(CNN) - Es un amor que ha perdurado más de 70 años. Comenzó cuando la reina Isabel II visitó por primera vez las caballerizas de un hipódromo.

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Tenía 16 años. Su padre, Jorge VI, estaba dándole una ojeada dos de sus mejores caballos de carreras: Big Game y Sun Chariot.

"Los vio galopar un poco antes de grandes carreras que eran inminentes", le cuenta el periodista y autor Julian Muscat a Winning Post de CNN, "y después les acarició la cabeza. Esa sensación y la sedosidad del pelaje la cautivaron. Cuenta la leyenda que no se lavó las manos en todo el día."

Su pasión no decae. La reina sigue montando a caballo los fines de semana, según Muscat, y el encuentro de Royal Ascot, que ocurre anualmente en el hipódromo de Ascot, a unos 40 kilómetros de Londres, es inamovible en su calendario.

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Lleva más de siete décadas asistiendo al evento, ya sea como espectadora o como exitosa entrenadora de caballos. A través de los años, ha disfrutado de 23 triunfos en el Royal Ascot.

Junto al Derby, que se lleva a cabo todos los años en Epsom el primer sábado de junio, es uno de los eventos inamovibles de su agenda que se planifica con 18 meses de anticipación.

Lo que la reina disfruta realmente, dice Muscat, es hablar con los que, como ella, son amantes de los caballos.

"Le encanta hablar con los jinetes que montan sus caballos porque ellos tienen una perspectiva sobre el carácter de los animales que ella no puede ver por sí misma", agrega.

"Pasión innata"

El cariño de la reina por los caballos le ha permitido tener una carrera exitosa como dueña de caballos de carreras.

John Warren, Consejero de purasangre y carreras de su majestad, dice que la reina tiene una "pasión innata".

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"Comenzó cuando era adolescente y tenía pequeños ponis peludos; después su padre la introdujo en la cría de los purasangre", explica Warren.

"Se volvió adicta al tema desde joven y nada ha disminuido ni cambiado en todos estos años."

Sus caballos obtuvieron un récord en 2016, ganaron más de 700.000 dólares. Las mayoría de esos premios fueron entregados a los entrenadores de los caballos.

Sin embargo, según Muscat, a la reina le importa menos ganar que darle a sus caballos la oportunidad desarrollar su potencial al máximo.

Muscat dice que "ella puede quedarse satisfecha con saber que les ha dado la mejor oportunidad de sus vidas" y agrega que "mientras haya buenas carreras, el interés de la reina se activará automáticamente."