Nota del editor: Camilo Egaña es el conductor de Camilo. Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor.

(CNN Español) – No soy futbolero, pero soy de Messi. Mientras lo sigan apaleando y ninguneando, le iré a Messi.

Pero a mí quien me fascina es alguien que no juega: Jorge Valdano, exfutbolista, entrenador argentino y columnista que parece un modelo de alta costura para caballeros muy solventes.

Valdano contaba un buen día que siempre levantó ronchitas entre sus compañeros de equipo porque aparecía en el vestidor con un libro. Los que les temen a los libros lo mirarían como si hubiera aparecido con una pistola cargada.

Valdano admite que leerte Guerra y Paz no garantiza que seas mejor futbolista si te da por eso, pero “tampoco está demostrado que leer un libro te haga peor futbolista. Y la vida bajo el cobijo de Dostoyevski, Wilde, Rulfo o Vázquez Montalbán se vive mejor’’. ¡Qué agallas tiene este hombre!

Jorge Valdano es un señor capaz de recitar a Borges y citar a Cortázar; desdeñar de la manera más elegante cualquier tontería trending y explicar por qué la llamada partícula de Dios nada tiene que ver con Dios.

Solo un tipo como él podría explicar sin convocar al bostezo ni al gruñido porque en el Mundial de Futbol nos difuminamos, nos diluimos en la más formidable ilusión colectiva y nacionalista, y por qué cuando todo termina, empezamos a venerar a los futbolistas como dioses pagados y vendidos al mejor postor mas allá de las banderas y los himnos nacionales.

Deberíamos clonar a Valdano porque es el antídoto más poderoso ante las embestidas de la petulancia intelectual que practican algunos con el fútbol. Como si abandonarse a la pasión de un buen partido manchara su pedigrí.

Eduardo Galeano dejó escrito en Fútbol a sol y sombra (1995) que el futbol se parece a Dios ‘’en la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales’’. Pues bien, lo peor que se puede decir de Valdano es lo que siempre se dice, que es un filósofo del fútbol. Otra tontería, porque Valdano es a la filosofía lo que Anthony Bourdain a la gastronomía. Son criaturas excepcionales y difíciles de encasillar en sus oficios porque son en sí mismo un oficio: el de vivir. Bourdain hablaba sobre todo de la vida y de la gente, no de la comida. Como Valdano, aunque repitamos una y otra vez que haya asegurado que ‘’el fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes”. De la vida toda, claro.

Deberíamos clonar a Valdano porque es el antídoto más poderoso ante las embestidas de la petulancia intelectual que practican algunos con el fútbol".

Camilo Egaña