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Noticias de EE.UU.

La asombrosa evolución de la defensa de Trump para el caso de Rusia

Por Gregory Krieg

(CNN) — Cuando se trata de la investigación de Rusia, no es tanto que el equipo de Trump tenga la costumbre de “mover los postes”, sino que esos postes han sido manipulados como patines y empujados cuesta abajo hacia lo que parece ser un final inevitable: donde no importa qué encuentre el fiscal especial Robert Mueller, Trump se declarará vindicado.

“No hubo colusión” ha sido el grito de batalla constante de Trump, lo ha tuiteado docenas de veces desde que asumió el cargo, incluso cuando él mismo mengua el estatus de los asesores implicados en la investigación (por ejemplo, el exasesor de política exterior George Papadopoulos) para minimizar su influencia y la sugerencia de, sí, colusión.

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Pero para tener una idea real del grado y la frecuencia con la que la historia de la Casa Blanca ha cambiado, necesitamos rebobinar la cinta unos días después de las elecciones de 2016.

Cuando los funcionarios rusos afirmaron que sus “expertos” y “especialistas en EE.UU.” habían estado en contacto con personas de las campañas de Trump y Clinton, la exvocera de Trump y antigua directora de Comunicaciones de la Casa Blanca, Hope Hicks, rechazó los informes rotundamente.

“Nunca sucedió”, le dijo a Associated Press. “No hubo comunicación entre la campaña y ninguna entidad extranjera durante la campaña”.

Eso fue entonces. Durante los siguientes 18 meses, los relatos sobre quién se reunió en la campaña de Trump con quién, cuándo y por qué motivos han evolucionado convenientemente o se han revertido por completo. Solo la trayectoria ha permanecido igual, mientras Trump y sus asesores, con el exalcalde de la ciudad de Nueva York, Rudy Giuliani, como el ejemplo más reciente, elevando continuamente el listón, que ahora está casi fuera de la vista, de lo que ellos aceptarían como prueba de malhacer.

Donald Trump junto al exalcalde de Nueva York Rudy Giuliani el 20 de noviembre de 2016. (Crédito: AP Photo/Carolyn Kaster)

Donald Trump junto al exalcalde de Nueva York, Rudy Giuliani, el 20 de noviembre de 2016. (Crédito: AP Photo/Carolyn Kaster)

Las negativas no calificadas se suavizarían con el tiempo. Incluso después de que se revelara que su primer consejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn, había engañado a la Casa Blanca sobre sus contactos postelectorales con el embajador ruso, Trump en una conferencia de prensa dijo a los periodistas: “No tengo nada que ver con Rusia”, agregó: “Hasta donde yo sé, ninguna persona con la que trato lo tiene”.

Unos días después, el 20 de febrero de 2017, Sarah Sanders, entonces secretaria de Prensa adjunta, se hizo eco de Trump.

“Aquí no hay historia”, dijo, “porque hasta donde sabemos, no hubo contactos, por lo que es difícil hacer un comentario sobre algo que nunca sucedió”. Poco después, en marzo, Donald Trump Jr. le dijo a The New York Times que aunque probablemente se reunió durante la campaña “con gente que era rusa”, nunca se “acordó” nada, al menos “nada en lo que caiga en el momento. Y ciertamente ninguno representaba la campaña de ninguna manera o forma”.

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Pero esas afirmaciones explotaron unos meses después, cuando The Times informó por primera vez sobre la reunión de la campaña con una abogada rusa, entre otros, en la Torre Trump en junio de 2016. Después de publicar una declaración pública que minimizaba la reunión diciendo que fue breve e “introductoria”, centrada en la política de adopción, Trump Jr. cambió su tono.

Aquí están dos de sus declaraciones, que más tarde conocimos que habían sido elaboradas con la guía de su padre y funcionarios de la Casa Blanca, en respuesta al informe inicial, lado a lado:

Unos días más tarde, Trump Jr. decidió lanzar los correos electrónicos previos a la reunión antes de las noticias, confirmando de manera efectiva los informes que había negado inicialmente. Tal vez el intercambio más memorable llegó justo al principio, el 3 de junio de 2016, cuando el publicista británico Rob Goldstone informó a Trump Jr. que alguien con vínculos con el Gobierno ruso tenía “algunos documentos oficiales e información que incriminaría a Hillary y sus relaciones con Rusia y sería muy útil para tu padre”.

