(CNN) – Cuatro días después de que los talibanes lanzaran su desafío más serio a la autoridad del Gobierno de Afganistán en tres años, duros enfrentamientos se libraban en las calles de Gazni, una ciudad en el este del país. Las Naciones Unidas pidieron urgentemente asistencia humanitaria para los aproximadamente 250.000 civiles que están en la zona.

No se trata de la paz… Aunque esta idea ocupara a Afganistán hace unas pocas semanas.

Un breve cese del fuego por la Fiesta del Ayuno les dio a los afganos un vistazo de la vida calmada, tras 17 años de la guerra estadounidense aquí… Y, posiblemente, después de casi cuatro décadas de conflicto en general, dependiendo de quién esté contando.

Estados Unidos insinuó que había buscado conversaciones de paz directas con los talibanes en Doha, eliminando una larga insistencia de que cualquier diálogo debía ser entre afganos. Las cosas están cambiando diplomáticamente, pero no en el terreno donde se libran las hostilidades.

De hecho, Gazni es “un campo de batalla desde la mañana del viernes pasado con luchas y enfrentamientos, que según se ha reportado, todavía continúan”, señaló el doctor Rik Peeperkorn, coordinador en funciones de la ONU para Afganistán.

El presidente del país, Ashraf Ghani, publicó en su cuenta de Twitter que “más refuerzos deberían ser despachados a la provincia con carácter urgente”. El mandatario citó ganancias operacionales, pero es claro que Gazni permanece en una agitación extrema y que las certezas previas del Ejército afgano frente a que el asalto talibán fue rechazado estaban en el lado falaz del optimismo.

Wais Barmak, ministro del Interior de Afganistán, aseveró en una conferencia de prensa este lunes que las afirmaciones de los talibanes –acerca de que tomaron el control de la Policía y las prisiones de Gazni– son falsas. También insistió en que las fuerzas del país rechazaron todos los ataques de los talibanes y que la ciudad estaba bajo el control del Gobierno.

Sin embargo, CNN habló con Ahmad Reshad Mongory, un activista afgano con familiares atrapados en Gazni, quien afirma que los combatientes talibanes están deambulando libremente por las calles. Y agregó que la situación es tan tensa que una gran parte de la ciudad está bajo control insurgente y nadie se atreve a reclamar las decenas de cadáveres que yacen en la calle.

La lucha hace que sea casi imposible obtener una visión transparente y completa de la situación.

El teniente coronel Martin O'Donnell, vocero del Ejército de EE.UU. en Gazni, sostuvo que la ciudad permanece bajo el control del Gobierno de Afganistán y que los insurgentes no “representan una amenaza para su colapso, como algunos han afirmado”.

Aunque también dijo que estaban ocurriendo enfrentamientos “esporádicos” en la ciudad, debido a que las fuerzas afganas tomaban su tiempo para expulsar a los combatientes talibanes con el objetivo de proteger la población civil entre la que se escondían.

Añadió que personal estadounidense se encontraba en terreno bajo una función de asesoría y que el poder aéreo de EE.UU. había matado a 140 talibanes desde el pasado 10 de agosto, con dos ataques aéreos en la mañana de este lunes. Además, negó los informes acerca de que la carretera principal que sale de Gazni, la carretera 1, estuviera bloqueada por la insurgencia.

Hay tres razones por las que este ataque en Gazni es importante, independientemente de si los talibanes logran mantener o no el control frente al poder aéreo de EE.UU., que normalmente suele desalojarlos de la mayoría de lugares cuando entra completamente en acción.

Primero se trata de una ciudad. Y el foco de la estrategia estadounidense en este momento –y a futuro– es asegurarse de que el Gobierno controle las ciudades.

Pero, lo que tenemos es una insurgencia que parece haber tomado control de gran parte de un centro vital por horas, y después mantuvo una presión implacable sobre las fuerzas de seguridad internas… O, dependiendo del informe que elijas creer, deambuló libremente por la ciudad durante días.

Si la administración de Afganistán y EE.UU. se están concentrando en las áreas urbanas y estas zonas pueden caer –así sea parcialmente– en manos de talibanes, eso muestra una debilidad extraordinaria y además provocará que la confianza en las fuerzas de seguridad y en el Gobierno disminuyan a futuro.

Segundo, esto elimina cualquier duda de que los talibanes se están acercando a las futuras conversaciones de paz desde una posición de fuerza. Durante mucho, el argumento de los Gobiernos de EE.UU. y de Afganistán ha sido que su superioridad militar significa que finalmente los talibanes se cansarán y dialogarán.

Pero lo que vemos –incluso por cifras de EE.UU.– es que se están aferrando al territorio en un momento en que el plan de seguridad a cinco años del Gobierno afgano sugería que los talibanes deberían estar perdiendo… y rápido.

El Gobierno del país ha dicho que quiere controlar el territorio en el que vive el 80% de la población para finales de 2019. Actualmente controla el 65%, frente al 64% del año pasado.

En tercer lugar, la forma en que se ha conocido la información sobre esta ofensiva no inspira confianza acerca de que el Gobierno afgano y el Ejército estadounidense se estén imponiendo.

Hubo rápidas declaraciones de que los talibanes habían sido expulsados ​​a las afueras poco después del viernes. Pero llegado el lunes, un activista local reportó cuerpos que yacen en las calles, con los talibanes deambulando libremente, y un miembro local del Parlamento reportó fuertes enfrentamientos.

O'Donnell, el portavoz del ejército de EE.UU., insistió al respecto: “Tácticamente, desde el punto de vista operativo y estratégico, los talibanes no lograron nada con este ataque fallido, salvo otro titular llamativo pero sin consecuencias”. Aún así, los titulares persisten y resulta curioso que una declaración militar estadounidense se concentre en ese titular.

Gazni está sumida en la agitación, decenas de personas están muertas y la guerra más larga de Estados Unidos no se acerca a su final.

Ehsan Popalzai contribuyó a este informe.