Luis Alfredo Garavito. (Crédito: Captura de pantalla documental "En las manos de Dios" del periodista Guillermo Prieto la Rotta.

(CNN Español) – Luis Alfredo Garavito suena a miedo en Colombia. A terror. A homicidios y violación de niños. No en vano uno de sus alias es “La Bestia”. Se encargó de sembrar el horror en al menos 11 de los 32 departamentos del país, asesinando a 186 niños (incluyendo dos asesinatos en Ecuador) y violando a 200, según él mismo lo confesó en 1999, antes de ser condenado a 40 años de prisión por estos hechos. Ahora, su nombre regresa como una vieja pesadilla: tendría la posibilidad de salir de prisión por el tiempo al que fue condenado y las rebajas que ha tenido.

La Vicefiscalía de Colombia envió una solicitud de información al despacho de la Criminalidad Organizada de la Fiscalía preguntando si hay investigaciones pendientes en contra de Garavito. ¿La razón? Nancy Rocío Alemán, asesora de la Vicefiscalía, sostiene que este hombre se encuentra “ad portas de cumplir la condena que está descontando” en la cárcel de máxima seguridad de Valledupar, al norte de Colombia. Según consta en el documento, Garavito fue condenado por los delitos de acceso carnal violento, acto sexual violento y homicidio.

Considerado desde el momento de su captura en 1999 como el peor asesino en serie del mundo, Garavito ha enfrentado la posibilidad de la libertad condicional desde hace más de 10 años. En 2006, obtuvo una reducción a 24 años por informarles a las autoridades el paradero de los cuerpos de algunos niños. Ese mismo año, una entrevista del periodista colombiano Guillermo Prieto La Rotta a “La Bestia” indicó que el criminal podría recibir rebajas en su condena por horas de estudio acumuladas y buena conducta.

En 2011, la senadora Gilma Jiménez, hoy fallecida, explicó que cuando Garavito cometió los crímenes la pena máxima en Colombia, incluso para violadores, era de 40 años en total, independientemente de que por el número de delitos y víctimas su condena haya sido de 1.689 años. La senadora añadió que con una medida conocida como la “redosificación de la pena” y la confesión, Garavito consiguió la rebaja de 24 años y tiene derecho a reducción por estudio, pues anteriormente “asesinar o violar a un niño no era grave”, señaló Jiménez. (Las normas que entraron en vigencia después de la condena de Garavito, establecen que condenados por violación a menores no pueden aspirar a beneficios como disminución de la pena o prisión domiciliaria). Finalmente, Jiménez indicó que a eso hay que sumarle que si un condenado cumple tres quintas partes de su sentencia puede quedar en libertad condicional.

¿Qué necesitaría Garavito para salir de prisión?

La decisión de concederle la libertad condicional a Garavito depende del juez primero de ejecución de penas de Valledupar, donde se encuentra Garavito recluido actualmente. Sin embargo, el juzgado no hizo comentarios para CNN en Español. Por su parte, la magistrada Hilda Benavides, presidenta del Consejo Seccional de la Judicatura del Cesar, señaló que en este momento se está recopilando la información en diferentes despachos sobre posibles procesos pendientes para evaluar el caso, que deberán llegar al juez para una eventual decisión. Ninguno de los dos organismos confirmó si actualmente hay una solicitud de libertad condicional en curso.

Y esta solicitud –que pueden presentar Garavito o sus abogados– es vital para que de hecho el juez llegue si quiera a evaluar la posibilidad de concederla o no, según explicó a CNN en Español Juan Diego Melo, abogado penalista con magíster en derecho penal y ciencias penales. En caso de que exista tal solicitud, entonces el juez entraría a evaluar dos puntos: mirar si el condenado ha cumplido o no las tres quintas partes de la ejecución de la pena (24 años en el caso de Garavito) y analizar las condiciones de lo que él hizo mientras cumplía la condena, "como se comportó, si presentó manifestaciones de arrepentimiento, de resocialización", indicó Melo. Ahí es donde entrarían las rebajas por estudio o trabajo durante la pena impuesta, que –no debe perderse de vista, enfatizó el abogado– fue de 40 años.

Pero, Melo también advirtió que hay que considerar si Garavito todavía representa un riesgo para la sociedad y el Estado. "Y ese peligro que pueda representar le importa al Estado y en parte eso justifica la actitud de la Fiscalía de preguntar si hay otras investigaciones activas en contra de Garavito por hechos con connotación de delito sexual, de homicidios o secuestro de menores, para llegar a concluir que este personaje es un peligro para la sociedad y un riesgo latente", indicó.