Trump Jr. respondió que estaba de viaje, pero que estaría disponible la semana siguiente y, de manera memorable, “si es lo que dices, me encanta, especialmente más adelante en el verano”. La reunión tendría lugar el 9 de junio, con el yerno y asesor de Trump, Jared Kushner, y el entonces presidente de la campaña, Paul Manafort. No hay evidencia de que Trump haya sido informado sobre lo que sucedió, pero Trump Jr. hizo tres llamadas, en total, para bloquear números antes y después de la reunión.

¿Quién estaba en la otra línea? Hablando con los investigadores del Congreso, Trump Jr. dijo que no lo recordaba.

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Los mensajes públicos iniciales mixtos, y en última instancia engañosos, sobre la reunión en la Torre Trump marcaron el final no oficial de la era de la negación general.

También trabajaron horas extras para enturbiar las aguas, litigando el significado de “colusión” y agregando a menudo, como lo hizo Trump durante una entrevista con el Times a finales de diciembre, que “incluso si hubo (colusión), no es un crimen”.

“Para que algo sea un crimen, tiene que haber un estatuto que usted afirma que está siendo violado”, dijo el abogado personal de Trump en la investigación de Rusia al jefe de análisis legal de CNN, Jeffrey Toobin, ese mismo mes en New Yorker. “No hay un estatuto que se refiera a la colusión criminal. No hay delito de colusión”.

Y eso es cierto, hasta cierto punto. No hay nada en el código penal que prohíba o incluso legalmente defina “colusión”. Como dijo el exdirector del FBI, James Comey, durante un evento de la CNN el mes pasado, “la colusión no es algo que exista bajo las leyes federales de los Estados Unidos. Nunca había escuchado el término hasta que apareció en los medios”. Aún así, el encuadre de la conversación —con un impulso del equipo de Trump— ahora pasó de, como lo expresó Hicks: “no hubo comunicación entre la campaña y ninguna entidad extranjera durante la campaña”, a la sugerencia de que, incluso si había, no era necesariamente ilegal.

Avance rápido ahora unos meses (con algunos abogados más renunciando mientras tanto) a las últimas dos semanas, cuando Giuliani surgió como la cara pública de la defensa de Trump. El panorama general se ha vuelto más complicado con el tiempo, con la aparición de Stormy Daniels y nuevas revelaciones sobre Michael Cohen, el abogado de Trump que pagó en octubre de 2016, para mantener a Daniels en silencio sobre un supuesto romance de hace una década con Trump. (Desde entonces, el presidente le ha reembolsado). Pero incluso con tanto cambio, la táctica ha permanecido en gran medida igual.

Durante los últimos días, Giuliani ha argumentado que, aun cuando Trump afirma tener muchas ganas de una reunión con Mueller y su equipo, los investigadores no tienen el poder para obligar a que testifique. Es una afirmación legalmente dudosa dado que los presidentes anteriores han estado sujetos a citaciones, aunque ninguno se vio obligado a sentarse a una entrevista como parte de una investigación criminal.

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Si Trump podría ser acusado es una pregunta más complicada. Giuliani dijo a CNN la semana pasada que el equipo de Mueller había “reconocido” que tal movimiento no estaba sobre la mesa. “Todo lo que tienen que hacer es escribir un informe”, dijo Giuliani. “No pueden acusar. Al menos nos lo reconocieron después de algunas batallas, nos lo reconocieron”. Pero no hay una ley establecida aquí, solo las pasadas opiniones del Departamento de Justicia de Estados Unidos.

Ese es el statu quo. El resto es solo posturas. En la víspera del primer aniversario del nombramiento de Mueller, Giuliani resumió bastante bien el estado de la defensa de Trump durante una aparición en Fox News.

“Cuando me postulé (para la oficina), me buscaban basura todos los días. Eso es lo que haces. Quizás no deberías. Pero lo haces”, dijo. “No hay nada ilegal en eso. Incluso si proviene de un ruso, alemán o estadounidense, no importa”.

Eso, cruzado con la larga y continua campaña de Twitter de Trump para desacreditar la investigación como una “cacería de brujas”, es lo que queda por hacer. A pesar de todo el drama y las luchas internas, Trump y su equipo, incluso cuando cambia, han demostrado ser ágiles y, bueno, creativos.

No importa lo que ocurra, tienen una racionalización o desviación lista para funcionar, incluso cuando va en contra de la sustancia de lo que una vez reclamaron.