(Crédito: LEO RAMIREZ/AFP/Getty Images)

(CNN Español) - El opositor venezolano Teodoro Petkoff, director fundador del diario Tal Cual y antiguo líder guerrillero, falleció este miércoles en Caracas a los 86 años. Debido al deterioro de su salud, se había retirado de la vida pública y apenas salía a la calle.

En los últimos años vivió con la amargura de presentarse cada semana ante un tribunal, que le había impedido salir del país debido a dos demandas por difamación agravada y difamación agravada continuada que interpuso entre 2014 y 2015 el hoy presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, Diosdado Cabello, contra el diario que editaba. Solo una decisión de un tribunal, que a finales de 2017 lo declaró incapaz de afrontar un proceso penal, lo relevó de la obligación de asistir al despacho del juez.

Pero ni en esa disminuida circunstancia a Petkoff se lo vio doblegado. Era una demostración más de su insumiso carácter, un rasgo en el que coinciden admiradores y detractores, y de la coherencia de sus ideas. Justo en defensa de ellas decidió oponerse en la década de 1950 a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, como tantos otros miembros de la juventud del Partido Comunista de Venezuela, que entonces estaba proscrito y, hasta el final de sus días, a todo aquello que contradecía su vocación de librepensador.

Hijo de búlgaro y polaca, Petkoff había nacido en Maracaibo, estado Zulia, el 3 de enero de 1932. Cerca de allí, en los predios de un central azucarero donde trabajaba su padre, vivió sus primeros doce años hasta que se mudó a Caracas. En la capital de Venezuela se convirtió en uno de los políticos más legendarios del siglo XX. No lo encumbró tanto el tenor de los hechos que protagonizó, sino quizás la parábola de su vida. Un viaje que lo llevó de la lucha guerrillera y el extremismo hasta las posiciones más moderadas de centroizquierda. Petkoff creía en la iniciativa privada y en un Estado que interviniera para corregir las inequidades generadas por el mercado. Fue la primera de sus reinvenciones.

Derrocada la dictadura de Pérez Jiménez en 1958, Petkoff había decidido convertirse en comandante guerrillero para combatir a la clase política que llegó al poder en las elecciones de 1959. Como tantos otros, Petkoff había sido seducido por la victoria de Fidel Castro y su ejército de barbudos en Cuba y pensó que era posible repetirla en Venezuela. Cuando advirtió que no era posible tomar el poder por medio de las armas y que no compartía el dogmatismo de los regímenes comunistas decidió fundar un partido político, Movimiento al Socialismo (MAS), que se planteaba tomar el poder mediante elecciones.

Llegó a esa decisión después de un largo proceso de desencanto y de una sucesión de derrotas militares que, no obstante, consolidaron su leyenda de hombre de acción. Estuvo buena parte de la década de los sesenta en la cárcel, pero con las mismas se fugaba -una vez a través de un túnel, otra descolgándose por la ventana de una habitación del Hospital Militar de Caracas- y pasaba a la clandestinidad. Cuando en 1969 publicó “Checoslovaquia, el socialismo como problema”, una crítica a la invasión de la Unión Soviética a ese país y que también señalaba la falta de libertades de los regímenes comunistas, también se graduó como un intelectual de renombre. El libro tuvo tanta repercusión que Leonid Brezhnev, secretario del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, excomulgó a Petkoff.

Esa ruptura con las mentes más dogmáticas de la izquierda representó la consolidación de la veta más democrática de Petkoff. En los setenta y ochenta fue diputado al Congreso de la República, candidato presidencial y, ya en la década de los noventa, ministro de Planificación del gobierno de Rafael Caldera (1994-1999). No le tembló el pulso para respaldar una reforma económica de corte liberal. Sus antiguos camaradas no le perdonaron que se incluyera entre las medidas una nueva ley del trabajo, que eliminó la retroactividad de las prestaciones sociales de los trabajadores. En la narrativa del chavismo, Petkoff fue el tránsfuga que le quitó los beneficios laborales a los trabajadores. Esa “traición” fue enmendada en 2013 cuando el entonces presidente Hugo Chávez aprobó una modificación que obligaba a las empresas a retomar el viejo modelo para calcular los pasivos laborales.

Desencantado con el apoyo que su partido, el MAS, le dio a Chávez en las elecciones presidenciales de 1998, Petkoff abandonó la organización para volver a empezar. Fue director del vespertino El Mundo, primero, y, luego, fundó y dirigió el diario Tal Cual. Hasta que lo vencieron los achaques de la salud, Petkoff escribía un editorial, ampliamente comentado en los medios y las redes, en el que jamás le dio tregua al chavismo. Fustigaba a Chávez, pero también, cuando correspondía, señalaba los yerros de sus contrarios.

Esa labor de periodista le valió el premio María Moors Cabot en 2012, un reconocimiento que entrega la Universidad de Columbia y el premio Ortega y Gasset (2015), que concede El País de Madrid. Nunca pudo ir a recoger este galardón porque le prohibieron salir del país.

Su muerte deja a Venezuela no solo sin un referente intelectual. También con él se marcha una generación de políticos que entendían el valor de formarse para tomar el mando de un país.