CNNEarrow-downclosecomment-02commentglobeplaylistsearchsocial-facebooksocial-googleplussocial-instagramsocial-linkedinsocial-mailsocial-moresocial-twittersocial-whatsapp-01social-whatsapptimestamptype-audiotype-gallery
Literatura

Jorge Franco: “La muerte de Pablo Escobar nos demostró que el enemigo era derrotable”

Por Melissa Velásquez Loaiza

(CNN Español) — El escritor colombiano Jorge Franco (1964) presentó su más reciente novela, El Cielo a Tiros (Alfaguara, 2018), una historia que relata la otra cara de las víctimas del narcotráfico: los hijos de los mafiosos. En diálogo con CNN en Español, Franco habló de su regreso a Medellín en la literatura, del fantasma del narcotráfico y de Pablo Escobar en esta ciudad, además del fin de una trilogía no planeada que cierra con esta nueva novela.

Cuatro años después de su último libro, El mundo de afuera (Alfaguara, 2014), el escritor colombiano Jorge Franco vuelve a las calles de Medellín a través de su literatura para explorar un lado desconocido de una de las épocas más violentas de la historia reciente de Colombia.

Jorge Franco en su estudio en Bogotá hablando sobre su más reciente libro El cielo a tiros, el 25 de septiembre de 2018. (Crédito: Melissa Velásquez / CNNEE)

En El cielo a tiros, Franco explora la ciudad después de la oscuridad de los años del narcotráfico a finales de la década de los 80 y principios de los 90, una época que dejó a esta ciudad sumida en una fiesta de violencia, con una resaca que le sigue pesando, dice él; un tema que ha sido la inspiración de su obra desde hace años.

“Este es un regreso a Medellín con el tema narco porque siento que es un tema que todavía no se ha superado en nuestra sociedad y en nuestra cultura”, dice Franco.

Franco, ganador del Premio Alfaguara de Novela 2014, habla nuevamente del narcotráfico, pues dice que a pesar de los grandes esfuerzos y las “tareas importantes” que se han hecho para recuperar esa imagen tan deteriorada que tenía la ciudad por cuenta de la guerra, el tema “aún está vigente” en Medellín.

“El narcotráfico es un fenómeno que no se ha extinguido, que probablemente no se vaya a extinguir en muchísimo tiempo, que por el contrario ha crecido en Colombia (los cultivos y los sembrados de droga)”, dice Franco. “Pero lo más importante es que yo creo que todo país, toda cultura, tiene derecho a contarse a sí misma”.

Contarse para no cometer los errores del pasado, como dice él está sucediendo; contarse para hacer memoria, pues “no es el arte el que está divulgando la mala imagen que podamos tener en el exterior”, sino es “nuestro propio comportamiento en la realidad el que genera esa imagen hacia afuera”.

Medellín y Pablo Escobar

Franco vuelve a caminar las calles de su natal Medellín, una ciudad que es la musa de su inspiración y que está presente a lo largo de su obra. Tanto así, que apenas abre la posibilidad de escribir algo que esté por fuera de esa ciudad, solamente “como un ejercicio literario”, y reconoce que tiene como reto escribir una historia en la que la ciudad no sea tan determinante.

“Medellín es una ciudad que yo la quiero bastante, es una ciudad que como muchos de los que nacimos allí nos genera unas relaciones de amor y de odio, porque pues nos ha dado mucho, pero al mismo tiempo también nos ha quitado”, agrega.

La ciudad es tan importante que influencia a sus personajes y las historias mismas, dice él: “Casi que son historias que es difícil que sucedan en otro lugar, (pues) ejerce una fuerza sobre los personajes, es influenciadora en su conducta”.

Con El cielo a tiros, Franco terminó una trilogía “no planeada y no cronológica” de la violencia de su ciudad, dice. Su primera entrega fue Rosario Tijeras (1999), una novela que narra la vida de una mujer sicaria (asesina a sueldo) durante la época más dura de la violencia narco en el país.

“Ese momento más demencial de nuestra historia con el narcotráfico lo narré en Rosario Tijeras, que yo digo que es como una fiesta loca, una fiesta muy colombiana, donde haya muertos, excesos, droga, sexo”, dice Franco.

A Rosario Tijeras (que fue adaptada exitosamente tanto a cine como a la televisión) le sigue El mundo de afuera, donde el escritor vuelve a los años de su infancia, en los que Medellín aún era pacífica, pero un secuestro, que narra en el libro, se convirtió en el campanazo de que “algo grande y algo peligroso y algo violento se venía”.

Y pasó: una época de zozobra y frustración por ver cómo la ciudad se iba deteriorando ocurrió con la entrada en escena de Pablo Escobar, el narcotraficante más sanguinario de la historia de Colombia. Y su muerte fue un hecho definitivo en la historia reciente de Colombia, que es lo que cuenta en su más reciente libro.

“Yo siento que esa muerte de Pablo Escobar fue significativa porque nos mostró en primer lugar que el enemigo era derrotable, algo que en ese momento lo veíamos casi imposible”, dice.

Y esa muerte es el punto de partida en El Cielo a tiros, una historia en la que el escritor cuenta la historia de Larry, el hijo de un narcotraficante que carga con la cruz de ser quien no eligió ser, y que le tocó toda su vida cargar con el señalamiento de ser el hijo de un mafioso.

“Dentro de toda esa mitología de lo narco pues hay unos personajes que están en ese bando, en el bando de los narcos, pero que de alguna manera son víctimas, son inocentes. Ellos no escogieron estar ahí”, explica Franco. “Muchos, la gran mayoría no quisieron continuar la carrera delictivas de sus padres, y más bien lo que trataron fue de tomar distancia e intentar construir una vida nueva a pesar de tener que cargar con sus historias”.

Y aunque escribe sobre estas víctimas del narcotráfico (que son historias no tan exploradas en la literatura y en la historia del país, dice él), el escritor hace énfasis en que no se puede comparar las víctimas inocentes de la guerra, con las familias de los mafiosos.

“Por eso insisto mucho como que sí hay que jerarquizar un poco las víctimas. Yo creo que el dolor más grande y la pérdida más grande siempre está en quienes perdieron a seres queridos de una manera incluso inocente, porque hay otros que los perdieron porque sus padres, y sus familias estaban involucrados, y también son víctimas, pero hay que entender que hubo mucha gente que estuvo en el lugar donde no debía estar, en el momento en que explotó un carrobomba, en el momento en el que un artefacto explotó en un centro comercial y se perdieron vidas”, dice Franco. “No se puede igualar”.

En esta novela, Franco sigue presentando en su universo literario historias con personajes contados desde las zonas grises (que no los hace ni buenos, ni malos), que están en la frontera entre la legalidad y la ilegalidad y que hacen esfuerzos por traspasarla, dice él, ya sea para un lado o para el otro; estos personajes tienen cargas existenciales tan poderosas, que atraviesan la historia llenos de desencanto, como el caso de Larry, algo con lo que Franco se siente identificado.

Yo creo que comparto con él (con Larry) como un desencanto por la realidad”, dice Franco. “Es curioso porque yo sí estoy convencido de que… hoy en día estamos mejor que antes. Yo no pienso que todo tiempo pasado fue mejor. Pero dentro de ese hoy siento que pudiéramos estar mucho mejor”.

Franco espera que sus lectores se metan en la historia y “se les olvide el tiempo, que incursionen en un viaje… a través de otros personajes, en otra época, una historia que a lo mejor puede ser muy lejana a la de ellos mismos, pero que también de cuándo en cuándo puedan encontrar algunos espejos en los que ellos puedan mirarse”.