Nota del editor: Camilo Egaña es el conductor de Camilo. Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor.

(CNN Español) - Colombia ha dado un giro copernicano al elegir por primera vez a una mujer vicepresidenta.

Hablo de un país en el que hace apenas 64 años las mujeres ganaban por fin, el derecho al voto.

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Doña Marta Lucía Ramírez, abogada de profesión y mujer de mano dura —según los que lo conocen— conservadora y mujer; mujer que no soporta las actitudes vergonzantes por ser precisamente eso, una mujer.

Mujer que jamás ha trabajado a imagen y semejanza de los hombres. Que ha sido la primera ministra de Defensa en un país en el que todavía hoy los militares tienen mucha importancia en la vida nacional. Y que plantó caro a cuanto le parecía corregible en el Ejército. De hecho, fundó la primera escuela de Derechos Humanos de las Fuerzas Armadas.

Fue embajadora en Francia mientras su marido se aburría en los cócteles que le parecían interminables. Él mismo lo ha contado.

Sus adversarios dicen que doña Marta Lucía Ramírez no representa por sí misma, una esperanza para las mujeres colombianas. Que su profundo compromiso con el sector más conservador de la derecha no presagia nada bueno para las feministas o al menos, para las mujeres que quieren vivir en un país que las respete más.

La señora Ramírez ha prometido hacer política y no politiquería. Puede que, si eso se concreta, salte la liebre y sorprenda a más de uno. No es estridente, pero en ocasiones, puede resultar algo imprescindible.

Una mujer orgullosa de serlo y de tener poder. Una mujer que, además, ha dicho con todas sus letras que tiene más experiencia política que Iván Duque, el hombre con el que tendrá que compartir ese poder durante cuatro años. De una mujer así se puede esperar mucho. Y reitero, más de una sorpresa incluso.

La señora Ramírez ha prometido hacer política y no politiquería. Puede que, si eso se concreta, salte la liebre y sorprenda a más de uno"

Camilo Egaña