(CNN) – Durante el fin de semana, el presidente de Estados Unidos Donald Trump emitió una dura advertencia contra los intentos por alterar las elecciones intermedias de noviembre.

“Todos los niveles del gobierno y de las fuerzas de seguridad están vigilando el FRAUDE ELECTORAL, incluido durante la VOTACIÓN TEMPRANA”, publicó el mandatario en Twitter. “Haz trampa bajo tu propio riesgo. ¡Los infractores serán sometidos a las máximas sanciones, tanto civiles como penales!”, insistió Trump.

Suena como algo bastante serio, ¿verdad? Pero aquí está el asunto: simplemente no hay pruebas significativas de un fraude electoral intencionado ni de nada cercano a la escala de lo que el presidente y sus aliados afirman. Nunca han existido.

Y múltiples estudios han hecho evidente esta realidad.

En una de esas investigaciones, Justin Levitt, profesor de la Facultad Derecho en la Universidad de Loyola, hizo un seguimiento de las elecciones estadounidenses entre 2000 y 2014 para buscar registros de fraude electoral de votantes o, como él mismo lo describió, “una denuncia específica y creíble acerca de que alguien pudo haber fingido ser otra persona en las urnas”

¿Cuántos ejemplo encontró? Exactamente 31… entre más de 1.000 millones de casos. ¡Solo 31! (Es un número infinitamente pequeño). Ahora, eso no quiere decir que cada uno de esos 31 incidentes de intento de fraude electoral no deban investigarse. No queremos ninguna irregularidad en las elecciones. Pero, sí hay que reconocer que 31 casos en más de 1.000 millones no se acerca en lo absoluto a un fraude electoral generalizado.

El estudio de Levitt está lejos de ser el único que ha llegado a esa conclusión. Un informe de cinco años sobre fraude de votantes encargado por George W. Bush, republicano, tuvo los mismos hallazgos que Levitt. En ese momento, el diario The New York Times escribió: “El Departamento de Justicia no ha presentado prácticamente ninguna evidencia de algún esfuerzo organizado para desviar las elecciones federales”.

En las elecciones de 2016, cuando se registraron más de 135 millones de votos, hubo un total de cuatro casos documentados de fraude electoral, según Philip Bump del periódico The Washington Post.

Y hay muchos más informes que muestran lo mismo. Sí, hay momentos en que las personas intencionalmente se hacen pasar por alguien más en las urnas. Pero son pocas y están distantes. Sí, también hay ocasiones en que la misma persona vota, o intenta votar, dos veces. Pero eso es casi siempre involuntario.

No está claro si Trump a) sabe todo esto y decide no tenerlo en cuenta o b) no se encuentra al tanto de la cantidad de datos que sugieren la fraudulencia en las afirmaciones de este tipo.

Sea cualquiera de las dos opciones, él tiene un largo historial en impulsar la idea de que existe algún tipo de intento generalizado —por parte de los demócratas— para engañar al sistema a través del fraude de votantes. Tras su triunfo en 2016, Trump insistió en que perdió el voto popular ante su rival Hillary Clinton (por casi 3 millones de votos) a causa de supuesto votos ilegales. “Además de ganar el Colegio Electoral de manera aplastante, gané el voto popular si deducen a los millones de personas que votaron ilegalmente”, escribió el hoy presidente en Twitter a finales de noviembre de 2016.

Poco después de ser juramentado, Trump creó la Comisión Asesora Presidencial sobre Integridad Electoral, cuyo objetivo era detectar y erradicar estos intentos de un fraude electoral extenso. Menos de un año después de su formación, la comisión fue disuelta por Trump. Y culpó a los demócratas de esta decisión. "Muchos estados, en su mayoría demócratas, se negaron a entregar los datos de la elección de 2016 a la comisión”, tuiteó Trump en enero de 2018. “Ellos lucharon duro para que la Comisión no viera sus registros o métodos porque saben que muchas personas están votando ilegalmente. El sistema está amañado, debemos ir por la identificación del votante”, añadió.

Y ahora, a solo 15 días de las elecciones intermedias, Trump levanta nuevamente el espectro de un fraude generalizado de votantes, sin proporcionar una sola prueba de su existencia. Porque, por supuesto, esa evidencia simplemente no existe.