En caso de que sí existan más investigaciones y sean casos diferentes a los ya condenados, entonces las autoridades tendrían primero que evaluar si las acciones no han prescrito –dado que ocurrieron en los 90– y si la Fiscalía cuenta con los elementos probatorios necesarios para investigarlo, llevarlo a juicio, comprobar su responsabilidad y finalmente conseguir otra condena.

Actualmente, Garavito permanece detenido, pero ¿quién es el hombre que ha protagonizado los expedientes más macabros?

De Luis Alfredo a “La Bestia”

Luis Alfredo Garavito nació en 1957 como el primogénito de una familia que crecería con otros seis hijos en Génova, departamento del Quindío en plena zona cafetera de Colombia. Su infancia, según lo que registró el escritor Harold Schechter en su libro The Serial Killer Files (Los archivos de asesinos en serie), estuvo marcada por el maltrato. Schechter explica que Garavito fue “sometido a golpizas brutales y constantes por su padre alcohólico” y “violado por dos vecinos adultos”. De ahí que haya crecido como una persona alcohólica y depresiva con tendencias suicidas.

A finales de los 80, empezó a cambiar de residencia, tras haber pasado por un centro de tratamiento psiquiátrico.

El engaño a sus víctimas

Desde la década de 1990, Garavito empezó a sembrar el terror en Colombia. Atraía a sus víctimas haciéndose pasar por vendedor ambulante, monje, indigente, persona en condición de discapacidad o incluso representante de fundaciones falsas para ancianos y niños, con el objetivo de tener acceso a las escuelas, según lo informó en 1999  el entonces fiscal general del país, Alfonso Gómez, meses después de capturar a este hombre. “Esto no tiene precedentes en Colombia”, sostuvo el funcionario.

Schechter apunta a que “La Bestia” primero se ganaba la confianza de los niños, entre los 8 y 16 años, con su empatía, charla y a menudo comprándoles alcohol o dándoles algo de dinero. Después empezaba a ejecutar su macabro plan, invitando a los menores a dar un paseo por zonas rurales. “Cuando los niños empezaban a cansarse, Garavito lanzaba el ataque. Los amarraba con nylon, los violaba, mutilaba y después les cortaba la garganta o los decapitaba”, escribió el autor.

Versión que ratificó el entonces fiscal Gómez en 1999, cuando habló del escabroso caso. “Los cuerpos fueron decapitados y mostraban señales de haber sido atados y mutilados”, sostuvo y agregó que Garavito antes bebía mucho y luego ataba a los niños. Los restos de sus víctimas se descubrieron en más de 60 lugares de Colombia. Y Garavito tenía un perfil claro: la mayoría eran hijos de vendedores ambulantes a los que sus padres descuidaron en algún momento en parques, semáforos o que pedían dinero en las calles. En pocas palabras, niños de bajos recursos, algunos de los cuales incluso vivían en la calle, según Schechter.

El crimen por el que lo atraparon

Durante mucho tiempo, las autoridades de Colombia creyeron que esta ola de desapariciones y asesinatos de niños, en cuyos casos también tenían señales de abuso, correspondían a algún ritual satánico. Hasta noviembre de 1997, cuando se descubrieron los restos de al menos dos docenas de niños en un barranco y en un lote cerca de Pereira, ciudad de la región central de cultivo de café. Ese hecho llevó a que las entidades investigadoras crearan un grupo de trabajo a nivel nacional que encontró similitudes entre los casos de todo el país.

Las autoridades dieron con su nombre y emitieron una orden de captura por el homicidio de un niño en la ciudad de Tunja, en el centro del país. Pero para ese momento, Garavito se movía frecuentemente de lugar y ya tenía un nuevo nombre: Bonifacio Morera Lizcano ¿Cómo lo encontraron entonces? Primero fue en la ciudad de Villavicencio, también en el centro del país. La Policía lo capturó en 1999 cuando intentó abusar de un menor. La Fiscalía ya venía cruzando información con sus diferentes departamentos para actualizar los registros y estar alerta de cualquier hecho similar al del hallazgo de Pereira. Fue por esta razón que cuando compararon el registro fotográfico de Garavito y Morera, se dieron cuenta que era la misma persona. Para ese momento, Garavito era un vagabundo con un largo historial de enfermedades mentales.