(CNN) -  Después de que Jamal Khashoggi ingresó al consulado de Arabia Saudita en Estambul, Turquía, hace poco más de una semana y desapareció, los líderes y los medios de comunicación de todo el mundo exigieron que el reino explicara las denuncias turcas de que el periodista había sido asesinado por el gobierno saudí.

Estados Unidos inicialmente se mantuvo relativamente tranquilo, pero la presión por una respuesta más sólida aumenta a medida que los legisladores pidieron una investigación sobre el caso.

Una mezcla de la cosmovisión de Trump y sus ambiciones en Medio Oriente han hecho que la Casa Blanca haya sido reacia a criticar a Arabia Saudita o al príncipe heredero Mohammed bin Salman, el gobernante de facto de 33 años.

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Trump ha dejado en claro que su gobierno no hará de los derechos humanos en el extranjero una prioridad; él y especialmente su yerno y consejero senior Jared Kushner mantienen estrechos vínculos con el príncipe heredero; y Trump ha tenido lazos comerciales con Arabia Saudita, donde realizó su primer viaje al extranjero como presidente.

Más importante aún, Trump ha establecido un trío de objetivos en el Medio Oriente que dependen de los gobernantes de Arabia Saudita y de su dinero. El reino es fundamental para los objetivos de la administración Trump sobre la paz en Oriente Medio, su esfuerzo por combatir a ISIS en Siria y en otros lugares, y su prioridad de la política exterior para debilitar a Irán.

Esa combinación de factores explica las respuestas de bajo perfil de EE.UU. ante los movimientos agresivos de la política exterior saudí. También crea un dilema para la Casa Blanca, ya que los legisladores buscaron este miércoles generar una investigación de derechos humanos que podría llevar a sanciones.

Donald Trump, reunido con Mohammad bin Salman, príncipe saudí.

"Para esta administración, meterse en un tema como este es absolutamente el peor de los escenarios", dijo Gerald Feierstein, exembajador en Yemen que ahora dirige el Programa de Asuntos del Golfo en el Instituto del Medio Oriente. "Estoy seguro de que todos desean que todo se calme. Pero la reacción en Washington es tan fuerte que probablemente no puedan escapar de eso, por lo que verá declaraciones cada vez más fuertes del gobierno... Creo que ven que no tienen más remedio que responder a esto".

La desaparición de Khashoggi también plantea dudas sobre si la reciente política de Estados Unidos hacia los saudíes los ha envalentonado.

"Si los saudíes secuestraron o mataron a Jamal Khashoggi, eso está en ellos", dijo Aaron David Miller, director del Programa de Medio Oriente en el Centro Wilson. "No hay una causalidad directa, pero la pregunta sigue siendo, hasta qué punto la aceptación del gobierno de Trump a los saudíes envalentonó al liderazgo saudí para que piense que puede hacer lo que quiera, tanto para reprimir la disidencia en el país como para seguir políticas en el extranjero que, francamente, a mi entender... han estado socavando los intereses nacionales de Estados Unidos ", agregó.

El Departamento de Estado emitió inicialmente una breve declaración sobre el periodista saudí, diciendo que estaban "siguiendo de cerca la situación" y luego instó a los líderes saudíes a realizar una investigación "exhaustiva" y "transparente".

Casi una semana después de la desaparición de Khashoggi, Trump sopesó la situación en respuesta a una pregunta. "Estoy preocupado por eso, no me gusta escuchar eso", dijo. "Y solo espero que eso se arregle", indicó.

Este miércoles, Trump siguió con una expresión de preocupación más urgente. "Es una situación muy mala y vamos a llegar al fondo de ella", dijo.

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Los analistas que observan de cerca la relación entre Estados Unidos y Arabia Saudita son escépticos.

"Sería muy cínico decir que Donald Trump se va a preocupar por los derechos humanos de un periodista saudí", dijo Bruce Riedel, director del Proyecto de Inteligencia Brookings. "Él no va a tomar acciones", aseguró.

El gobierno de Trump confía en Arabia Saudita y sus aliados del Golfo en la lucha contra ISIS, y los está presionando para financiar esfuerzos de reconstrucción en Siria.

El esfuerzo de la Casa Blanca por forjar una paz en el Medio Oriente entre israelíes y palestinos, liderado en parte por Kushner, también depende de Arabia Saudita. En lo que la Casa Blanca ha llamado una estrategia de "afuera hacia adentro", la administración está mirando principalmente a los saudíes y sus aliados del Golfo para que tomen la iniciativa de convencer a los palestinos de cooperar, incentivar a los israelíes a través de la promesa de reconocimiento diplomático y financiar la reconstrucción. y desarrollo en las zonas palestinas.

Sobre todo, el gobierno ha estado buscando apoyo en Arabia Saudita en su prioridad principal de contener y confrontar a Irán. "Los sauditas son clave para eso", dijo Miller, del Wilson Center.

El senador Bob Corker, presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, reconoció los intereses en conflicto en sus comentarios a los periodistas este miércoles. "Puede afectar muchas cosas en las que estamos trabajando con ellos que son muy importantes", dijo Corker. "Pero no puedes andar matando periodistas", subrayó.