Nota del editor: Peter Bergen es analista de seguridad nacional de CNN, vicepresidente de New America Foundation y profesor de práctica de la Universidad Estatal de Arizona. Ha sido un visitado frecuentemente Arabia Saudita desde 2005. Los comentarios expresados en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) – La misteriosa desaparición del escritor saudita y colaborador del diario The Washington Post Jamal Khashoggi, después de que entrara al consulado de Arabia Saudita en Estambul la semana pasada, ha puesto el foco de atención sobre el régimen saudita, dominado por el príncipe heredero de 33 años, Mohammed Bin Salman (conocido comúnmente como MBS).

Lo que, a su vez, despierta preguntas sobre la naturaleza de las grandes esperanzas que el gobierno de Donald Trump ha puesto en el príncipe heredero.

Por cada movimiento positivo que ha hecho MBS –otorgar a las mujeres el derecho a conducir, permitir conciertos en su reino, tratar de abrir la economía dependiente del petróleo y reducir los poderes de la temida policía religiosa–  ha acumulado una larga lista de errores.

La intervención militar saudita en el vecino Yemen, que comenzó en 2015, no ha tenido éxito, por decirlo de una manera suave. Los rebeldes hutíes se han acercado cada vez más a Irán, Yemen se encuentra en medio de una crisis humanitaria y miles de civiles han muerto en el conflicto.

Después de más de un año, el bloqueo de Qatar por parte de varios estados árabes –en el que los sauditas son una pieza clave– sigue sin tener un final a la vista. En el derecho internacional un bloqueo equivale a un acto de guerra. Qatar está buscando un arbitraje en las Naciones Unidas, pero la resolución de este tipo de casos puede llevar años.

Para complicar las cosas, Turquía está alineada con Qatar contra los estados árabes involucrados en el bloqueo. Y, si los sauditas asesinaron a Khashoggi en territorio turco –como lo denunciaron funcionarios de Turquía anónimos a The Washington Post– las tensiones regionales aumentarán todavía más. Los funcionarios sauditas han negado esta acusación.

Pero esos no son los únicos países en la región que MBS tiene molestos. El príncipe forzó torpemente al primer ministro del Líbano, Saad Hariri, quien es un ciudadano libanés-saudita, a anunciar su renuncia cuando visitó Arabia Saudita en noviembre pasado. MBS creía que Hariri era demasiado deferente con Hezbollah, una fuerza política importante en el Líbano y un cliente de Irán. Finalmente, Hariri se arrepintió y regresó al territorio libanés. Toda la estrategia de MBS resultó contraproducente, pues tanto Hariri como Hezbollah salieron fortalecidos tras el extraño episodio.

Además, en noviembre, MBS ordenó la detención de cientos de empresarios y príncipes por acusaciones de corrupción. Encarcelados en las lujosas instalaciones del Ritz Carlton en Riad, fueron liberados gradualmente en lo que parecía más una extorsión que un proceso legal genuino, pues debieron pagar enormes sumas de dinero, según The New York Times. El gobierno saudita ha negado cualquier irregularidad.

MBS también arrestó a una gran cantidad de inofensivos activistas de la sociedad civil, algunos de los cuales enfrentan una posible pena de muerte. Van desde activistas chiítas que esperan mayores derechos para su minoría en el reino, como la mujer de 29 años Israa al-Ghomgham, hasta Salman al-Oudah, un prominente clérigo de 61 años que cuenta con más de 14 millones de seguidores en Twitter.

A pesar de otorgarles a las mujeres el derecho a conducir, en mayo de este año MBS arrestó precisamente a algunas de las mujeres clave que habían liderado el movimiento para permitir que las mujeres conduzcan. En ese momento, Khashoggi comentó: "Es una guerra contra el activismo. Él quiere que la gente dé un paso al costado y acepte lo que él les está dando y que él los guiará hacia el futuro".

¿Por qué MBS está haciendo todo esto? Porque está llevando a Arabia Saudita hacia una dictadura totalitaria en la que todos los aspectos de la sociedad están controlados por él y todas las formas de disidencia son reprimidas, un enfoque que se ve reforzado por la desaparición de Kashoggi. Es una vieja estrategia que se remonta a Luis XIV de Francia, quien se cree que dijo: "L'état, c'est moi", o sea "Yo soy el Estado".

Esto es de particular interés dada la calidez con que el gobierno de Trump se ha relacionado con MBS. El primer viaje que Trump hizo al exterior como presidente fue justamente Arabia Saudita. Por lo general, los mandatarios estadounidenses visitan en sus primeros viajes a aliados democráticos cercanos. Pero Trump considera que Arabia Saudita es el principal baluarte en Medio Oriente contra Irán, mientras que su yerno, Jared Kushner, espera que MBS desempeñe un papel clave en la solución de la disputa palestino-israelí.

Por eso, el gobierno de Trump ha hecho pocos esfuerzos para criticar al reino saudita, o por pronunciarse frente a las miles de víctimas civiles en Yemen o incluso por el encarcelamiento de empresarios, miembros de la realeza, clérigos y activistas de la sociedad civil en el país.

Este lunes, Trump dijo que estaba "preocupado" por la desaparición de Khashoggi. Mientras tanto, el embajador de Arabia Saudita en Estados Unidos, el príncipe Khalid bin Salman, quien es hermano de MBS, dijo que las acusaciones de que Khashoggi había sido asesinado en Estambul eran "absolutamente falsas y sin fundamento".

Si aparecen pruebas de que Khashoggi fue efectivamente asesinado en Estambul, Estados Unidos debería imponer sanciones al reino.

A principios de este año, como corresponde, el gobierno de Trump impuso sanciones a Rusia después de que la evidencia señalara que un exagente ruso y su hija que estaban en el Reino Unido fueron los blancos de un plan de asesinato ruso con una sustancia neurotóxico. ¿Por qué entonces los sauditas deberían ser tratados de manera diferente?

Si aparecen pruebas de que Khashoggi fue efectivamente asesinado en Estambul, Estados Unidos debería imponer sanciones al reino".

Peter Bergen