mismos reflejos de aquellos que recibieron las descargas”, indicó Glanzman.

Sus hallazgos fueron publicados esta semana en la revista eNeuro.

¿Por qué caracoles?

No es coincidencia que este avance científico se lograra con la ayuda de algunos amigos gastrópodos. Según Glanzman, los neurobiólogos han estudiado durante décadas las maquinaciones en los cerebros de caracoles.

“Soy un reduccionista en mi enfoque para entender la memoria”, señaló. “Los cerebros humanos son tan complejos… así que los caracoles tienen muchas ventajas en el sentido de que cuentan con sistemas nerviosos relativamente simples”, añadió.

Y lo que aplica en un caracol probablemente también lo haga –en términos evolutivos– para los humanos de cierta manera.

“La manera en que procede la ciencia es: primero descifras las cosas simples y después construyes sobre ellas”, explicó Glanzman. “Muchos de los mecanismos celulares del aprendizaje y la memoria que identificamos en todos los animales se observaron por primera vez en el caracol”.

¿Qué significa esto para los humanos?

La transferencia y el trasplante de memoria son hechos fascinantes para analizar. Pero el solo hecho de que funcione en caracoles no quiere decir que dentro de poco estaremos viviendo en el reino de “WestWorld” o de The Eternal Sunshine of the Spotless Mind. Es más, la aplicación para los humanos es mucho más práctica y útil.

“Pudimos transferir el recuerdo usando ARN”, dijo Glanzman. “Entonces, si piensas en trastornos humanos de la memoria –como la demencia, el alzheimer, o el estrés postraumático– y si podemos identificar parte del ARN que produce el aprendizaje de cosas como la alteración, es posible que podamos usar ese conocimiento para crear tratamientos nuevos y más efectivos”, afirmó el neurobiólogo.

En otras palabras, una mejor comprensión de cómo los recuerdos se crean físicamente en los componentes del sistema nervioso –que incluye al cerebro– podría llevar a un mayor entendimiento de las enfermedades y los trastornos relacionados con la memoria.

Los hallazgos también desafían algunos conocimientos populares sobre cómo se almacenan los recuerdos.

“El modelo dominante del aprendizaje y la neurociencia en la actualidad es que cuando un animal aprende algo hay un crecimiento en las nuevas conexiones sinápticas o un cambio en las existentes”, explicó Glanzman. “Así que, esencialmente, la memoria se almacena en las sinapsis. Nuestro estudio sugiere que eso puede no ser cierto”.