(CNN) - Los demócratas han retomado la Cámara de Representantes de Estados Unidos, lo que representa un duro golpe para la agenda interna del presidente Donald Trump, pero si los políticos ansiosos en Beijing piensan que eso significará un alivio por parte de la Casa Blanca, deberán pensarlo de nuevo.

China es una de las pocas áreas de la política donde existe un consenso bipartidista. Los demócratas están de acuerdo en que Estados Unidos debería tomar medidas más duras contra el creciente poder en diversos frentes, desde el ejército hasta el comercio, la inteligencia y la diplomacia.

Desesperado por encontrar una solución a la guerra comercial que pesa sobre la economía de China, hay una opinión en China de que una Cámara liderada por demócratas podría significar una postura más suave contra Beijing.

Nick Marro, analista de la Unidad de Inteligencia de The Economist, dijo que esa opinión estaba equivocada porque los demócratas históricamente han sido más sindicalistas y menos a favor del libre comercio sin restricciones que sus oponentes.

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Incluso si la Cámara lo deseara, el poder de imponer aranceles a China está esencialmente en manos del Ejecutivo, el presidente Trump. Si necesita el apoyo del Congreso en el futuro, los demócratas han mostrado pocas señales de que se interpondrán en su camino.

Todas estas son malas noticias para Xi Jinping, presidente de China, cuyo gobierno ha estado luchando para apaciguar a una administración estadounidense cada vez más hostil, luego de que los intentos de adulación y actos de amistad al comienzo del mandato de Trump no dieron resultado.

La portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Hua Chunying, se negó a comentar directamente sobre el resultado de las elecciones el miércoles y dijo que, independientemente del resultado, China "no cambiará su reconocimiento de la importancia de las relaciones entre China y Estados Unidos".

China y Estados Unidos, alta tensión entre dos gigantes.

'Competitivo y confrontacional'

La guerra comercial entre Estados Unidos y China que Trump inició a mediados de año empeoró durante meses, y los aranceles ahora superan los 250.000 millones de dólares para los productos chinos.

Pero fue un discurso histórico pronunciado por Mike Pence, vicepresidente de EE.UU., a principios de octubre, el que marcó el inicio de una nueva política agresiva contra Beijing y desató las conversaciones sobre una nueva Guerra Fría.

"Beijing está empleando un enfoque de gobierno para promover su influencia y beneficiar sus intereses. Está empleando este poder de manera más proactiva y coercitiva para interferir en las políticas internas de este país", dijo Pence en Washington el 4 de octubre.

Agregando combustible al fuego, tanto Trump como Pence han acusado a China de intentar entrometerse en las elecciones del 6 de noviembre, citando pocas pruebas. Ello ha sido negado rotundamente por Beijing.

Los líderes estadounidenses señalaron la colocación de anuncios publicitarios de los medios estatales chinos en los periódicos estadounidenses como evidencia, pero los analistas dicen que la práctica es antigua y palidece en comparación con los esfuerzos anteriores de Rusia por la interferencia.

Las tensiones también han aumentado en el territorio disputado de Taiwán, que China considera una provincia disidente, y las islas más disputadas en el Mar de China Meridional, donde EE.UU. ha estado rechazando cada vez más a Beijing.

Relación tensa

Pero el miedo a una China más poderosa en Estados Unidos es real. Trump hizo de la competitividad con China una parte importante de su campaña electoral hace dos años, y ahora no se trata solo de comercio.

Además de aumentar las maniobras militares cerca de las puertas de China, Trump parece estar usando la ayuda para contrarrestar la influencia de China en el mundo.

Trump amenazó con recortar la ayuda externa antes de su elección, pero el mes pasado firmó en octubre la recientemente creada Corporación Financiera Internacional para el Desarrollo de Estados Unidos para los países en desarrollo, respaldada con 60.000 millones de dólares en préstamos y otra asistencia. Eso ocurrió apenas un mes después de que Xi anunciara su propio paquete de ayuda, inversión y préstamos en África, también por un valor de 60.000 millones de dólares.

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Sin embargo, hay algunas razones para el optimismo. La amistad de Trump y Xi de vez en cuando parece haberse calentado después de una llamada telefónica el miércoles pasado. Fue su primera conversación en meses y llegó apenas una semana antes de las elecciones intermedias, insinuando un deshielo en las relaciones.

Trump tuiteó sobre su "larga y muy buena conversación" con Xi, y calificó al presidente chino de "grande" en numerosas ocasiones en un discurso de campaña después de la llamada.

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Pero Beijing se ha familiarizado con la naturaleza voluble de Trump, y pronto empezaron a aparecer señales mixtas en los mensajes de la Casa Blanca.

Mientras Bloomberg News, citando fuentes, informó que Trump había ordenado a su Gabinete redactar un acuerdo comercial con Pekín, el principal asesor económico de la Casa Blanca, Larry Kudlow, dijo que los dos países "no estaban cerca de un acuerdo".