Nota del editor: Roberto Izurieta es director de Proyectos Latinoamericanos en la Universidad George Washington. Ha trabajado en campañas políticas en varios países de América Latina y España. Además, ha sido asesor de los presidentes Alejandro Toledo de Perú, Vicente Fox de México y Álvaro Colom de Guatemala. Izurieta también es analista de temas políticos en CNN en Español. Carlos Vargas es estudiante de último año de Derecho de la Universidad de Asunción, Paraguay.

(CNN Español) – Las imágenes de ciudadanos (mayoritariamente) afroamericanos en los techos de sus casas de Nueva Orleans luego del huracán Katrina, cambió la ineficiencia del manejo de la emergencia por parte de George W. Bush.

El video de la supuesta venta de partes de fetos que puso a Planned Parenthood en el centro de otra tormenta política, le ha costado la pérdida de financiamiento para muchos de los servicios que ofrecen a mujeres de bajos recursos.

Y ahora las imágenes de niños llorando desesperados por ser separados de sus padres y encerrados en lo que parecían jaulas de perros, terminó con la práctica iniciada por Donald Trump y Jeff Sessions de la separación de niños y sus padres en la frontera.

Una vez más entendemos el poder de la imagen: esa que consiguió –a cambio de nada– Donald Trump junto al dictador Kim Jong un en Singapur. La crisis actual le da en realidad un respiro a Donald Trump del hecho que la bolsa de valores dejó de crecer como iba en el 2017 y de la devastadora imagen de ver a su exgerente de campaña llegando esposado a prisión.

Donald Trump puede no entender –o querer no entender– la complejidad de los asuntos de Estado y los límites de poder que establece la democracia. Pero sin duda, por su propia profesión –o actividad–, entiende muy bien el poder de crear una crisis para promover su “marca”: Donald Trump. Con ello, él hace que los medios nos concentremos en estos escándalos y no en la sustancia de los hechos. Pero como siempre en estos artículos de CNN quiero pasar a la sustancia.

Hace tan solo unos días estuvimos celebrando el Día del Padre y disfrutábamos en el poder y el valor de la familia. Los valores que ninguna ideología, política, religión o lugar geográfico pueden romper son los de la familia porque es nuestra naturaleza humana. Pero las imágenes de la política de separación de niños y sus padres ofende esta celebración; además de atentar contra principios básicos de los derechos humanos.

Las acciones de la inmigración ilegal de parte del gobierno de Donald Trump parece pura retórica que no ofrece un cambio de políticas migratorias, pero sí ofrece la oportunidad de hacer discursos y muchos tuits para movilizar su base electoral.

La política “tolerancia cero” contra la inmigración ilegal anunciada por Jeff Sessions ha separado a más de 2000 niños de sus padres en la frontera en menos de dos meses. Están procesando a sus padres por causas penales y no como antes en causas civiles –eso permite la separación–.

Jeff Sessions justificó estas medidas con pasajes bíblicos. El sentido común y la defensa de los derechos humanos parecen contradecir con el pasaje bíblico que encontró el secretario de Justicia. Endosó completamente la declaración de la senadora por el estado de Florida, Diane Feinstein, una de las propulsoras del Keep Families Together Act. “Esto es acerca de nuestros valores como país, esto es lo que somos como país”, dijo Feinstein.

Debemos hacer un esfuerzo para pasar de la foto –o la crisis– al fondo del problema. Y el fondo de este problema son millones de indocumentados que deben tener una salida digna: en mi opinión su formalización. Empezando por aquellos que ya han contribuido sin percance al desarrollo de este país. Es fundamental recordar que la inmigración ilegal no ha aumentado, sino más bien disminuido.

Entonces, la urgencia de este problema es una creación mediática. La respuesta al problema de la inmigración pasa primero por restablecer DACA –con una legislación o la renovación de su decreto ejecutivo como estaba– y con una ley de inmigración INTEGRAL que enfrente y resuelva gran parte de los problemas y las oportunidades que toda inmigración produce.

Como estado debemos priorizar la persecución de delincuentes peligrosos de la sociedad. No a los hombres y mujeres que buscan solo trabajar duramente para apoyar y construir un futuro de esperanza basado en el trabajo honesto y dedicado.

Hacer cualquier otra cosa, no dejará de ser un parche, un atajo que no resuelve el problema, sino que crea otros muchos peores, como separar niños de sus padres -cuando éstos han cometido solamente una falta civil y no penal-.

Por lo visto, la discusión de esta semana sobre una posible reforma de inmigración nos lleva a lo mismo: a una retórica de división, a la polarización. Y al hecho de perder otra oportunidad de resolver a fondo el problema de la inmigración.

Debemos hacer un esfuerzo para pasar de la foto –o la crisis– al fondo del problema. Y el fondo de este problema son millones de indocumentados que deben tener una salida digna: en mi opinión su formalización".

Roberto Izurieta