Nota del editor: La analista de CNN Juliette Kayyem es la autora de "Security Mom: My Life Protecting the Home and Homeland." Es profesora en la Facultad Kennedy de Harvard, exsubsecretaria del Departamento de Seguridad Nacional en el gobierno de Obama y presidenta ejecutiva de Zemcar. Las opiniones expresadas en el artículo son propias de la autora.

(CNN) - Omarosa se superó a sí misma, lo que es difícil cuando uno es, bueno, Omarosa. Pero no hay que tomar a la ligera lo que dice haber hecho.

El domingo a la mañana, Omarosa Manigault Newman —exasistente sénior del presidente Donald Trump— afirma haber grabado una conversación en el Salón de estrategia de la Casa Blanca. En una entrevista en "Meet the Press" de NBC, Manigault Newman, autora de un libro sobre la Casa Blanca de Trump, difundió una grabación del secretario general de la Casa Blanca John Kelly cuando la despedía en enero pasado.

El hecho de que la grabación exista es impactante; que supuestamente haya ocurrido en el salón más seguro de la Casa Blanca, conocido como una Instalación de Información Sensible Compartimentada (SCIF, por sus siglas en inglés), debería respresentar una violación a los estrictos procedimientos internos que prohíben allí los dispositivos no seguros. El objetivo de estas reglas, por supuesto, es garantizar que ningún dispositivo externo pueda ser usado por enemigos extranjeros o servicios de espionaje para escuchar o grabar información sensible.

El objetivo es mantener seguro a Estados Unidos.

Si ocurrió lo que Manigault Newman cuenta, entonces parecería que, en esta Casa Blanca, el enemigo está adentro. Y si bien, como exfuncionaria de seguridad nacional, no condono la acción deliberada de Omaraosa, nadie debería sorprenderse de esto. Después de todo, la estrella reality shows –contratada por Trump y a quien le fue otorgado el acceso a los escalafones superiores del gobierno de EE.UU.– parece haber "calificado" para el trabajo principalmente por que ella (hasta el momento) le había sido leal a él.

Desde un principio, el presidente Trump ha desestimado los protocolos de seguridad. Y con su desdén por defender la cultura de seguridad, ha impuesto el clima en la Casa Blanca. ¿Qué les impide a las "tropas" simplemente seguir su liderazgo?

El presidente Trump a menudo ha comentado que quiere que la Casa Blanca funcione más como una empresa, su yerno y asesor sénior Jared Kushner le dijo al periódico Washington Post el año pasado que "el gobierno debería funcionar como una gran empresa estadounidense". Desafortunadamente, en cuanto a la cultura de la seguridad, la Casa Blanca está más cerca de la chapucería de British Petroleum para reparar el derrame de petróleo en el Golfo, o de los titubeos de Sony en torno a la crisis de ciberespionaje.

"Cultura de la seguridad" es un término usado a menudo en ámbitos corporativos. Cuando a una empresa le va bien, es "una forma de pensar y operar. Que está integrada al pensamiento y a la toma de decisiones diarias logrando una operación prácticamente impenetrable", escribe Kevin Beaver, especialista en seguridad empresarial. "Contrariamente", agrega, "la ausencia de una cultura de seguridad le allana el camino a la incertidumbre, y en última instancia genera incidentes de seguridad que probablemente no podamos afrontar."

La seguridad no surge de la nada. Requiere que la gente cumpla las reglas; y es tan fuerte como el eslabón más débil. Un sistema de ingreso por identificación, por ejemplo, no funciona si quienes tienen la identificación le abren la puerta a quienes no la tienen. Y en todas las instituciones y empresas, es el liderazgo lo que es esencial a la hora de marcar el tono de un riguroso cumplimiento de la seguridad.

Un presidente ejecutivo que impone reglas cibernéticas o un entrenamiento contra un atacante activo, es decir, el presidente ejecutivo que se involucra en el diseño y la ejecución de la seguridad, verá que sus empleados también se comprometen. El derrame de petróleo de BP no ocurrió en medio de la nada: fue consecuencia de una cultura de liderazgo que constantemente denigraba las preocupaciones de seguridad, en la cual los empleados se sentían atemorizados, incluso, de reportar problemas de seguridad.

El presidente Trump ha desdeñado constantemente el aparato de seguridad diseñado para proteger los secretos de Estados Unidos. Por ejemplo, durante meses en el gobierno de Trump, las autorizaciones de seguridad se otorgaban de forma interina porque gran parte del personal de la Casa Blanca no podía pasar la revisión del FBI; entre ellos, por un tiempo, Jared Kushner.

¿Por qué esto es importante? "Si el nivel de su autorización interina es Información Compartimentada Ultrasecreta/Sensible, el nivel más alto, uno llega a ver la información de mayor nivel", señala el "exzar de la ética" de la Casa Blanca Norman Eisen. "El riesgo [...] es que alguien acumule un alto nivel de exposición a información clasificada al más alto nivel y que luego su autorización sea reducida o cancelada. Uno no puede hacer que la gente se olvide de todo lo que ya se enteró."

No es común, y es potencialmente peligroso, que las autorizaciones interinas se extiendan durante meses.

Trump usa un teléfono no seguro para las comunicaciones, afirmando que es demasiado "inconveniente" cumplir las reglas. Recibe importantes informes de seguridad afuera de las instalaciones seguras. En el mejor de los casos, no toma muy seriamente la seguridad; en el peor de los casos, parece no importarle.

No ayuda que se haya pasado casi dos años debilitando a los mismos especialistas de seguridad, de la CIA y del FBI, que diseñan estos protocolos. Si todo es un complot del "estado profundo", como sugirió el presidente, entonces los peligros presentados por nuestros enemigos reales, esas naciones que quisieran averiguar nuestros secretos, probablemente quedarán minimizados.

En este vacío de cultura de la seguridad, no sorprende que una exparticipante en "Apprentice" Omarosa Manigault Newman se haya sentido habilitada y motivada para grabar en el Salón de Estrategia, una acción que en otro gobierno debería ser tratada como un incumplimiento impactante. En este gobierno, es sálvese quien pueda y no se preocupen por el iPhone.

Un presidente ejecutivo que impone reglas cibernéticas o un entrenamiento contra un atacante activo, es decir, el presidente ejecutivo que se involucra en el diseño y la ejecución de la seguridad, verá que sus empleados también se comprometen"

Juliette Kayyem