Nota del editor: Alice Driver es una periodista freelance y traductora cuyo trabajo se centra en los temas de migración, derechos humanos e igualdad de género. Actualmente, vive en Ciudad de México. Driver también escribió el libro “More or Less Dead: Feminicide, Haunting, and the Ethics of Representation in Mexico”. Los comentarios expresados en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

(CNN) – Un amor constante, poético y feroz por los inmigrantes y los refugiados marcó la vida del chef, escritor y narrador de historias Anthony Bourdain. La misma que terminó de manera trágica este viernes a los 61 años. Él fue un defensor incansable de los más débiles. Era sumamente consciente de que la mayoría de personas que preparan nuestra comida –quienes nos alimentan y lavan nuestros platos– son inmigrantes.

Encontré por primera vez la voz irreverente y calcinante de Bourdain en su artículo “Don’t Eat Before Reading This” (“No comas antes de leer esto”), publicado por la revista The New Yorker en 1999. Allí describía su camino para convertirse en chef y su “amor (por) la rareza auténtica de la vida en la cocina: los soñadores, los chiflados, los refugiados y los sociópatas con los que continúo trabajando; los siempre presentes olores de los huesos tostados, del pescado ardiente y de los líquidos a fuego lento; el ruido y el estrépito, el silbido y el rocío, las llamas, el humo y el vapor”.

Cuando leí su bestseller Kitchen Confidential (Confesiones de un chef), publicado en el 2000, yo era una estudiante de Español en la Universidad de Berea en el área rural de Kentucky. También me encontraba trabajando como mesera y hacía trajo voluntario de traductora. Esas actividades me pusieron en contacto diario con inmigrantes de México y Centroamérica.

Vi su sudor, su angustia y sus luchas, mientras trabajaban hacia el famoso sueño americano. En ese momento, garabateé esta cita del libro de Bourdain en uno de mis cuadernos: “Nadie entiende y aprecia el Sueño Americano del trabajo duro que lleva a las recompensas materiales mejor que un no estadounidense”.

Bourdain era un rebelde y un inadaptado, y utilizó su escritura, sus programas de televisión y su plataforma con el objetivo de defender la igualdad para todos. De hecho, lo hizo con un sentido del humor que dividió al mundo e hizo reír incluso a sus críticos más feroces. En su libro de 2011 Medium Raw: A Bloody Valentine to the World of Food and the People Who Cook (En crudo: la cara oculta de la gastronomía), escribió: “Hombre, mujer, gay, heterosexual, legal, ilegal, país de origen, ¿a quién le importa? O puedes cocinar un omelet o no”.

Él forzó una conversación en EE.UU. que tardó en llegar, una en la que los estadounidenses debían pensar sobre la discordancia entre nuestro amor por la comida y la cultura mexicana y su influencia en el país frente a nuestras políticas de inmigración. En su ensayo de 2014 "Under the Volcano” (“Bajo el volcán”) escribió: “Amamos a los mexicanos, en la medida en que seguramente empleamos muchos de ellos. A pesar de nuestras actitudes ridículamente hipócritas con respecto a la inmigración, exigimos que los mexicanos cocinen un gran porcentaje de los alimentos que consumimos, que cultiven los ingredientes que necesitamos para hacer esa comida, que limpien nuestras casas, corten nuestro césped, laven nuestros platos, cuiden a nuestros hijos”.

Bourdain también se enfrentó a los matones, incluido el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Pero lo hizo con humor, defendiendo la humanidad de los inmigrantes mientras al mismo tiempo decía sobre Trump: “Él se come su bistec bien asado. Creo que realmente eso lo resuelve”. Si bien criticaba las políticas del hoy presidente, el chef también quería conocer y comprender a los partidarios de Trump. En abril de 2018, viajó a las zonas rurales de Virginia Occidental y escribió: “La gente que conocí allí fue infaliblemente amable y flexible con mis tendencias liberales”.

Él grabó el episodio en un momento en que las tensiones políticas eran tan altas como “una súplica por la comprensión de las personas cuyas historias, sentido del orgullo, independencia y abrumadores desafíos merecen respeto”. Bourdain se dio cuenta que compartir el pan con los partidarios de Trump nos ayudaría a quienes vivimos en un país dividido a reconocer nuestras raíces comunes en esta nación de inmigrantes.

Lo que resultaba más hermoso de Bourdain, quien podría ser un salvaje vaquero trotamundos algunas veces, era ver su constante y duramente luchada evolución como ser humano.

En diciembre de 2017, a raíz de las acusaciones por acoso sexual contra varios chefs famosos, publicó el artículo “On Reacting to Bad News” (“En reacción a malas noticias” en la plataforma Medium. Y allí escribió: “En estas circunstancias, uno debe elegir un lado. Estoy sin vacilaciones y firmemente con las mujeres. No debido a la virtud, integridad o gran indignación moral –por mucho que me gustaría decirlo– sino porque al final de mi vida conocí a una mujer extraordinaria con una historia particularmente espantosa que contar, quien me presentó a otras mujeres extraordinarias con historias igualmente horribles”.

Esa mujer es Asia Argento, quien era su novia, y en mayo de 2018, cuando el movimiento #MeToo (#YoTambién) estaba ganando fuerza, él publicó en Twitter su apoyo para ella, quien había acusado de violación al productor de Hollywood Harvey Weinstein. “Cuando lo dijiste públicamente, @AsiaArgento, estabas segura de que este día nunca llegaría, de que estarías destrozada, de que estabas sola. Y aún así lo hiciste”, escribió Bourdain.

Anthony Bourdain luchó por aquellos que persistieron, que perseveraron, aquellos que asumieron poderes más grandes que sí mismos, esos que en cualquier momento podrían ser aplastados por el peso de la vida. El hecho de que pudo haber sido el peso de esas mismas penas lo que lo aplastó, que podía defender a los otros con profunda sinceridad y fuerza, incluso mientras luchaba con sus propios demonios es un mensaje para todos nosotros.

Debemos prestar atención a ese mensaje. También recordar la defensa y el cuidado de los inmigrantes, refugiados, víctimas de agresión sexual y todos aquellos que son vulnerables. Como lo entendió Bourdain profundamente y lo dejó dejó en claro en su trabajo una y otra vez: lo único que puede salvarnos es reconocer y abrazar la humanidad de los demás.