Los migrantes hondureños que participan en una caravana que se dirige a Estados Unidos se ubican en la carretera que une Ciudad Hidalgo y Tapachula, estado de Chiapas, en México. (Crédito: PEDRO PARDO / AFP / Getty Images)

Nota del Editor: Pedro Brieger es un periodista y sociólogo argentino, autor de más de siete libros y colaborador en publicaciones sobre temas internacionales. Actualmente se desempeña como director de NODAL, un portal dedicado exclusivamente a las noticias de América Latina y el Caribe. Colaboró con diferentes medios argentinos como Clarín, El Cronista, La Nación, Página/12, Perfil y para revistas como Noticias, Somos, Le Monde Diplomatique y Panorama. A lo largo de su trayectoria Brieger ganó importantes premios por su labor informativa en la radio y televisión de Argentina.

(CNN Español) - La llamada “caravana migrante” que partió de Honduras hacia Estados Unidos atravesando Guatemala y México pone nuevamente sobre el tapete una cuestión humana básica: la solidaridad.

Desde ya que para cualquier gobierno es difícil aceptar que miles de personas entren en su territorio, sea en Turquía, Alemania, EE.UU. o México, solo para mencionar algunos países que han recibido flujo de personas de otras nacionalidades. La política de puertas abiertas, por lo general, se suele implementar cuando se necesita mano de obra -especialmente la “barata”- como fue el caso de Alemania que recibió a miles de turcos en la década de los sesenta y setenta del siglo pasado. Claro que un país económicamente poderoso tiene muchas más posibilidades de recibir gente que un país con altos niveles de pobreza.

Sin embargo, lo que parece una obviedad en política no lo es. El presidente Donald Trump ha dicho que evalúa utilizar el aparato militar para cerrar su frontera e impedir que ingresen los de la caravana al territorio estadounidense. En plena campaña electoral para la renovación de todos los representantes y un tercio de los senadores, las posturas antimigratorias de Trump están dirigidas a su electorado, aunque llamó la atención que en un discurso de campaña en Texas se definiera a sí mismo como “nacionalista”, palabra que utilizó para diferenciarse claramente de los demócratas que serían -según el presidente- los que dejan entrar a extranjeros indocumentados y criminales.

Una visión diametralmente opuesta a la del presidente de EE.UU. respecto de la “caravana migrante” se pudo ver en Chiapas, donde Manuel Velasco —gobernador desde 2012— planteó la necesidad de ayudar a los migrantes que pasan por su territorio. Sus dichos están en sintonía con lo aprobado en 2014 por el Congreso de Chiapas de incrementar la ayuda a los migrantes “sea cual fuere su origen, nacionalidad, género, etnia o situación migratoria”.

La contraposición de actitudes es notable. El país más poderoso del planeta le cierra sus puertas a gente muy pobre mientras que Chiapas, con niveles de pobreza cercanos al 80% —según los últimos datos oficiales— decide ayudar a la gente necesitada que viene desde Honduras.

Cabe preguntarse cómo y porqué el mundo gira al revés….

El país más poderoso del planeta le cierra sus puertas a gente muy pobre mientras que Chiapas, con niveles de pobreza cercanos al 80% —según los últimos datos oficiales— decide ayudar a la gente necesitada que viene desde Honduras"

Pedro Brieger