(CNN) - La mujer dice que tenía una vida "normal" en la capital de Honduras: una casa, un trabajo y un hijo por quien haría cualquier cosa para proteger.

La amenaza de pandillas siempre estuvo presente, dijo: el año pasado, tres niños de su barrio fueron asesinados por negarse a unirse a la MS-13 o Mara Salvatrucha. Luego, la violencia entró a su casa y amenazó con llevarse a su hijo, dijo, y no le quedó más remedio que huir a Estados Unidos.

Menos de una semana después, fueron capturados en las orillas del Río Grande por un agente de Aduanas y Protección Fronteriza de EE.UU.

LEE: Esto es lo que sabemos de los niños separados en la frontera de Estados Unidos con México

CNN estaba con un agente cuando se encontró con la madre y su hijo junto con otros cuatro inmigrantes: un hombre, su hijo de tres años y dos menores no acompañados. Según la orden de las autoridades, CNN no está nombrando a los migrantes.

Son muchas familias las que cruzan la frontera cada día, aparentemente ajenas al furor político sobre su destino cuando abandonan sus hogares temiendo por sus vidas. Sus ropas limpias y su apariencia relativamente cuidada sugieren que intentaron cruzar legalmente y que quizás no intentaron evadir la captura, dijo el agente Robert Rodríguez.

Imagen de la madre hondureña que huyó de Tegucigalpa para evitar que la MS-13 raptara a su hijo menor de edad.

Pero su futuro no está claro en medio de las condiciones creadas por la política de tolerancia cero del gobierno de EE.UU., de enjuiciar a todo aquel que intente cruzar la frontera ilegalmente. Si bien el Departamento de Justicia continuará enjuiciando en tribunales federales a los adultos que lo hagan, el decreto del presidente Donald Trump ordena que las familias se alojen juntas "cuando corresponda y de conformidad con la ley y los recursos disponibles".

El agente fronterizo halló al grupo entre hierba crecida y árboles, y les dijo que los llevaría a un centro de procesamiento central en McAllen, Texas. Después de que los llevó a un vehículo, les dio agua y les hizo varias preguntas para asegurarse de que estuvieran bien.

Antes de comenzar la siguiente parte de su viaje, compartieron algunos detalles de las elecciones de vida o muerte que los llevaron hasta este punto.

"Nunca dejaría que capturen a mi hijo"

La Mara Salvatrucha, o MS-13, se originó hace décadas entre los inmigrantes salvadoreños en Los Ángeles, utilizando el crimen violento para intimidar a las pandillas rivales, las fuerzas del orden y el público. La pandilla ha expandido su red a través del reclutamiento y la migración en Estados Unidos y Centroamérica, apuntando a reclutar niños como el hijo de esta mujer.

Los miembros de la MS-13 suelen merodear por el barrio de Tegucigalpa donde vivían, dice ella. La pandilla usa a los niños como "halcones" o vigías, refiere. Les dan pistolas y loss colocan alrededor de su territorio, preparándolos para convertirse en miembros de pandillas, dijo.

El sábado, los miembros de las pandillas llegaron a su casa con un ultimátum, dijo llorando: que entregue a su hijo o los matarían a ambos.

LEE: ¿Qué pasará ahora con los 2.300 niños inmigrantes detenidos en todo Estados Unidos?

Huyeron a la mañana siguiente. Su hijo es un ciudadano estadounidense, nacido en Dallas, Texas, y ella esperaba que encontraran seguridad, junto con atención médica para un tumor no tratado en la nariz.

Su hijo comienza a llorar mientras escucha su historia. Él no quería irse de Honduras, dice, y lamenta haber causado esto.

Ella dice que no tenía idea de que, hasta hace poco, las familias se separaban en la frontera. Pero ella todavía habría venido, aunque lo supiera, dijo.

Una decisión de vida o muerte

El hombre en el grupo también describe circunstancias terribles. Su hijo de tres años se retuerce junto a él mientras comparte su historia.

Él dice que llegó desde Honduras porque es víctima de extorsión. Extraños aparecían en su casa y pedían dinero, amenazando con matarlo a él y a sus hijos, dijo. Denunció el caso a la policía, pero no hicieron nada, lo que lo llevó a preguntarse si posiblemente estaban involucrados, dijo.

Tuvo que irse y buscar asilo en la frontera, dijo. Dejó atrás a un niño de un año en un lugar donde espera estar a salvo. El viaje con un niño fue difícil, dijo, con muchas noches de insomnio.

LEE: Estos son los lugares por los que miles de personas cruzan a pie legalmente la frontera entre México y EE.UU.

También dice que no sabía nada sobre la política de separación familiar cuando se fue. Pero dijo que preferiría "un millón de veces más" unos pocos días luchando en Estados Unidos que uno más en Honduras bajo amenaza de muerte.

¿Qué piensa él de quienes podrían decir que no pertenece a Estados Unidos, que creen que es un criminal que debería ser detenido y deportado?

"Son personas que tal vez no han vivido lo que uno vive", responde.

Nick Valecia informó desde Granjero, Texas. Emanuella Grinberg informó y escribió esta historia en Atlanta.